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De Lehman Brothers a la banca en la sombra

Aunque parece que empiezan a verse algunos brotes verdes en la salida de la crisis económica, lo cierto es que todavía queda mucho trabajo por hacer. Una coyuntura que arrancaba en 2008, en un fin de semana como este, cuando las autoridades de Estados Unidos decidieron que no ayudaban a Lehman Brothers y lo dejaban caer. Con él se derrumbaba no sólo el gran símbolo de la inversión financiera y el capitalismo, también marcaba el arranque de la que ha sido la peor crisis desde el crack del 29.

Con el adiós a Lehmna Brothers conocimos las vergüenzas del sistema financiero, descubrimos que vivían endeudados y que apostaban cifras muy superiores a las que podían asumir según sus balances. Pero también nos dimos cuenta de que todos habíamos entrado en una espiral de crédito y endeudamiento de la que todavía los Estados y el sector financiero no han conseguido recuperarse, y que se están llevando por delante a PYMEs y ciudadanos.

Muchas son las medidas que se han adoptado en todo el mundo, sobre todo en Estados Unidos y en Europa para intentar regular la actividad financiera. Mucho queda por hacer todavía, sobre todo en el Viejo Continente, donde todavía se estudia la manera de unificar la supervisión del sistema financiero, y cómo avanzar en la unión bancaria.

Pero la verdadera preocupación de los gobiernos en estos momentos está en la llamada banca en la sombra. Un mercado no regulado, cuya facturación a nivel mundial en 2011 se estimaba en 51 billones de euros, lo que representa el 30% del total del sistema financiero y la mitad del volumen de los activos bancarios.

La Comisión Europea busca ahora su control y para ello ha establecido una pequeña  hoja de ruta con la que confía en evitar la que muchos creen que será la próxima burbuja financiera en estallar.

Las claves:

  1. Establecer una reserva de capital del 3% de sus activos totales.
  2. A fin de evitar que un único emisor soporte un peso indebido en el valor activo neto (VAN) de los FMM, la exposición frente a un mismo emisor se limitará al 5 % de la cartera de los FMM (en términos de valor). En los FMM normales, un único emisor podrá representar el 10 % de la cartera.
  3. Deberán tener en su cartera –al menos- el 10% de los activos que venzan en un día, y otro 20% para aquellos instrumentos que venzan en la semana.
  4. Obligación a ser mucho más transparentes, se preparará una legislación en materia de valores y riesgos asociados a las operaciones de financiación de valores.
  5. Endurecimiento de las normas de comunicación entre los bancos y las entidades financieras no reguladas.

De momento son sólo algunos principios básicos los que ha puesto encima de la mesa la Comisión Europea, otra cosa es que consiga desarrollarlos y hacer que se cumplan. ¿Lo logrará? Solo el tiempo lo dirá.