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Mario Moretti Polegato: “Si no cambiamos, los jóvenes europeos harán una revolución”

La chispa de la inspiración puede sorprender al emprendedor a cualquier edad y en cualquier lugar. Y nadie mejor para demostrarlo que el italiano Mario Moretti Polegato, hoy dueño de un imperio de miles de trabajadores que montó con cinco amigos y una de las diez mayores fortunas de Italia. A principios de los noventa, y ya en la cuarentena, este empresario criado entre viñedos tuvo una revelación en las desérticas montañas de Nevada. Su familia, uno de los principales productores de Prosecco, le había enviado a Reno a una feria de vinos. Una vez finalizado el evento, decidió dar un paseo por el desierto pero, tras una larga caminata, sintió que sus pies ardían, como si pisase brasas. Aquello era insoportable. “Cogí un cuchillo y le hice un agujero a cada una de las suelas de goma de mis zapatillas”, rememora. ¡Qué frescor! ¡Qué ventilación! “Al volver a casa, estudié el agujero, me inventé una membrana permeable, que permitiese respirar, y enseguida decidí patentar la nueva suela”, recuerda apasionado Polegato, que hoy tiene 60 años [por si alguien alberga dudas de que esta revelación tuvo lugar, el empresario ha metido en una vitrina, como una escultura de culto, uno de los dos zapatos perforados con la navaja suiza que utilizó, y que está expuesta para el visitante curioso en la sede de la compañía en Montebelluna, a las afueras de Venecia].

Así nació el calzado que respira, un joven imperio para el que hoy trabajan 30.000 personas y que tiene grandes sueños. Tantos que hasta está pensando en olvidarse de las membranas respiratorias, para centrarse en el diseño y en el glamour que rodea al made in Italy, y no le parece descabellado que el tamaño de Geox se duplique en unos años.

 

–¿Cuándo fue la última vez que se puso unos zapatos de ésos que no respiran y que son un horno para los pies?

–Hace unos meses, el presidente de Israel, Simón Peres, me invitó a una fiesta privada. Me fui en avión hasta Tel Aviv, pero al aterrizar en el aeropuerto me di cuenta de que la maleta se había extraviado. Disponía de solo dos horas para comprarlo todo, traje, camisa, corbata y zapatos. Conseguí las prendas justo para llegar a la fiesta que se celebraba en un kibutz. A la hora de la comida, me senté a la mesa al lado del presidente israelí pero, al cabo de un rato, empecé a sentir un terrible calor en los pies. Así que debajo de la mesa, ¡dedicí quitarme los zapatos! [risas].

 

Polegato es un emprendedor sui generis. Se define a sí mismo como un innovatore y siempre está dándole vueltas a las cosas, inventando, innovando. En los primeros años de su carrera, cuando se dedicaba a la crianza del vino, pergeñó una máquina que hacía varias operaciones simultáneas sobre la tierra: labraba, esparcía las semillas… “aunque nunca llegué a construirla de verdad”, dice. Hoy sigue creando patentes para zapatos, campo en el que es prolífico, y hasta tiene tiempo para diseñar sus propias gafas. Posee una colección de treinta diseños para las más variadas ocasiones, para montar en moto o en coche, para pasear por el desierto o por la montaña. Su espíritu científico es tal que a menudo se escapa de la oficina para trabajar en el laboratorio, embutido en una bata blanca, con el fin de testar la resistencia y las cualidades de los nuevos productos. Y no hay fin de semana que no lea alguna que otra obra científica.

Polegato lo tiene clarísimo: un innovador es “una persona especial, con gran sensibilidad, otro tipo de persona que tiene la capacidad de entender un problema determinado”.

 

–¿Se siente más empresario o inventor?

–Son dos cosas completamente distintas. El inventor siempre es por definición optimista. El empresario es más pragmático y prudente.

–¿Pero qué domina en usted, el empresario o el ‘innovatore’?

–Yo he dado más fuerza al empresario, aunque he dejado espacio al innovador. He creado la suela que respira, la ropa que respira, y ahora tengo 49 tecnologías patentadas, muchas de las cuales todavía no están en el mercado y serán importantes para el valor futuro de la compañía.

–¿A los europeos, en general, nos faltan grandes ideas para triunfar en la economía de hoy?

