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Economía

¿Puede darse un caso como el de Milei en España?

Javier Milei y su forma de hacer política ha causado impresión en todas partes del mundo, ¿podría llegar este modelo a España?

Puede darse un caso Milei en España
Por Raül G. Peinado

La victoria de Javier Milei en Argentina sigue dando que hablar. Sus últimas medidas provocaron una huelga general, y su discurso en Davos sobre el Fondo Monetario Internacional (FMI) no ha dejado a nadie indiferente. Ahora, muchos líderes se preguntan si se puede replicar el ‘formato Milei’ en otros países de América, e incluso, si podríamos llegar a verlo en España.

La Argentina que ha heredado Milei

Argentina lleva muchos años con el sambenito de ser un país donde invertir es una tarea peligrosa. Una deuda que no para de crecer, una población cada día más pobre y una inflación galopante que golpea a las clases más humildes.

Aunque, a decir verdad, esto no fue siempre así. A comienzos del siglo XX, Argentina estaba entre los países más ricos del mundo, según indica su propia renta per cápita. Durante las siguientes dos décadas, aún se mantuvo entre las diez primeras, pero poco a poco fue cayendo posiciones.

El famoso ‘crack’ del 29 afectó de forma fulminante a la economía agroexportadora e industrial del país. Los años treinta fueron conocidos allí como la década infame, pues estuvieron sujetos a varios cambios de gobierno provocados por diversos golpes de Estado.

La deuda externa es un problema que viene de lejos. Podemos citar el inicio de las turbulencias rioplatenses en 1955, tras el derrocamiento del entonces presidente Juan Domingo Perón. El nuevo equipo de gobierno -un régimen militar- adquirió un crédito de 700 millones de euros para restablecer el comercio.

Juan Ramón Rallo: "Hasta que no vuelva a haber una crisis del calibre de la de 2009 en España, no creo que haya oportunidad para discursos como el de Milei"

La incapacidad del gobierno para devolver el crédito hizo incluso que surgiera lo que se conoció como el Club de París, un foro internacional para ayudar a los países pendientes de impago. Ese mismo año, en 1956, el país ingresó en el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Los militares regresaron en 1976, de la mano de Jorge Videla, que volvió a disparar la deuda. La democracia no volvería a hacer aparición hasta 1983, pero los problemas comenzaron a multiplicarse. Un año antes, la derrota en la Guerra de las Malvinas había sido un golpe decisivo a la confianza de los mercados. La deuda externa del país se disparó desde los 7.700 millones -que ya era un cifra importante- hasta los 45.000 millones en apenas siete años.

Hubo un intento de volver a la senda del liberalismo bajo el mandato de algunos presidentes como Carlos Saúl Menem, que logró reducir en gran medida la inflación. Sin embargo, el aumento de la criminalidad y las altas tasas de paro no permitieron que la gestión terminara con un saldo positivo.

El nuevo milenio solo trajo devastación de la mano de Fernando de la Rúa y Domingo Cavallo, estallando en 2001 la crisis conocida como corralito, un nuevo default (suspensión de pagos) que aplastó a las clases medias y terminó por sacar al pueblo a la calle.

Durante estos años del siglo XXI, Argentina no solo no ha cambiado sus políticas, sino que se ha caracterizado por todo lo contrario: un aumento sustancial del Estado, una mayor presión sobre empresas y ciudadanos y un cerrojo absoluto a la liberalización.

Con la llegada del kirchnerismo al poder, se ha intentado reducir la deuda pública del país, que ha llegado a alcanzar el 109% del PIB, aunque ahora se sitúa en un 85% del PIB. La deuda externa, sin embargo, asciende a 44.500 millones de dólares, que aún faltan por pagar al Fondo Monetario Internacional (FMI).

Así, Javier Milei se ha puesto a los mandos de Argentina en un momento muy delicado. El liberalismo está totalmente demonizado por grandes sectores de la población, además de sindicatos y otras asociaciones de la oposición. La deuda sigue siendo gigantesca. La inflación se come los recursos de los trabajadores, alcanzando ya un 254,6% anual, tras cerrar el año en un 211%. Solo en enero de 2024, los precios aumentaron un 20,6%.

La opinión de Milei es la de aplicar una terapia de choque a la economía nacional, subiendo aún más la inflación de forma momentánea para luego reducirla. El propio presidente de Argentina ya advirtió en su discurso inaugural de diciembre que corregir los graves problemas de la economía argentina iba a requerir de “supremos esfuerzos y dolorosos sacrificios” por parte de la población.

La situación política y económica de España

En un intento por descubrir si el éxito de Javier Milei podría replicarse en España, los economistas liberales se han puesto a comparar las diferencias entre la gestión de la política y la economía que se vive a este lado del Atlántico Norte con la del otro lado del Atlántico Sur.

