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Empresas

La clave del éxito de Goldman Sachs

Por Pablo Poyo

Goldman es famosa no solo por su forma de hacer negocios, sino también por el círculo de personalidades de alto valor estratégico que es capaz de atraer para su beneficio

Que Goldman Sachs es uno de los grupos de banca de inversión y de valores más grande del mundo no debería sorprender a nadie. Fundada en 1869 por el empresario Marcus Goldman, pronto se convirtió en una de las compañías más potentes de la ya entonces pujante Bolsa de Nueva York.

La compañía se caracteriza por una administración que se divide en cuatro áreas de negocios: inversión bancaria, comercio, administración de activos y servicios de deuda.

Pero donde verdaderamente se observa el músculo de Goldman Sachs es en su capacidad de influencia en el gobierno estadounidense, en su presencia en entidades como la Unión Europea y en su forma de gestionar la información.

Las actividades de Goldman

La inversión bancaria es uno de los principales pilares del éxito de la compañía. Esta se divide a su vez en asesoría financiera (fusiones y adquisiciones, inversiones, actividades corporativas de la defensa, reestructuración y derivados) y suscripciones (ofertas públicas y colocación privada de acciones; todo lo relacionado con las acciones y los instrumentos de deuda).

Ellos mismos se jactan de supervisar más de 2 billones de dólares en activos con más de 4,000 profesionales, repartidos en 50 países, de los que, al menos una tercera parte, son profesionales de inversión y otra parte importante ingenieros y expertos en tecnología (datos de marzo de 2021). Y es que según la propia Goldman, «la gestión de riesgos es crucial en todas las decisiones de inversión y se ve reforzada por el uso de análisis y tecnología propietarios».

No es casualidad, pues la empresa posee sedes financieras distribuidas por los principales centros de negocios del planeta, entre los que destacan Nueva York, Los Ángeles, Chicago, Frankfurt, Zúrich, París, Madrid, Londres, Milán, Ciudad de México, Melbourne, Tokio, Moscú, Toronto o Singapur.

Su fama histórica viene dada por operaciones del calado de la OPV de Sears a comienzos del siglo XX, la más grande de la época. Una OPV (oferta pública de venta) es una una operación que se realiza a través del mercado bursátil mediante la cual un ofertante pone a la venta algún activo financiero de una empresa o una sociedad.

Durante los años ochenta fue el único gran banco de inversión con una política estricta en contra de ayudar iniciativas de Ofertas Públicas de Adquisición (OPA), lo cual le dio una inmensa reputación.

La inversión bancaria proporciona aproximadamente un 15% del total de los beneficios a Goldman Sachs, pero se ve opacada por la segunda gran rama de negocios, el comercio, y lo que ellos denominan «inversiones principales».

Está sección se subdivide en tres partes:

Renta fija, divisas y materias primas: comercio en tipos de interés y productos de crédito, seguros de hipotecas y préstamos, divisas y materias primas, productos estructurados y derivados.

Renta variable: comercio en acciones, productos relacionados con acciones, mercado de derivados, productos estructurados y ejecutar el comercio de clientes con acciones, opciones financieras y futuros en el mercado internacional.

Inversiones principales: inversión en el mercado bancario y de fondos.

Por lo menos un 65% de las rentas y comisiones de Goldman derivan de esta área y, a pesar de anteriores predicciones del banco que decían que esta área no crecería tan rápido como la división de inversión bancaria, lo cierto es que continúa siendo la principal.

Por último, pero no menos importante, Goldman también maneja de maravilla la gestión de activos, que se subdivide en dos ramas:

Gestión de activos: ofrece a grandes instituciones y personas adineradas servicios de asesoría financiera, planificación de servicios y la administración de fondos comunes, así como de las llamadas inversiones alternativas (fondos de inversión libre, fondos de propiedad real y fondos privados de acciones).

Los servicios de valores: esta división ofrece paquetes primarios de seguridad financiera, servicios financieros, seguridad de préstamos a fondos de inversión libre, fondos comunes, fondos de pensión, fundaciones e individuos de gran capital.

Para el año 2006, Goldman Sachs era la mayor empresa de los Estados Unidos en gestión de activos, administrando 29 500 millones de dólares de clientes (datos de 2006, CNN).

