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Esperando la completa accesibilidad

Cada cierto tiempo se realizan campañas de accesibilidad en las ciudades, pero aún queda mucho por hacer. Hace pocos días, asistíamos en A Coruña a una concentración de personas con silla de ruedas que reclamaban una planificación urbana más consciente y la eliminación de las barreras arquitectónicas.

Así es. Se estima que 1 persona cada 100 va en silla de ruedas y no siempre en el espacio público se acuerdan de ellas, a pesar de todo. Basta pensar en el transporte público, metro o autobús. Hasta hace poco, era residual los que contemplaban una rampa para personas con movilidad reducida. Por fortuna, hoy en día, y tras mucho esfuerzo por parte de los distintos colectivos, cada vez es más común verlo.

En términos económicos, cabe destacar que la Ley General de Discapacidad se aprobó en 2013, en la que se establecían los presupuestos para mejorar las bases de las personas con accesibilidad reducida, así como las sanciones para quienes no las cumplan, las cuales pueden ascender hasta el millón de euros en casos muy graves. Sin embargo, años después, los recortes presupuestarios han limitado considerablemente estas políticas que promueven la accesibilidad universal. La inversión pública se centra principalmente en políticas de asistencia como viviendas adaptadas para este colectivo, pero no en la formación necesaria que fomente la igualdad y haga que estas personas puedan llevar una vida independiente.

Mucho ha llovido desde épocas mejores en las que la inversión en favor de la accesibilidad universal era muy fuerte, como por ejemplo en 2009 con el Plan Estatal de Vivienda y Rehabilitación 2009-2012 que facilitaba el acceso a la vivienda de las personas con discapacidad, que contó con una financiación de más de 10.000 millones de euros.

Pero hay que reflexionar y pensar, por tanto, que estas personas, sólo por el hecho de tener una movilidad diferente, están condenadas a perderse una parte importante del espacio público o de la vida en general, ya que muchos destinos turísticos aún no están preparados para ellos.

Famosa fue la campaña que se hizo hace un par de años desde la asociación granadina Ciudad Accesible. Ésta trataba de dos hermanos, uno con movilidad reducida, que hicieron el Camino de Santiago para reclamar la eliminación de barreras arquitectónicas. Camino Sin Límites, así era como se llamaba la campaña, tuvo una gran acogida, tanto que ese año ganó también el Premio de la Semana Española de la Movilidad Sostenible, porque la movilidad no es sólo la que se hace a pie o en transporte público, también es accesibilidad y se caracteriza por ser inclusiva, sin que nadie se quede fuera por su diversidad.

También el Langui, uno de los integrantes del grupo La Excepción, protagonizó, quizá de manera espontánea, una campaña de protesta parando a los autobuses que no dejaban subir con silla de ruedas. En este sentido, para todas las personas con movilidad reducida, este hecho, ayuda que este colectivo tenga cada vez mayor visibilidad y, por ende, sea objeto de mayor empatía.

Por otro lado, algunas ciudades comienzan a renovar sus caminos, sus carriles y, en resumen, su forma de movilidad, tendiendo a fórmulas más sostenibles. Esto es debido a la gran contaminación que existe que ha hecho que se tenga que repensar el modo en el que nos desplazamos en el día a día, con vehículo privado a todas partes, incluso cuando en transporte público se llega antes o para desplazamientos inferiores a los tres kilómetros, -¡que casi se podría ir andando! -.

Así que, en estos cambios que se están dando, las ciudades, a través de sus planes, tienen la oportunidad de contemplarlos también desde el punto de vista de la accesibilidad, rompiendo las barreras arquitectónicas innecesarias. No hacerlo sería condenar a una parte de la población a no poder disfrutar, como todos sus habitantes, del espacio público, un espacio público en el que viven. Por fortuna, cada vez, las miradas están más abiertas y, gracias al trabajo de muchos colectivos, la accesibilidad comienza a sonar, aunque aún queda mucho para que llegue cien por cien.