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Eduardo Serra: “Nos interesa más una Rusia fuerte que débil”

La visión de alguien que lleva más de treinta años relacionado con cuestiones de Defensa es clave en estos tiempos marcados por el terrorismo global y las crisis en las relaciones internacionales. Eduardo Serra es una de las personas que cumple ese perfil. Tras entrar en el Ministerio de Defensa en 1982 con UCD, continuó con el PSOE; después de un paréntesis, retomó esta tarea al frente del organismo con el PP de Aznar en 1996. Serra sigue plenamente activo a través de iniciativas como la Fundación España Constitucional, que agrupa a diversos ex ministros; Transforma España, con la que promueve la sociedad civil, o la Fundación Everis. Desde su experiencia y sus conocimientos de primera mano, nos explica cómo ve el panorama internacional y el de España en ese contexto.

El Brexit, Trump, el yihadismo… Está movidito el panorama.
Con el Reino Unido hay una cierta inercia imperial. Todavía se creen que están en el imperio. Pero este es el siglo americano. Será el primer caso de la historia en el que una economía de mercado convive con una dictadura. Muchos esperan una crisis gravísima en China. En cuanto a Trump, tenemos demasiadas tentaciones de soltar a las plañideras. Ya veremos qué pasa. El 90% de lo que sabemos de Trump nos ha llegado por los medios, que no le tienen mucho aprecio. Tampoco sabíamos nada de Obama y se le dio el Premio Nobel. Hay un cierto sesgo en la prensa internacional.

La llegada de Trump parece un hecho sin precedentes.
Me recuerda un poco al modo en el que la prensa internacional recibió a Reagan. Se le tachaba de belicista y nos sacó de la Guerra Fría sin un muerto. Hay que esperar. Lo más diferente a un gobernante es ese mismo gobernante un mes antes de tomar posesión de su cargo.

¿Le inquieta algo especialmente?
Lo más grave es la amenaza proteccionista. Si alguien lo piensa un poco, no tiene sentido. ¿Alguien en su sano juicio cree que General Motors o Ford están produciendo en México porque alguien les ha puesto una pistola en el pecho? Lo hacen porque les interesa. Fabricar el iPhone en China sale veinte veces más barato. El protegernos nosotros y atacar a ellos siempre beneficia electoralmente. No cabe duda de que Trump es rupturista. Pero le ha votado la mitad del país. Por algo habrá sido. También me han dicho desde el principio que está formando un equipo de Gobierno sensacional. Los militares son de primerísimo nivel y cuenta con personas como el presidente de Exxon, al que todos consideran como el mejor empresario de su país. En cualquier caso, lo que está claro es que la política liberal no encaja con el proteccionismo, y que Estados Unidos tiene un déficit comercial enorme que exige cambios. El proteccionismo sería suicida. Más bien creo que les interesa fomentar las exportaciones. Les importa más que a nadie el comercio mundial.

¿Empieza a decaer el imperio americano?
Desde la Antigüedad se ha dicho que el poder progresaba en la misma dirección del sol: de Oriente a Occidente. De los griegos pasó a los romanos, árabes, España, Portugal, y, de ahí, a Estados Unidos. Puedo creer que el Extremo Oriente sea el siguiente estadio. Pero la ventaja tecnológica es clave, y esa la tiene Estados Unidos. La tierra fue el factor estratégico durante miles de años: mandaban los terratenientes. Luego llegó la Revolución Industrial y pasaron a mandar los capitalistas. En la actual revolución tecnológica dirige el talento. Estados Unidos se lo ha llevado todo, del mismo modo que Roma se llevó todo el talento de Grecia. Esa ventaja va a durar. Creo que van a seguir siendo los primeros durante un tiempo.

¿Tiene solución Europa?
Está pasando una crisis muy seria. Tenemos un continente viejo, miedoso, que ha pasado por dos guerras mundiales. No soy muy optimista con Europa. Sí lo soy con España. Tenemos más condiciones de economía emergente que de economía madura. Los franceses, ingleses o italianos empezaron con la industria hace doscientos años. Llevan muchos años siendo ricos. A España la industria no llegó hasta el franquismo, en los años 60. Somos nuevos ricos. Nuestra economía era agrícola hasta hace muy poco. Si hace diez años nos hubieran dicho que íbamos a ser el segundo país exportador de Europa, por delante de Inglaterra, Francia e Italia, que tras la crisis íbamos a tener una balanza comercial con superávit… no nos lo hubiéramos creído.

Así que piensa que podemos ir más hacia arriba.
Hace veinte años estuve trabajando en construcción, en Cubiertas. Temíamos que empresas como Bouygues o Hochtief nos compraran, ¡y las hemos comprado nosotros! Siete de las diez principales empresas globales de infraestructuras son españolas… Hemos dado un salto cualitativo, pero hace falta que nos lo creamos. Podríamos convertirnos en un líder de Europa. Es el proyecto que deberíamos jugar. Hay una potencia para coliderar Europa.

