Los servicios no turísticos han emergido como el principal motor del sector exportador español, mientras que la industria enfrenta una profunda reestructuración impulsada por cambios tecnológicos, energéticos y geopolíticos. Así lo indica la Nota Técnica 'La recomposición del sector exportador español', elaborada para el Club de Exportadores e Inversores Españoles por Miguel Cardoso Lecourtois y Angie Carolina Suárez Salazar, de BBVA Research.
El sector exportador español "no está entrando en una fase de simple retroceso, sino en una fase de recomposición", afirma Miguel Cardoso, economista jefe para España de BBVA Research
Entre 1995 y 2024, las exportaciones de servicios no turísticos han crecido en términos reales a un ritmo medio anual del 5,4%, superando a las exportaciones de bienes y servicios turísticos, y alcanzando el 7,5% del PIB en 2024. En este ámbito, destaca la competitividad de la ingeniería española, donde aproximadamente el 70% de la facturación proviene de proyectos en el exterior, muy por encima de la media europea del 20%.
No obstante, el estudio señala que España aún presenta una brecha de cerca de seis puntos del PIB respecto a la media europea en exportaciones de servicios, especialmente en actividades de alto valor añadido como el conocimiento, las tecnologías de la información, investigación y desarrollo, propiedad intelectual y servicios empresariales avanzados.
Aunque el peso de las exportaciones de bienes y servicios se mantiene en torno al 35% del PIB, entre 2020 y 2025, las exportaciones de bienes se redujeron al 21,5% del PIB. Sin embargo, el auge de los servicios ha mantenido el conjunto de las exportaciones en niveles históricamente elevados.
El informe atribuye la pérdida de dinamismo de las exportaciones de bienes a la pandemia, disrupciones en las cadenas de suministro, la crisis energética por la guerra de Ucrania, tensiones comerciales y competencia internacional, especialmente por la reorientación de las exportaciones chinas. Este fenómeno no es exclusivo de España; afecta a toda Europa, con Alemania mostrando mayores debilidades.
La industria manufacturera española, integrada en las cadenas de valor europeas, depende del ciclo económico de la eurozona, lo que condiciona la evolución de las exportaciones españolas. A pesar de esto, surgen nuevas oportunidades en sectores como la salud, la industria farmacéutica, la química, la alimentación y la transición energética.
Por su parte, la automoción enfrenta un ajuste estructural motivado por cambios en la movilidad, la transición al vehículo eléctrico, la competencia china y la vulnerabilidad de las cadenas de suministro, lo que requiere redefinir su posición en la estructura industrial europea.
El informe concluye que el desafío para España no es elegir entre una economía industrial o de servicios, sino desarrollar una estrategia en la que los servicios aumenten su complejidad y la industria recupere competitividad en nichos donde aún puede crecer. Propone reforzar la inversión en energía e infraestructuras de red, mejorar la mano de obra y aumentar la productividad a través de la innovación y la digitalización.
