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Opinión

Por Álvaro Goicoechea

Cuenta atrás para una justicia económica, social y medioambiental global 

«Estamos ante la tormenta perfecta: un consumidor cada vez más sostenible, unas empresas cada vez más responsables y un marco regulatorio medioambiental exigente”

El ser humano y sus relaciones comerciales han evolucionado con el tiempo. En sus orígenes, el comercio era un simple intercambio de bienes sin ningún tipo de recompensa a cambio. Con el tiempo adquirió su vertiente económica y la transferencia se negociaba a cambio de dinero. Ante un trato desigual entre las partes nació, entre los años 40-50 en Estados Unidos, el comercio justo, para luchar contra los bajos precios del mercado internacional, los altos márgenes y la dependencia frente a los intermediarios.  

Desde finales del siglo XX, nos enfrentamos a dos nuevos desafíos: la globalización y el desarrollo sostenible. Vivimos en un mundo de economía global donde, no solo las economías, sino también las personas y sus culturas nacionales, se han integrado a través de una red global de comercio, comunicación y transporte. Además, ya no era cuestión de producir, comprar y vender. Ahora, toda la cadena de aprovisionamiento debe facilitar procesos productivos que faciliten la protección de los recursos naturales y el desarrollo humano. 

Por ello, el modelo de trabajo del comercio justo se basa en organizaciones internacionales, independientes, que mediante sus sistemas de certificación aseguren de que toda la cadena de aprovisionamiento cumple con unos estrictos estándares económicos sociales y medioambientales. Hasta ahora se ha prestado mucha atención a los desafíos de la sostenibilidad ambiental como el cambio climático y la deforestación. El comercio justo amplía su misión también a la sostenibilidad social y económica que, en la mayoría de los casos, son causas fundamentales de muchos de los problemas de sostenibilidad ambiental. 

Estos cambios de tendencia también se notan a nivel consumidor. Estamos ante un nuevo tipo de consumidor más informado y exigente.  Tal y como lo describe la firma de servicios profesionales EY en su informeFuture Consumer Index´. Deconstruyendo al consumidor post-covid y su apuesta por el consumo sostenible’, los consumidores más informados están más implicados. La pandemia ha hecho reflexionar a los ciudadanos también en su dimensión de consumidores conscientes, que tienden a priorizar la salud, el bienestar y el medioambiente con decisiones de compra más sostenibles. 

Y, como buen consumidor, es una persona que consume, valora y recomienda. Según el último estudio internacional realizado por la consultora GlobeScan, un 66% está dispuesto a pagar un poco más por un producto para garantizar que los productores reciban un precio justo y el 90% de ellos declara que tiene un impacto positivo en las marcas que llevan certificaciones de comercio justo. Además, el 81% de los que consumen productos certificados de comercio justo los recomienda. Estas preferencias del consumidor se han visto reflejadas en las ventas de este tipo de productos en España. En el caso de nuestra certificación, alcanzó los 139 millones de euros en 2022, con un crecimiento en los últimos cinco años del 221%. 

Las empresas no son ajenas a estas nuevas tendencias de consumo sostenible. Tienen en cuenta la ética y la gobernanza, desarrollando políticas que miden el impacto de su trabajo e incluso modificando parte de su propósito. Todos tenemos presentes las siglas ESG (environmental, social and governance), que identifican a aquellas empresas que han adoptado medidas para promover un comportamiento responsable desde el punto de vista ambiental, social y de gobernanza. Pero, más allá del marco voluntarista de los criterios ESG, todos debemos tener presentes los cambios regulatorios que están promoviendo el liderazgo responsable mediante acciones sostenibles. 

Nuevas normas como la Debida Diligencia en Derechos Humanos, la Directiva Europea de Informes de Sostenibilidad Corporativa o la Ley europea sobre Deforestación, no solo van a pasar a ser parte de nuestro vocabulario diario, sino que van a obligar a las empresas en avanzar hacia la sostenibilidad y garantizar el desarrollo social y el cuidado del medio ambiente. 

Estamos ante la tormenta perfecta: un consumidor cada vez más sostenible, unas empresas cada vez más responsables y un marco regulatorio exigente. Y todo ello con un horizonte temporal cercano: en 2023 entre todos debemos cumplir con los compromisos para el avance de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Podemos decir que la cuenta atrás para una justicia económica, social y medioambiental global ha comenzado. 

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