Juan Ramón Rallo, doctor en economía y profesor en la Universidad Francisco Marroquín, en la IE University y en la IE Business School, opina que “en España esas ideas podrían haber prendido en 2013 o 2014 con Podemos, aunque en el otro extremo. Hasta que no vuelva a haber una crisis de ese calibre en España, no habrá una ventana de oportunidad para discursos como el de Milei”.

Y es cierto. La realidad española es frontalmente distinta a la de Argentina, al menos de momento. Los argentinos llevan inmersos en una crisis económica y social varias décadas, con un sistema económico poco fiable y que, como ya hemos dicho, es demonizado por las propias instituciones del Estado. O al menos, así era hasta ahora.

Por otro lado, España lleva más de una década poniendo en entredicho el liberalismo de los años anteriores. Si bien no se llega a los extremos de Argentina, la crisis de 2008 hizo que llegara al poder Mariano Rajoy en 2011 con un discurso teóricamente liberal. Su Gobierno trató de encauzar la economía nacional en sus primeros años de legislatura con un programa de moderados recortes de gasto público y de fuertes subidas de impuestos.

La situación económica y el estallido de casos graves de corrupción en los dos grandes partidos provocó entonces la aparición de opciones políticas como Podemos, que prometían acabar con esta ‘casta’ de políticos de la vieja escuela que miraban exclusivamente por sus bolsillos, dejando de lado los intereses de los ciudadanos.

“El camino que se ha abierto en Argentina se da por unas condiciones excepcionales. Milei no habría ganado las elecciones si Argentina hubiese tenido una situación económica más o menos estabilizada. Es cuando las cosas van mal cuando la gente se da cuenta de que hay otra salida”, dice Rallo.

Puede darse un caso Milei en España

¿Tenía España esas condiciones excepcionales en 2014, en pleno auge de Podemos? Sí, pero de una manera opuesta: la crisis se achacaba a los grandes bancos, a las empresas y a los políticos, precisamente por ‘demasiada’ liberalización.

Por lo tanto, es normal que un partido como Podemos, contrario totalmente a las ideas de Milei, pudiera llegar a entrar en el Congreso con un creciente apoyo popular.

La continua presión de la oposición contra las políticas liberales de Rajoy culminó en la moción de censura de 2018, ante un gobierno incapaz de satisfacer las peticiones de antiguos socios regionalistas demasiado preocupados por sus propias necesidades.

Así, la llegada al poder de Pedro Sánchez ha eliminado cualquier atisbo de liberalización posible en nuestro país. El surgimiento de partidos como Vox (2013) solo parece responder a los anhelos políticos de una nación dividida y preocupada por la secesión de algunas de sus regiones, pero no a la necesidad de un cambio económico de corte liberal.

La llegada al poder de Pedro Sánchez ha eliminado cualquier atisbo de liberalización posible en nuestro país

Albert Rivera fue el único que tuvo la oportunidad de alcanzar esa ‘revolución’ mediante Ciudadanos, cuando en las elecciones generales de 2019 obtuvo 57 diputados -25 más que en las anteriores-, convirtiéndose en la tercera fuerza política y dejando por los suelos a un PP (66 escaños) que había perdido 71 escaños.

Por desgracia, la negativa de Rivera a llegar a acuerdos con el PSOE, que logró 123 diputados, condenó al partido naranja cuando las elecciones se repitieron, en noviembre de 2019. Con apenas 10 escaños, Ciudadanos desapareció de la política nacional, volviendo España al clásico tándem PP-PSOE que, esta vez, quedó bajo control del socialismo y sus socios soberanistas.

Desde entonces, cualquier atisbo de liberalización ha desaparecido, al tiempo que, igual que lleva décadas sucediendo en Argentina, los procesos liberales están siendo vilipendiados por la opinión pública, la prensa y el Gobierno.

Sobre esta cuestión, Rallo cree que “el triunfo de las ideas liberales no llegará cuando un partido libertario llegue al poder, sino cuando el discurso liberal se vuelva transversal entre todos los partidos políticos".

Estableciendo paralelismos y buscando movimientos similares a las políticas kirchneristas, el Gobierno de Sánchez presume, por ejemplo, de haber reducido el peso de la deuda pública del país sobre el PIB (aunque sigue por encima del 100%), pero la realidad es que el volumen de endeudamiento no ha dejado de crecer y ya roza los 1,6 billones de euros.

La economía española adolece de serios problemas estructurales que están muy cerca de quebrar el propio sistema. El hecho de que más de medio millón de personas abandone el país cada año (la mayoría, jóvenes) es síntoma de las dificultades que atraviesa el propio sistema económico.

La OCDE destaca el crecimiento del gasto relacionado con el envejecimiento -es decir, pensiones- en España, que estima que crezca en 2,7 puntos porcentuales del PIB potencial entre 2024 y 2040. “Un apoyo fiscal considerable ha ayudado a mitigar los efectos del shock inflacionario en las empresas y los hogares, pero el apoyo debería finalizar según lo previsto”, apunta la organización.