–En Europa, particularmente en Italia y en España, hay mucha gente que tiene ideas, sobre todo los jóvenes. Nuestro problema es cómo transformar las ideas en negocios. Es un problema cultural. Hay que enseñarle a la gente lo que significa innovar. Además, muchos pequeños empresarios no saben lo que es una patente, una herramienta tan importante para evitar que no solo los chinos sino el resto del mundo te copie. Italia es conocida en todo el mundo por la pizza, el gelato y el café espresso. Un día una persona como yo inventó el café espresso en Napolés. Pero no lo patentó. Y ahora la americana Starbucks se ha convertido en la mayor cadena de cafeterías del mundo. Así que idea europea, negocio americano.

–A ustedes le han salido imitadores chinos.

–No, porque Geox está basado en la alta tecnología [la respuesta es así de tajante y así de escueta].

 

Aunque Polegato es un empresario con cierto aire de despistado, propio de los académicos envueltos en pensamientos superiores, sabe muy bien adónde quiere ir y adónde debe llegar su empresa. Dice uno de sus colaboradores más cercanos que “ve cosas donde los demás no las ven”. Un don, ciertamente. A veces viaja en turista para experimentar las cosas desde otras perspectivas, o se salta los itinerarios de las visitas en algunas ciudades del mundo para pulsar a la gente y sus gustos. Es más, es un amante de la velocidad, de los coches y las motos, donde se requiere tener los ojos bien abiertos. Salvo que uno quiera estrellarse. Por eso, no es de extrañar que haya sellado un acuerdo con los pilotos de Formula 1 de Red Bull, a los que les suelen sudar mucho los pies dentro de esos bólidos que van a 350 kilómetros por hora y en los que los nervios están a flor de piel.

Justo el día de la entrevista, Polegato acaba de regresar de Nueva York, pero el jet-lag no le impide tener muy claro los mensajes que quiere trasladar (dicho sea de paso, el arte del márketing lo domina muy bien, como buen italiano).

 

–A usted que le gusta la velocidad, ¿cómo se siente en esta Europa que va tan lenta?

–Cuando estás en Estados Unidos ves a la UE como una región muy lenta. Pero ellos tienen otro problema: son demasiado rápidos. La crisis mundial de las finanzas se ha producido porque son demasiado veloces.

–¿Qué debemos hacer nosotros para ir algo más rápidos y salir del pozo de la crisis?

–Lo primero es invertir más en los jóvenes, incentivarles para que innoven. Porque la innovación la hacen los jóvenes. Habría, además, que provocar un rejuvenecimiento generalizado: meter en todos los niveles en los que hay personas mayores al menos un 30% de jóvenes [sobre esto predica con el ejemplo porque, en Geox, la horquilla de edad de los empleados, casi todos con título universitario, va entre los 28 y los 38 años].

–¿Con esto es suficiente?

–La crisis de Europa es una crisis política. Antes Europa era solo una unión geográfica, con Estados diferentes. Pero ha llegado la hora de la unión política. Cuando viene un presidente americano o chino, no sabe con quién hablar, si con Francia, con Alemania… Debemos tener una misma política de educación, una misma defensa, un mismo tratamiento para los jóvenes. Hoy los europeos estamos ante una gran decisión: o damos un paso adelante o lo damos hacia atrás.

–¿No está claro que los Estados quieran ceder tanta soberanía?

–Antes no, ahora sí. Los jóvenes europeos están muy nerviosos. Los jóvenes no quieren corrupción, ni pasos atrás, quieren competir en la era de las tecnologías de la información. Si no cambiamos, habrá una revolución juvenil en todos los países. Es clave que Europa perciba este peligro.

–Esto tampoco lo ven algunos empresarios.

–Estamos en una generación de transición en Europa, y los empresarios están metidos en discusiones, en debates. Los empresarios deben ser capaces de prever, y no solo de ver, porque, si no, llegan tarde. Y no hay duda de que el emprendimiento es la única forma de superar la crisis europea.

