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Innovación: Recuperar la senda perdida

Eran días de vino y rosas. En los albores del siglo XXI, el sistema español de ciencia y tecnología crecía por encima de Alemania, Francia, Italia y Reino Unido. Incluso en 2008, cuando la crisis ya comenzaba a hacer estragos, nuestra inversión en I+D+i suponía el 1,35% del PIB, es decir, que estábamos a solo 0,45 puntos porcentuales de la media de la UE28. Y eso era un mínimo histórico.

Pero en estas llegó la galerna económica y el retroceso se hizo patente. La grieta se amplió hasta los 0,72 puntos en 2014, la mayor diferencia desde 2002. “Los recortes en el gasto público y la caída de la inversión privada han vuelto a ensanchar progresivamente nuestra brecha con Europa. En términos de convergencia, es más de un decenio perdido”, se lamenta Jorge Barrero, director General de Cotec en el último informe de la fundación.

Según los datos del INE, el gasto interno fue de 12.821 millones de euros, un descenso del 1,5% respecto al año anterior, lo que representa el 1,23% del Producto Interior Bruto (PIB), frente al 1,26% de 2013. “Se mantiene así la tendencia que se inició en 2009, aunque con una reducción en el ritmo de descenso, que en el 2013 fue del 2,8% y en 2012 del 5,6%”, apuntan desde Cotec. Si echamos la vista atrás hasta 2010, el descenso acumulado llega al 12%. “La actividad está cayendo en casi todos los indicadores. La media europea está en el 2% del PIB y ese era el objetivo de España para 2020, pero lo números no pintan bien”, advierte Carlos Andreu, profesor de EAE Business School y socio de Acker & Partners.

El informe ‘La inversión en I+D+i’ de la citada escuela de negocios pone de manifiesto que la realizada por las empresas (un 53% del total) cayó un 1,77% respecto a 2013, un 1,13% si hablamos de las instituciones de enseñanza superior (28%), y un 1,14% en las administraciones públicas (19%). “España es la quinta economía de la UE. Sin embargo, esta posición no se mantiene en ninguno de los indicadores que tienen que ver con I+D+i como el número de empresas innovadoras, gasto, o porcentaje de financiación privada”, manifiesta Juan Gascón, director de Servicios y Contenidos Digitales en Ametic.

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Deficiencias a corregir. Según Jorge Barrero, entre otras, “la baja participación del sector privado en la ejecución de las actividades de I+D+i, la falta de participación de los agentes financieros en la financiación de la innovación, o los malos resultados de nuestro sistema educativo”. El entorno está lastrado por la falta de grandes fondos o inversionistas. “Una ronda de financiación en España es la mitad que en Londres, París o Berlín”, señala Jaime Castelló, profesor del departamento de Dirección de Marketing de Esade. “España adolece de un verdadero mercado de capital riesgo”, indica Juan Gascón. De ahí que el impacto sea muy limitado. Además, las entidades financieras tienen muchas tareas pendientes, como la limpieza de activos preocupantes, o la reducción en el número de oficinas. “Se convierte en máxima prioridad introducir cambios en la regulación del sector bancario, así como en otros agentes del sistema financiero, en pro de facilitar los flujos de crédito y capital a las empresas innovadoras y de alto potencial”, asegura el director general de Cotec.

Tampoco conviene dejar a un lado el hecho de que el tejido empresarial es básicamente pyme. “Un tamaño que es pequeño respecto a Europa, lo que hace difícil competir”, manifiesta Carlos Andreu. Por tanto, habrá que desarrollarlo. Y no será tarea fácil. “Solo se puede hacer con consorcios con otras empresas o instituciones. Y eso nos está costando”, añade Andreu. Mientras tanto, los fondos públicos no llegan y el empresario se retrae a la hora de asumir riesgos. Eso no quiere decir que la pyme no sea innovadora. “España, por ejemplo, cuenta con empresas dentro del sector de los contenidos digitales de referencia internacional como SGO o Next Limit cuyas soluciones son utilizadas en las grandes producciones audiovisuales”, remarca Juan Gascón.

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¿Más cambios? Si la oferta del sistema educativo y la demanda del sistema productivo no reman a la par, serán un ancla que frenará el avance hacia la economía del conocimiento. Tampoco hay que olvidar los bajos niveles de rendimiento por parte de los alumnos de primaria y secundaria en las competencias básicas, así como las altas tasas de abandono escolar temprano. Un escenario descrito por Cotec al que también añade la escasa cualificación competencial de los adultos. “Necesitamos un sistema educativo que forme personas creativas e innovadoras, preparadas para el cambio y abiertas a procesos de aprendizaje permanente que den respuestas a las necesidades de una sociedad en pleno proceso de transformación”, apunta su director general. Y ahí la universidad ha de jugar un importantísimo papel convirtiéndose en el elemento aglutinador entre docencia, investigación y transferencia de conocimiento. “Están perdiendo su posicionamiento de liderazgo, sobre todo las escuelas de ingeniería, aunque hay honrosas excepciones”, indica Carlos Andreu. Además, cada vez se aleja más y más de la empresa. “Los perfiles universitarios de carácter técnico llegan a las compañías muy juniors, con poca experiencia y mucha formación teórica, por debajo de lo que se demanda. Ahí los países con los que competimos están evolucionando más rápido”, añade el profesor de EAE Business School. Entonces, ¿Qué cualidades debe tener? “Una formación de alta calidad, excelencia científica, transferencia de conocimiento al sector productivo, proximidad al mercado laboral, y además ser una gran cantera de emprendedores”, especifican desde la fundación.

 

La innovación es riesgo, y alguien tiene que cubrirlo. “El mercado tiene que entender este paradigma y amparar su asunción”, relata Carlos Andreu. De ahí que se antoje necesario cambiar el marco legislativo. Por ejemplo, apostando por un marco estable y planificado de ayudas, con un calendario de convocatorias que se conocido, de manera que las empresas puedan planificar y aprovechar el efecto multiplicador de las mismas. “Hay que aproximar las fórmulas de financiación a las que utiliza el programa marco de la UE”, propone Juan Gascón. ¿Cuáles son? Subvención frente a crédito, sin avales, con instrumentos de apoyo a la innovación (no solo a la I+D pura donde España no destaca tanto), instrumentos específicos para pymes, responsabilidad individual y no solidario cuando un proyecto se hace en colaboración entre varias entidades y con un proceso de evaluación unificado, serio y objetivo. Así lo plantean desde Ametic, donde también apuestan por aumentar el porcentaje de deducción por proyectos de innovación tecnológica (del 12% al 18%) y por activar la compra pública innovadora convirtiendo la recomendación de dedicar el 3% del PIB a este tipo de compras en un acuerdo firme.