Según una encuesta de DatosRTVE, los españoles pasan una media de 3 horas y 48 minutos al día pegados al móvil. El 71% de los encuestados reconoce que debería reducir ese tiempo, pero el dedo sigue deslizando.
Las cifras no describen solo un país pendiente de la pantalla. También muestran que existe un estadio invisible, sin butacas ni torniquetes, donde millones de personas siguen el deporte en tiempo real sin comprar ni gestionar una entrada.
Diez años atrás, para ver un partido había que elegir entre el estadio o el televisor. Hoy la experiencia se ha fragmentado en tantas pantallas como dispositivos caben en un bolsillo.
A continuación, un análisis de cómo estas transformaciones impactaron en la forma de consumir deporte y las palancas que potencian los cambios de consumo.
Doble pantalla, atención fragmentada
El ritual es conocido por los aficionados al fútbol. El partido en el televisor y el móvil en la mano. En una pantalla corre el balón y en la otra, las cuotas se actualizan jugada a jugada.
Plataformas como apuestas deportivas Betsson han convertido esa segunda pantalla en parte del espectáculo, con mercados en vivo que reaccionan a cada córner, cada tarjeta roja, cada penalti señalado o perdonado por el VAR.
No es solo el juego. La atención del espectador compite hoy con el chat de grupo que comenta la jugada, con el clip que ya circula en redes antes de que el árbitro reanude y con la serie en streaming que alguien de la casa dejó en pausa en la habitación de al lado.
Ver deporte en 2026 es un ejercicio de atención dividida entre pantallas, notificaciones y estímulos simultáneos. El partido ya no termina con el pitido final: sigue en el hilo de Twitter, en el resumen de TikTok y en el meme que alguien publica antes de que los jugadores lleguen al vestuario.
Minuto a minuto, jugada a jugada
Las microapuestas (córners, saques de banda, próximo goleador) implican nuevas formas de seguimiento del partido, prestando atención a jugadas que antes pasaban casi desapercibidas.
Para ganar la apuesta ya no basta con saber quién gana: importa el minuto, la posesión, el número de faltas.
Los aficionados casuales se han convertido, sin proponérselo, en analistas de datos en tiempo real. Y las plataformas que ofrecen esos mercados entienden que cada segundo de atención es un segundo monetizable.
El monopolio del análisis ya no es de los periodistas deportivos de la televisión
Cuando Ibai Llanos empezó a narrar partidas de League of Legends en 2014, pocos imaginaban que una década después sería el "rey de Internet" según Forbes. La Velada V reunió a 9.189.762 espectadores simultáneos, una cifra que haría palidecer a más de un prime time televisivo. Con 19,8 millones de seguidores en Twitch, Ibai no solamente comenta los deportes, sino que los convierte en evento propio.
No es el único. IShowSpeed recorre el mundo asistiendo a eventos deportivos en directo, generando contenido que acumula millones de reproducciones sin pasar por una redacción ni una mesa de tertulia.
El análisis deportivo solía tener dueños claros: periodistas con corbata, exjugadores con micrófono, paneles de cuatro opinando sobre la misma jugada. Un streamer con buena conexión y un equipo limitado de personas puede competir de tú a tú con una cadena entera.
La audiencia no elige solamente los paneles de periodistas en traje. El contenido deportivo se ha extendido a los servicios de streaming, redes sociales y más. Quien tiene algo que contar y sabe cómo contarlo ya no necesita una credencial de prensa para llegar a millones.
La inflación de las entradas: ¿por qué ir al estadio es cada vez más complicado?
Mientras la pantalla se abarata, la grada se encarece. El FC Barcelona, por ejemplo, tuvo que implementar un sistema de venta escalonado frente al aumento de la demanda de entradas. Ver jugar al equipo culé ya es parte de la experiencia turística local.
Para que los socios no se queden sin sitio, el club estableció un sistema de preventa. Cada usuario puede comprar hasta 6 entradas por partido regular y solo 2 para encuentros de categoría A+. La asignación de zona llega apenas 24 a 48 horas antes del encuentro, lo que convierte la compra en un ejercicio de paciencia y algo de suerte.
No es un problema exclusivo del Barça. En toda Europa, los precios de las entradas han subido más rápido que los salarios, y los sistemas de reventa (legales o no) han creado un mercado paralelo donde un asiento puede costar el doble antes de que el equipo haya saltado al césped.
El resultado es una grada cada vez más elitista y unas pantallas cada vez más populares. Para muchos aficionados, ver el partido desde casa no es una alternativa: es la única opción realista.
Las quejas que recibió la FIFA por el precio de las entradas del Mundial 2026
Si los clubes ya generan frustración, la FIFA ha llevado la controversia a escala planetaria. El modelo de precios dinámicos aplicado a más de 90 partidos del Mundial 2026 ha provocado un incremento medio del 34% sobre el precio base.
Un asiento que arrancaba en 50 dólares puede terminar costando bastante más según la demanda del momento, sin que el comprador tenga forma de anticipar el precio final hasta que confirma la compra.
Las quejas no se han quedado en las redes. La fiscal general de Nueva York y Nueva Jersey emitió citaciones judiciales para investigar posibles prácticas engañosas en la venta de entradas, incluyendo mapas de asientos que no reflejaban la ubicación real.
En Europa, la red de consumidores Euroconsumers y la agrupación Football Supporters Europe (FSE) han formalizado denuncias similares. No sorprende que cada vez más aficionados prefieran seguir el torneo desde casa, con buena conexión, sin colas y sin sorpresas en la factura.
Con todo, queda demostrado que el partido ya no se agota en los 90 minutos. Se consume entre pantallas y con el análisis después de los partidos. Sea a metros de los jugadores o a miles de kilómetros, lo importante es disfrutarlo.
