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La guerra por contratar ingenieros: cuánto están dispuestas a pagar las empresas españolas para atraer talento

Sectores como la automoción, la industria, las telecomunicaciones o el desarrollo de software compiten por un perfil profesional cuya demanda crece a un ritmo superior al de la oferta disponible

Por Alberto Mesas

La escasez de ingenieros y profesionales altamente cualificados se ha convertido en uno de los principales desafíos para las empresas españolas. Sectores como la automoción, la energía, la industria, la construcción, las telecomunicaciones o el desarrollo de software compiten por un perfil profesional cuya demanda crece a un ritmo superior al de la oferta disponible.

El fenómeno no es exclusivo de España. La Comisión Europea lleva años advirtiendo de la falta de especialistas en disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), un problema que se ha intensificado con la digitalización de la economía, la transición energética y el desarrollo de tecnologías como la inteligencia artificial.

Las empresas no solo buscan ingenieros informáticos. También escasean perfiles como ingenieros industriales, eléctricos, electrónicos, mecánicos, de telecomunicaciones, caminos o especialistas en automatización y robótica. La transformación digital de prácticamente todos los sectores ha ampliado considerablemente el número de compañías que necesitan este tipo de profesionales.

Según el informe Talent Shortage de ManpowerGroup, la ingeniería y los perfiles técnicos figuran de manera recurrente entre los puestos más difíciles de cubrir en España. Paralelamente, Randstad Research identifica a los profesionales STEM entre los más demandados por el mercado laboral, especialmente en actividades relacionadas con la digitalización y la industria avanzada.

Esta situación está modificando las estrategias de contratación. Frente al modelo tradicional de publicar una oferta y esperar candidatos, muchas empresas recurren ahora a la búsqueda directa de profesionales, colaboran estrechamente con universidades o desarrollan programas propios de formación para captar talento antes incluso de que finalicen los estudios.

La competencia también se refleja en las condiciones laborales. Aunque los salarios varían significativamente según la experiencia, la especialidad, el sector y la ubicación geográfica, numerosas compañías complementan la retribución con beneficios como teletrabajo, horarios flexibles, formación continua, planes de carrera, seguros médicos, programas de bienestar o incentivos ligados al rendimiento.

Varios estudios elaborados por consultoras como Michael Page, Hays o Adecco muestran que las retribuciones dependen del grado de especialización, la responsabilidad del puesto y el tamaño de la empresa. Por ello, cualquier cifra aislada podría resultar engañosa sin el contexto adecuado.

Las grandes multinacionales parten con ventaja gracias a sus recursos económicos y a las oportunidades internacionales que ofrecen. Sin embargo, muchas pequeñas y medianas empresas están encontrando fórmulas alternativas para competir. Un ambiente de trabajo más cercano, mayor autonomía, proyectos innovadores o una rápida progresión profesional son algunos de los argumentos que utilizan para atraer candidatos.

La internacionalización añade un nuevo elemento de presión. Ingenieros españoles altamente cualificados continúan siendo demandados por empresas de otros países europeos, especialmente en Alemania, Países Bajos o los países nórdicos. Al mismo tiempo, España intenta atraer talento extranjero para cubrir parte de las necesidades de un mercado laboral cada vez más especializado.

El sistema educativo también afronta el reto de incrementar el número de graduados en carreras técnicas. Según Eurostat, aunque España ha aumentado el número de titulados universitarios, el peso de los estudios STEM continúa siendo inferior al registrado en algunos países europeos con una fuerte base industrial.

A medio plazo, la situación difícilmente cambiará. La transición hacia una economía más digital y sostenible exigirá más ingenieros para desarrollar infraestructuras energéticas, automatizar fábricas, diseñar sistemas de inteligencia artificial o impulsar nuevas soluciones tecnológicas. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) considera que las competencias técnicas avanzadas serán uno de los principales factores de competitividad de las economías desarrolladas durante las próximas décadas.

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