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Marcelo Tamargo: “Para una empresa el arbitraje no es caro”

Director del despacho Espacio Legal Servicios Jurídicos que fundó en 2006, tres años después se convirtió en el primer abogado de España en conseguir una sentencia favorable contra un banco por un derivado financiero. En la actualidad está especializado en arbitraje tanto nacional como internacional en materia financiera.

¿Hay una Justicia de dos velocidades en España?

Claramente. Hay sitios muy rápidos y otros muy lentos. Lo lento a veces sale caro; lo rápido, a veces, también sale caro. La Justicia es un organismo público que tiene unas carencias, depende siempre mucho del aspecto personal, de la persona que tiene que mirar el procedimiento, del agente judicial que tiene que llevar el trámite. Es una Justicia decimonónica, una administración muy lenta, y costosa.

Si fuera ministro de Justicia, ¿qué pasos daría para hacerla más eficaz?

Erradicaría su funcionamiento decimonónico. Los jueces lo son por oposiciones, como un inspector de Hacienda. Habría que distribuir la carga de trabajo. Hay juzgados en Madrid que llevan 4.000 casos al año y otros que están en la misma posición, en Gijón, llevan 500. Los jueces tienen que tener experiencia. Yo no puedo ir a un juzgado y encontrarme a un juez en prácticas. La justicia está mal porque la hemos hecho mal. Eso, a veces, también interesa.

¿Por qué?

Porque en un procedimiento judicial hay dos partes. Y, a veces, se litiga sabiendo que no se va a tener la razón. Entonces interesa que la cosa vaya despacio. Sería positivo que hubiera una Justicia más profesional en la que los jueces no tenga solamente una formación de oposición sino que hayan estado diez años trabajando en un despacho como sucede en Estados Unidos. Eso les daría mucha visión de cara a un futuro.

Hablando de Estados Unidos, ¿qué importaría del sistema anglosajón?

Darle más relevancia al arbitraje. Es una justicia privada que se basa en mecanismos controlables y que nos daría más flexibilidad y agilidad. Yo especializaría los juzgados por materias. No puede ser que en la misma sala haya una vista sobre un producto financiero complejo y, una hora antes, la disolución de una sociedad de gananciales. Los jueces tienen que estar especializados, como los árbitros en su materia.

¿Qué radiografía haría del arbitraje en España?

En este país tenemos una especial dependencia de lo público. Con el tiempo, lo público irá dando paso a la privatización de todos los sectores. Por lo tanto, el arbitraje es una herramienta muy válida y de gran futuro. Tenemos la conciencia de lo público, de que es gratis, y no lo es. El arbitraje está en una segunda posición. Llegará a ser la herramienta principal de la resolución de conflictos.

¿Las empresas ven con buenos ojos el arbitraje? ¿O lo ven caro?

Para una empresa el arbitraje no es caro. Todo lo contrario. Una empresa, en un arbitraje, ve que en dos o tres meses el tema está solucionado. Por muy complejo que sea. Siempre he dicho que un arbitraje es dar soluciones sencillas a problemas complejos. En una justicia ordinaria hay casos que pasan de los diez años. Los arbitrajes son menos públicos, nos trascienden tanto a los medios de comunicación, y hay más privacidad.

¿Tienen futuro en nuestro país?

Esto hay que ir amasándolo poco a poco. La mentalidad de lo público nos hace pensar que ir a un procedimiento arbitral tiene menos garantías. Todo lo contrario. Tiene las mismas. Además, las pymes y los autónomos no están protegidos de igual manera frente a los bancos que los consumidores, y tienen que enfrentarse a ellos de igual a igual. Eso es costoso.

Con más empresas españolas allende los mares, ¿el arbitraje suma puntos?

Lo bueno del arbitraje es que, con ese contrato, y en el caso de que haya un problema, ya defines cómo se va a solucionar, bajo qué normativa, y bajo qué foro: en Londres, Nueva York… Por ejemplo, el 80% de los arbitrajes marítimos son en Inglaterra, mientras que los financieros tienen lugar en Suiza. El arbitraje siempre te permite ir a los mejores de los mejores.