La influencia entre las altas esferas

Cuando Donald Trump fue elegido presidente de los Estados Unidos, allá por 2017, las acciones de Goldman Sachs subieron más de un 30%. Y en este mundillo nada es por casualidad.

Resulta que el nuevo presidente había elegido al entonces presidente-y valga la redundancia-de Goldman, Gary Cohn, para dirigir el Consejo Económico Nacional, el encargado de coordinar la política económica estadounidense.

«Como mi principal asesor económico, Cohn va a poner todo su talento como un exitoso hombre de negocios para trabajar por la gente de este país», aseguraba el nuevo inquilino de la Casa Blanca.

No fue el único. Trump también nombró a Steven Mnuchin secretario del Tesoro, tuvo como asesor a Steve Bannon, especialista en fusiones bancarias, y fichó a Anthony Scaramucci. Todos ellos eran antiguos miembros de Goldman Sachs.

Podría parecer que esta deriva pro Goldman era una simple estrategia de Donald Trump para afianzar los cimientos de su nuevo gobierno, pero la realidad es que otros mandatarios de la Casa Blanca ya habían recurrido a ex miembros de la compañía con anterioridad.

Encontramos ejemplos en los gobiernos de Bill Clinton y George W. Bush. Goldman Sachs también estuvo presente durante el mandato de Obama, como una de las entidades que más dinero donó para su campaña. Incluso durante las decisivas elecciones en las que Trump se impuso como nuevo inquilino del Despacho Oval, GS había financiado también a la otra candidata, Hillary Clinton, para que diera conferencias por las que recibía cuantiosas sumas de dinero.

La presencia de Goldman es una constante en aquellos ámbitos donde el poder ha de tomar decisiones, sea político o económico. En la UE también ocurre: Durao Barroso ha sido contratado por la firma, y Mario Monti y Romano Prodi son otros nombres con pasado en el banco de inversión y que han tomado o toman importantes decisiones políticas. GS es, además, una firma habitual en los pasillos de Bruselas.

Avaricia y gestión de la información

No todo el mundo puede ser un empleado modélico de Goldman. Si bien es habitual que en este tipo de compañías se prodiguen jóvenes con talento deseosos de hacerse un hueco en el mundo del dinero, aquí las cosas van un punto más allá.

Ya lo decía el antiguo CEO de la compañía, Lloyd C. Blankfein, cuando aseguraba que los trabajadores de GS «hacían el trabajo de Dios», en una clara alusión a la ambición y la perseverancia que hay que mantener si se quiere ganar en esta carrera de dólares.

Pero no es la falta de perseverancia la que acaba con los sueños de muchos empleados. La presión y la vigilancia por parte de sus homólogos, jefes y demás personal se mezclan en este cóctel de ambiciones donde cada trabajador debe demostrar que está dispuesto a dejarse la piel por hacerse rico, y sobre todo, por hacer más rica a su compañía.

Al menos el 10% de sus trabajadores abandona al cabo de un año, ante la imposibilidad de aguantar el ritmo de trabajo y el sacrificio necesarios para formar parte de esta gran familia. Por no hablar de la retirada de algunos de sus directivos, que han llegado a dejar sus puestos con apenas cuarenta años.

Esta situación se compensa con los grandes incentivos que ofrece la compañía y con el enorme caudal de nuevos trabajadores jóvenes que están deseosos de unirse al club.

Porque estar dentro del club puede suponer un antes y un después. Al disponer GS de asesores que conocen muy bien los engranajes del Estado -como pueden ser ex directivos de bancos centrales y ex comisarios europeos- son capaces de anticiparse a las decisiones que toman los poderes públicos a ambos lados del Atlántico. Y claro está, esto les permite situarse varios peldaños por encima de sus competidores.

Relaciones políticas satisfactorias, influencias en gobiernos de todo el mundo, inversiones en diferentes mercados e información minuto a minuto de la situación de cada país en la que la firma tiene activos de importancia. Un premio demasiado jugoso para los que logran hacerse un hueco en el complicado mundo de la inversión, pero que vistos los números, merece la pena.

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