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Opinión

Por Mauricio Fernández

Apoyar la industria de Defensa, ahora o nunca

“Si somos capaces de desarrollar alta tecnología alrededor de la industria de Defensa, seremos resistentes a las adversidades” 

La guerra de Ucrania ha cambiado de manera radical la percepción que hasta hace muy poco teníamos de la seguridad y de la defensa como país. Nos ha abierto los ojos casi de un día para otro a una nueva realidad con la que ya estamos conviviendo diariamente. La crisis económica derivada de la guerra es solo una consecuencia de un nuevo escenario que está aquí, desgraciadamente, para quedarse mucho tiempo, ahora que ya se ha sobrepasado el año del cruel conflicto desencadenado por Rusia. 

Nos hemos dado cuenta de que hay que estar preparados a todos los niveles si queremos preservar nuestro modelo de vida, nuestras libertades, nuestra sociedad y la forma en la que hemos vivido durante los últimos años. La amenaza ya no está en oscuros confines, en continentes alejados, la guerra se libra en el corazón de Europa, a menos de 4.000 kilómetros de nuestras casas. 

Pero de todas las crisis siempre se pueden generar enormes oportunidades. Y este cambio de sensibilidad hacia la industria de Defensa nos debe ayudar a cambiar nuestro modelo productivo e industrial. Por lo pronto, el presupuesto militar para 2023 asciende a 12.825 millones de euros, un 25,8 % más respecto al año anterior, el 1,2 % del Producto Interior Bruto (PIB). Y con el compromiso de situarlo en el 2 % del PIB en 2029, para llegar al 3 % como muchos de nuestros vecinos en un futuro no muy lejano. 

¿De qué estamos hablando cuando proponemos un nuevo posicionamiento de país? Para empezar, no estamos haciendo apología de las armas o de la militarización de España de arriba abajo, y unos pocos datos nos permiten ilustrar la aportación que una industria de Defensa fuerte puede suponer. 

En el año 2022, según datos de TEDAE (Asociación Española de Empresas Tecnológicas de Defensa, Seguridad, Aeronáutica y Espacio, que integra a más de 100 compañías con presencia en esos tres ámbitos de actividad), se facturaron más de 12.000 millones de euros, exportando el 60 % de sus productos y servicios y contribuyendo en un 2 % al PIB. Esta industria genera más de 200.000 empleos entre directos e inducidos, de los cuales casi 50.000 corresponderían a empleos de alta cualificación técnica, y dedica el 10 % de su facturación a la I+D+i. 

Es una industria que, en la mayoría de los casos, se convierte en dual por su beneficio para la propia sociedad civil. La participación en grandes programas internacionales ha supuesto, en numerosos casos, un salto de calidad inimaginable para numerosos ámbitos de actividad. Sin ir más lejos, nuestra participación en el programa del avión ‘Eurofighter’ nos puso en el mapa de la investigación de alta tecnología en temas de propulsión. Y así podríamos citar otros tantos. Por eso, creo que es el mejor momento posible para cambiar nuestro modelo industrial. 

Tenemos que ser capaces de ser menos dependientes de cualquier tipo de circunstancia o avatar que nos pueda suceder. Tenemos el claro ejemplo de la pandemia, que habríamos sorteado mucho mejor de haber tenido una industria de alta tecnología y menos dependencia del turismo, nuestra principal fuente de ingresos. Si somos capaces de desarrollar esa alta tecnología alrededor de la industria de Defensa, seremos residentes y resistentes a las adversidades. 

Ahora toca ponerse a trabajar con fuerza desde el Gobierno, las instituciones, las formaciones políticas y las propias compañías para conseguir que sintamos un orgullo de nuestra industria de Defensa, una industria que puede ser básica para impulsar esa otra gran industria tecnológica civil de carácter dual. Tenemos el ejemplo de otros países de nuestro entorno, como Francia, Alemania o Reino Unido, en los que invertir, investigar y desarrollar son algo más que un bonito slogan. 

Ya tenemos la voluntad del Gobierno, con el incremento de los presupuestos de defensa, ahora luchemos por un gran Pacto de Estado entre los grandes partidos políticos para lograr esa estabilidad presupuestaria que nos permita proyectar un futuro con garantías. 

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