España sigue apostando por la política y no por la economía, dando prioridad a una población envejecida que vota en masa para impedir que se reduzcan sus privilegios. Los precios de los alimentos se han disparado en los últimos dos años (12,5%), y, aunque el paro ha continuado bajando, el empleo sigue ‘dopado’ con contratos temporales y empleo público que no suponen un cambio de paradigma.

La productividad sigue estando muy por debajo de la media europea, al tiempo que la renta per cápita (2001-2023) apenas se incrementó un 5,7%, cifra insignificante, en especial si tenemos en cuenta que el país ha vivido ya varias crisis económicas, como la del 2008 -de la que nunca nos recuperamos del todo- o la derivada de la pandemia de la Covid-19. Este dato contrasta con la media de la eurozona, donde a pesar de las dificultades, el PIB per cápita se incrementó en estos veinte años hasta casi un 16%.

Hay más cosas en las que nos parecemos a Argentina. España sigue estando clasificada como ‘infierno fiscal’, una denominación que aparece en el informe del Instituto de Estudios Económicos y la Tax Foundation, que muestra que España es uno de los países con una fiscalidad más agresiva contra el sector productivo.

Los argentinos llevan en crisis económica y social varias décadas, mientras que España ha vivido una etapa de una mayor estabilidad institucional y financiera

España se sitúa en 2022 en la posición 34 del total de los 38 países analizados y es uno de los cinco países con peor competitividad fiscal de la OCDE. El esfuerzo fiscal -la presión fiscal normalizada en función de la renta- ya es un 53% mayor que el promedio de la Unión Europea.

De media, la recaudación sobre el PIB ronda el 39%, aunque esto no ha impedido a la Moncloa preguntarse si se podrían seguir subiendo los impuestos. "De la misma manera que hoy nadie cuestiona la libertad de expresión, la libertad de asociación y la libertad religiosa, hay que lograr lo mismo con las libertades económicas", opina Rallo. Pero de momento, los datos nos dicen que el pueblo español está mirando para el lado opuesto al de la escuela liberal.

¿Podría alguien como Milei llegar a ser presidente en España?

Las reformas de Milei han logrado un cierto efecto inmediato, aunque el mandatario sabe que aún está muy lejos de conseguir lo esperado. Son muchas décadas de remar en sentido contrario. La dolarización de la economía, de momento, es harina de otro costal. Aunque, como declaraba el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, durante sus exitosas reformas, “el dinero alcanza cuando nadie roba”.

Y por primera vez en muchos años, Argentina ha aplicado esa frase, logrando un superávit (518.408 millones de pesos) que no se veía desde hace más de una década, producto del pago de intereses de la deuda pública y de un superávit primario.

“Si el gobierno argentino tiene capacidad para devolver su deuda, podrá volver a emitir deuda en los mercados en condiciones de normalidad, además de refinanciar la deuda que ha emitido hasta el momento, en condiciones financieras ventajosas, reduciendo el pago de los intereses, que suponen un porcentaje muy elevado de todos los gastos del gobierno, casi la mitad del presupuesto del Gobierno Central”, cree Juan Ramón Rallo.

A pesar de todo, Rallo deja claro que “Javier Milei tendrá una enorme dificultad para aplicar una revolución libertaria en Argentina, a pesar de haber ganado las elecciones”.

Las razones son obvias. Aunque Milei ya ha aplicado seis decretos conocidos como DNU (Decreto de Necesidad y Urgencia), el hecho de pasar los filtros del Congreso, donde el partido de Javier Milei no tiene mayoría ni en la Cámara de Diputados (40 escaños) ni en el Senado (7), ya es suficiente reto para el nuevo presidente.

La huelga general del 24 de enero contra la Ley Ómnibus deja claro que no va a ser un camino de rosas. Solo una situación grave y periódica como la que atraviesa la economía argentina, que ha vivido su quinto default -en 2020 por la reestructuración de la deuda-, ha hecho que los trabajadores, desesperados, hayan elegido un cambio de paradigma votando a Milei.

Parece complicado que España se preste a tales cambios de rumbo. Ni la crisis económica de 2008, ni la crisis política de 2017, ni tan siquiera el recelo creado por los apoyos secesionistas necesarios para el Gobierno de Sánchez, incluyendo la amnistía y la condonación de parte de la deuda catalán, han provocado cambios masivos en la sociedad española.

España sigue teniendo un grave problema con un tejido industrial cada vez más débil, formado por un 94% de microempresas, y con unas pymes que soportan el 73% del empleo, frente al 66% de la media europea. Con una inflación alimentaria galopante y unos salarios que ya no llegan ni para pagar el alquiler en ciudades como Madrid o Barcelona, el pueblo aún permanece dormido. La maquinaria mediática ha hecho bien su trabajo. Veremos hasta cuándo.

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