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Los 'family offices' españoles salen de compras: dónde están invirtiendo las grandes fortunas

A diferencia de los fondos de capital riesgo o de los grandes fondos internacionales, los family offices suelen invertir con un horizonte de largo plazo y no están sometidos a la presión de devolver capital a inversores externos

Por Alberto Mesas

Los family offices, las sociedades que gestionan el patrimonio de grandes familias empresarias y altos patrimonios, están ganando protagonismo como inversores en España. Generalmente centrados en preservar el capital mediante inversiones conservadoras, muchos de ellos han diversificado sus estrategias durante los últimos años hacia sectores como el inmobiliario, la energía, la salud, la tecnología o la hostelería, buscando mayores rentabilidades y un mayor control sobre sus inversiones.

A diferencia de los fondos de capital riesgo o de los grandes fondos internacionales, los family offices suelen invertir con un horizonte de largo plazo y no están sometidos a la presión de devolver capital a inversores externos. Esta característica les permite participar en proyectos con plazos de maduración más largos y mantener posiciones durante años o incluso décadas.

Según el último informe Global Family Office Report, elaborado por UBS, el apetito por los activos privados continúa creciendo entre estas entidades. El estudio señala que, a escala mundial, los family offices destinan una parte cada vez mayor de sus carteras a inversiones directas en empresas privadas, inmobiliario e infraestructuras, reduciendo progresivamente el peso de la renta fija y aumentando su exposición a activos alternativos.

España sigue esta misma tendencia. No hay un registro público que permita conocer con exactitud cuántos family offices operan en el país ni el volumen total de activos que gestionan, pero algunas firmas especializadas como KPMG, Deloitte o EY coinciden en que este tipo de vehículos ha aumentado tanto en número como en capacidad inversora durante la última década, impulsado por el crecimiento del patrimonio empresarial y por los procesos de sucesión generacional.

El sector inmobiliario continúa siendo uno de sus principales destinos. Hoteles, edificios de oficinas, plataformas logísticas, residencias de estudiantes o vivienda en alquiler concentran buena parte de las operaciones realizadas por grandes patrimonios familiares. La estabilidad de los ingresos y la posibilidad de revalorizar los activos a largo plazo explican buena parte de ese interés.

Salud, tecnología y digitalización, entre los destinos inversores favoritos

La transición energética también ha abierto nuevas oportunidades. Numerosos family offices participan en proyectos vinculados a parques solares, instalaciones eólicas, autoconsumo, almacenamiento energético o infraestructuras eléctricas. En muchos casos lo hacen mediante inversiones directas o acompañando a fondos especializados en operaciones de mayor tamaño.

La salud constituye otro de los sectores preferidos. Clínicas privadas, laboratorios, residencias para mayores o empresas de tecnología sanitaria han despertado el interés de estos inversores gracias al envejecimiento de la población y al crecimiento sostenido de la demanda de servicios sanitarios.

La tecnología tampoco queda al margen. Aunque el capital riesgo sigue siendo el principal financiador de startups, algunos family offices están incrementando su presencia en empresas tecnológicas, especialmente en fases de crecimiento más avanzadas. Su capacidad para aportar capital paciente resulta especialmente atractiva para compañías que prefieren evitar una rápida salida a bolsa o una venta prematura.

Entre los ejemplos más conocidos en España figuran vehículos vinculados a familias empresarias como los Del Pino (Ferrovial), los Entrecanales (Acciona), los Gallardo (Almirall), los Carulla (Agrolimen) o los Puig. Otro rasgo característico es el aumento de las inversiones directas. Según UBS, los family offices buscan cada vez con mayor frecuencia adquirir participaciones relevantes en empresas en lugar de limitarse a invertir a través de fondos. De este modo obtienen una mayor capacidad de decisión y reducen costes de intermediación.

El relevo generacional también está transformando el sector. Las nuevas generaciones muestran un mayor interés por inversiones vinculadas a la digitalización, la sostenibilidad o la innovación tecnológica. Asimismo, aumenta el peso de los criterios ambientales, sociales y de buen gobierno (ESG), aunque su aplicación varía considerablemente entre unas familias y otras.

Pese a su creciente influencia, el mercado español continúa siendo menos transparente que el de otros países, ya que no existe obligación de publicar información detallada sobre el patrimonio gestionado o las inversiones realizadas. Esa falta de datos impide conocer con precisión el tamaño del sector, una limitación reconocida por las principales consultoras especializadas. Lo que sí parece claro es que los family offices han dejado de ser meros gestores patrimoniales para convertirse en actores cada vez más relevantes dentro del tejido empresarial español.

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