 

Geox es todo un fenómeno, una empresa ya grande pero con espíritu y músculos de gacela. Ya es la segunda cadena mundial de zapatos tras Clarks y luce un beneficio neto de casi 900 millones de euros. En Montebelluna, una ciudad pequeña del Veneto, una de las zonas más industrializadas de Europa, la crisis también se percibe. Si uno monta en un taxi, los más probable es que el conductor le cuente lo mal que están las cosas en Italia, donde no es fácil acceder a un crédito, y donde algunos pequeños empresarios se suicidan porque no ven salida a esta larga y asfixiante crisis. Geox, sin embargo, es esa palabra mágica que les ilumina el rostro. Es una historia de éxito. De tesón y de esperanza. Porque es el ejemplo de una empresa que estuvo a punto de no ser y fue. Polegato, todos lo saben en Montebelluna, pasó tres años recorriendo países y visitando multinacionales para vender su idea de la suela que respira. En España hasta llamó a las puertas de Kelme. Pero casi nadie tenía fe en su idea. Harto de tanto no y tanto portazo, se puso a fabricar zapatos aunque lo suyo eran los caldos.

 

–¿Qué tal le van las cosas a Geox?

–Hemos creado en pocos años una gran marca mundial, como Zara, pero en otro sector. Estamos en 105 países y tenemos 1.200 tiendas. Hemos introducido nuevos productos en el mercado, como la ropa que respira, un segmento para niños… Ahora estamos desplegando una nueva estrategia, sobre todo respecto a las mujeres. Antes solo vendíamos tecnología, ahora queremos vender fashion, moda. Hemos traído nuevos estilistas, algunos de la industria francesa del lujo. La gente ama Geox y quiere fashion.

–¿En qué quiere convertirse Geox?

–Quiere convertirse en un producto de lujo a precio asequible.

–Pero, entonces, se parecerá más a otras empresas que no respiran.

–Exactamente. El lujo es Italia. El mundo del zapato italiano es visto como un producto refinado. Haremos cosas refinadas, con piel, con primeras calidades. [en este momento, se levanta y despliega ante el periodista el último ejemplar del New York Times que ha traído de su viaje neoyorquino y en el que hay dos publicidades, en las que se ve claramente la nueva imagen de Geox. Más estética y menos tecnología]

–¿Dónde estará la firma dentro de 10 años?

–Creo que podemos crecer mucho, tal vez duplicar nuestro tamaño. Tenemos ya una cierta presencia en China. Y el sector de mujer crece a tasas del 25% ó del 30%.

–España es su tercer mercado en importancia, pero las cosas no están fáciles. ¿Sigue apostando por él?

–Es un mercado muy relevante para nosotros y vamos a seguir invirtiendo en él. El español tiene una mentalidad muy cercana al español y las colecciones italianas son muy apreciadas. Pero también queremos invertir entre otras economías como China y Rusia. El único problema que tenemos ahora en el mercado español es explicar que nuestro modelo ha cambiado, que somos un Geox diferente.

 

Afirma Polegato, que es un amante de las películas de James Bonn y que últimamente se ha convertido en un reputado conferenciante en foros como Davos o las universidades de Cambridge o Columbia, que el dinero no le interesa. “El mundo no solo consiste en money y en business, sino también en ayudar a los demás”, dice. Ayudar a los jovenes, a los estudiantes, a los que tienen ideas, a los innovadores, a los emprendedores a los que les dan portazo tras portazo…

 

–¿Le vienen muchos jóvenes en busca de ayuda?

–Muchos me piden consejo, pero no les puedo ayudar a todos. Eso sí, siempre respondo.

–¿Qué les dice?

–Les digo, ‘estás seguro de que es una buena idea lo que tienes en la cabeza. Habla con tus amigos, con otras personas cercanas, para contrastarlas’. Muchos tienen ideas muy específicas, muy limitadas, aunque, claro, piensan que tienen un pequeño tesoro. Si la idea es buena mejor que la registren, que hagan la patente. Pero les digo siempre que no se olviden de que, como dice un proverbio italiano, ‘una idea vale mucho más que una fábrica’. Y cualquiera puede tener una buena idea.

 

Él tuvo una idea brillante y hoy sigue siendo “su gran pasión”, su “hijo”, tal y como la define. Tanta pasión desata en él, dicen los que le conocen, que nunca deja de hablar de Geox y de su porvenir, ni los fines de semana, ni en vacaciones. Algunos, que no le entienden, lo llaman obsesión. Pero, ¿dónde está la frontera entre la pasión y la obsesión? Desde luego, tras esta entrevista lo que sí ha quedado claro es que Mario Moretti Polegato no parará hasta que todos llevemos puestos esos zapatos de goma que respiran. ¿O es que no es un suplicio que a la mayoría de los mortales, cada vez que nos ponemos a caminar, los zapatos se nos conviertan en hornos andantes?