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Energía: cómo evitar una ocasión perdida

José María Martínez-Val es catedrático de la ETSII-UPM y presidente de la sección de Ingeniería de la Real Academia de Doctores de España Cada ser humano es una máquina energética, que en reposo disipa algo más de 100 vatios (de energía térmica) de los cuales unos 30 se generan en el cerebro. 100 vatios son lo que consume una bombilla de incandescencia clásica, que ya deberían haber desaparecido de nuestro entorno, sustituidas por LED. Pero esa actualización se resiste, en gran parte por desconocimiento del público en general, y en otra gran parte por desconocimiento de los responsables políticos, decididos a esperar a que la curva de aprendizaje la paguen otros. Pero como España es el país de los pendulazos, de tanto en tanto esos responsables deciden irresponsabilidades como la del gobierno Zapatero con la política de promoción de las renovables desplegada por el ministro Montilla en 2007, que propició dos cosas: que la mitad de la potencia fotovoltaica instalada en el mundo en 2008 fuera instalada en España (que pagó así la expansión del silicio policristalino chino); y que en España cerrara casi la totalidad de la industria fotovoltaica propia. En otras palabras: que el 30% de nuestra energía natural que se lleva el cerebro, no resulta muy eficiente a estos efectos; que son socioeconómicamente muy importantes. Si contamos lo que en media consume de energía “artificial” un homo sapiens sapiens actual, resulta que es, en media, casi 20 veces la energía de su alimentación. Y como somos 6.700 millones de individuos, el monto total del consumo energético se eleva a casi 14 TW (teravatios, o billones de vatios); lo cual representa un gran negocio mundial, donde el papel de España es prácticamente insignificante. Nuestro sector energético tiene mucho de provinciano, y como todo provincianismo, tendencia a discusiones de…