Ya que usted ha sido ministro de Defensa, ¿cómo cree que habrá sentado que María Dolores de Cospedal ocupe el cargo?
No he hablado mucho con los militares. Estuve en la toma de posesión. Es una persona inteligente. Los militares han dependido tradicionalmente de tres ministerios y ahora lo hacen de uno, algo perfectamente aceptado tras treinta años de tensiones de si esto dependía de Cuarteles Generales o del órgano central. Ahora: después de haber pasado a tener un ministro civil, contar con medio ministro (se refiere a mitad de dedicación), no creo que les guste mucho. Además, depender de la secretaria general de una formación política en una casa institucional que debe estar alejada de los partidos, no me parece muy acertado.

¿Cataluña tiene solución?
Es un grano, como lo fue el País Vasco con el Plan Ibarretxe. Los nacionalismos e independentismos han venido por muchas razones, pero España es una nación emergente. Es verdad que se han descuidado algunas cosas. Todo el mundo sabe que a los nacionalistas e independentistas se les riega con dinero y medios de comunicación. A los no independentistas no: se les niega el pan y la sal. No se puede dejar a la gente que quiere seguir siendo española. Hay que escuchar a los nacionalistas, pero también hay que pensar que, cuanto más das, más quieren. Al mismo tiempo hay que pensar que no interesa a nadie una Cataluña fuera de Europa, el Banco Central Europeo o la Alianza Atlántica.

¿Cómo ve el problema del yihadismo?
Para ellos somos Al Andalus, el paraíso. Hemos convivido con ellos 800 años: somos expertos en tratar musulmanes. El yihadismo es la gran amenaza. El terrorismo internacional pone armas de destrucción masiva en manos de grupos pequeños no especialmente cualificados. Los Estados fallidos proporcionan capacidad de financiación, de entrenamiento y reclutamiento. Deberíamos tomar nuestras medidas. No creo que el multiculturalismo sea la mejor solución. Tenemos nuestras reglas de convivencia: si no las aceptan, es mejor que se vayan a su casa. Ceder origina un incremento de la tensión.

España se ha librado de los últimos atentados yihadistas. Eso habla muy bien de nuestros cuerpos de seguridad del Estado.
Y de los servicios de inteligencia. Funcionan muy bien. No se sabe la cantidad de atentados que fracasan. Hay que decirlo, porque disuade. Hay que cuidar muy bien los cuerpos de seguridad del Estado y los servicios de inteligencia. Desmontar Irak fue una locura que dio lugar al ISIS. Tenemos que aprender la lección. Por otro lado, nos interesa alejar la frontera. Que no sea el Mediterráneo, sino el Sahara. Fomentar los intercambios con los ribereños del Mediterráneo. Las inversiones están creciendo en esta línea. Ha de haber firmeza con principios. Diálogo, tolerancia e incremento de relaciones con Marruecos, Túnez, Argelia… Si son ricos, modernos, cultos, disminuirá la amenaza terrorista.

¿En qué sentido cree que debería mejorar la política exterior española?
Nuestra gran dolencia del siglo XX sido el aislamiento. Después nos abrimos al mundo. Hasta ahora, salvo el incidente de Zapatero con la bandera, la política exterior española ha sido coherente. Nos falta dar un paso adelante. Somos mucho más importantes de lo que creemos. Es verdad que una vez nos lo creímos y nos llevamos una bofetada. Pero ahora estamos en un punto en el que no se habló sobre política exterior en el último debate electoral. Es donde nos jugamos los cuartos, y al ciudadano medio no le interesa. Si hubiera que decir algo concreto, ahora apostaría por América Latina.

Rusia es otro de los frentes conflictivos. ¿Cuál es su opinión sobre ella?
Rusia no es una democracia al estilo occidental. Al final de la Guerra Fría se acordó respetar los límites de su imperio zarista. Está atravesando un momento duro. No es fácil asimilar que antes eras el contrapunto a Estados Unidos y ahora te estás diluyendo. Nos interesa más una Rusia fuerte que débil. No seguiría metiéndoles el dedo en el ojo. Su orgullo nacional está herido. Hay que entenderlo. Si lo hubiéramos hecho con Alemania tras la primera guerra, podríamos haber evitado la segunda.

China es más temible.
Para Taiwán, Corea, Japón, India, Nepal y el sudeste asiático supone una amenaza mayor. No tienen una alianza atlántica y se crean tensiones con los islotes y el control de los estrechos. Hay que ver cómo suben los gastos de Defensa de China. El papel de Rusia mirando al este y el oeste va a ser importante. Sin enfadarnos con China, debemos tratar de atraernos a Rusia. Le diría a China que no tratara de alterar el mundo demasiado rápido. No seguiría perjudicando a Rusia como se ha hecho con Ucrania.

Entrevista publicada en el número de febrero de 2017 en la Revista Capital. Para ver otros contenidos de esa edición o de otras, visite este enlace: http://bit.ly/2GPn1QJ.