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Casarse en tiempos de pandemia

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María Zarzalejos

La pandemia ha provocado un tsunami económico del que no ha escapado prácticamente ningún sector. Una de las industrias más golpeadas ha sido la nupcial, que solo en el primer semestre del año pasado afrontó una caída del 60% de las celebraciones, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Muchas se han pospuesto a 2021, pero hay novios que directamente han optado por darse el ‘sí quiero’ en 2022. Lara Alonso del Cid, propietaria del Mentidero de la Villa de Madrid y Javier Calvo, dueño del catering El Puchero de Plata y responsable de bodas en la Real Fábrica de Tapices de Madrid, analizan con CAPITAL los efectos de la crisis sanitaria y las perspectivas de futuro del sector.

El año pasado estuvimos dos meses confinados y cuando ya se podían celebrar bodas las limitaciones eran muy restrictivas. ¿Qué porcentaje de cancelaciones y cambios de fecha tuvisteis en 2020?

Lara. Un 95%.

Javier. El 85% de las bodas. Si teníamos previstas cuarenta, se celebraron dos. Y los eventos de empresas, todos cancelados.

¿Cómo afrontan los novios un cambio de fecha o incluso la anulación del evento?

Lara. Aunque tire piedras sobre mi propio tejado, pienso que una boda no es hacer un fiestón y de paso me caso. Creo que es al revés, me caso y lo celebro con una fiesta. Haces partícipe a mucha gente de ese evento, que me parece fenomenal, pero en una situación extrema como la que hemos vivido, no entiendo que se diga que si no hay fiestón no hay boda. Lo que sí es lógico es suspender una boda cuando tienen que venir invitados de fuera y no pueden acudir abuelos, hermanos o incluso padres.

Javier. Entre marzo y mayo, las cancelaciones fueron por la pandemia en sí. Después influyó que no se podía (ni se puede actualmente) incluir ni barra libre ni discoteca. ¡Es gente joven!

¿Se valora más la fiesta que la ceremonia?

Lara. Siempre ha primado más la fiesta que la celebración del matrimonio en sí. Es cierto que hay parejas de novios que se han casado con muchos menos invitados y se han dado cuenta de que las cosas han cambiado. Muchas parejas se limitan a la ceremonia y una comida con veinte o treinta invitados y aplazan la fiesta para cuando se pueda celebra o directamente no la hacen ni la programan. Por ejemplo, en nuestro restaurante La Sal hemos organizado una boda de diez personas y en La Borda otra de veinte personas.

Javier. Depende. Hay dos generaciones. Por un lado, la de los padres, que intentan que sus invitados estén bien atendidos, que la comida esté en su punto… etc. Y la de los novios, que también quieren eso, pero les importa mucho el después: la barra libre y la discoteca. Y si esto no es posible, se echan para atrás. Este año, como ya están las vacunas, muchos optan por aplazarlo a 2022 porque creen que ya podrán tenerlo todo sin limitaciones.

Lara y Javier coinciden en que una boda, antes de la pandemia, no es el dar el sí quiero ante un altar o una autoridad judicial y celebrar una comida o cena con familiares y amigos. Es todo un evento en el que el papel del catering es fundamental para hacer realidad sus peticiones.

¿Cómo eran las celebraciones de boda antes de la pandemia?

Lara. Eran como una verbena. Las parejas tienen acceso a tal cantidad de información a través de Instagram que vienen diciendo que quieren córneres, globos, candy bar, barra de mojitos… ¡Todo!

Javier. Era un acto social, donde la gente pedía créditos para celebrar una boda y quería demostrar, en muchas ocasiones, un estatus social en base al tipo de comida, los vinos o el champán. También es cierto que desde 2008, con la crisis del ladrillo, parece que hay un poco más de sensatez. Yo recuerdo que en alguna ocasión he tenido que advertir a clientes de que iban a tirar 15.000 euros a la basura por querer poner siete platos. El DJ también importa mucho y que no falte el alcohol. El fiestón en sí es lo que más preocupaba.

¿Una feria de las vanidades?

Lara. Sí, sí. Y te dicen que quieren una boda diferente. ¿Eso qué significa? Es tratar de ser mejor y más que cualquier otra boda. Nosotros apostamos por la boda clásica, con alguna aportación que los novios quieran, pero es un exageración lo que pedían. Ni los propios novios sabían que pedir. Era una tensión continua. La diferencia en una boda la marcan los novios, ellos son los diferentes respecto a cualquier otra boda, no la tienen que buscar fuera con más o menos córneres.

Javier. Pues sí, en muchos casos, sí. Como te he dicho antes, era una exageración.

¿Qué papel juegan los padres de los no- vios en las bodas?

Lara. En un porcentaje muy alto los pa- dres no pintan casi nada. Ahora son los hijos los que imponen todo.

Javier. Depende de la educación de los novios. Yo, además del catering, tengo un centro de formación de camareros. En la mayoría de los casos, los padres no pintan mucho. Los novios deciden todo. Hace años, la opinión de ellos sí se tenía más en cuenta y se respetaba.

¿Qué previsiones hay para este año?

Lara. Hay muchas bodas previstas para este año aunque algunas ya se han pa- sado al 2022. A partir de junio tenemos la agenda llena, incluso en agosto y los domingos que antes no había bodas. En el Mentidero, al tener instalaciones en Madrid y fuera de Madrid con dos fincas, tenemos la posibilidad de que se puedan hacer en el exterior, pero también tenemos una alternativa, que es mi obsesión, para celebrarlas en interiores si hace frío o llueve.

Javier. Desde febrero hasta diciembre teníamos todos los sábados. Ahora, por ejemplo, las cinco que teníamos en mayo las han anulado todas menos una, las de junio las cuatro que había solo queda una, en julio solo quedan dos, en septiembre ya las han anulado y hasta octubre no empezamos de nuevo con las bodas. ¡Ya veremos! En la Real Fábrica de Tapices tenemos jardín y salones así que hay capacidad para realizarlas con buen y con mal tiempo.

Estamos en el mes de abril de 2021. ¿Qué peticiones fijas hacen los novios al día de hoy?

Lara. Les interesa saber cuántas personas van a poder estar con las medidas que hay en estos momentos y que sea lo más normal posible. Ya saben que no hay cóctel de pie ni tampoco baile. Lo importante es tratarles con cariño y decirles que sí a todo lo que sea posible y adaptar los planes y la organización de lo que ellos tenían previsto. Vienen con una mezcla de tristeza, susto, desilusión…Hay que ayudarles a que vuelvan a ilusionarse.

Javier. Además de saber cómo les afecta las medidas de límite de aforo y todo lo que conlleva la situación que seguimos viviendo, les interesan mucho las alternativas de entretenimiento una vez que acabe la comida.

¿Qué tipo de comida piden? ¿Notáis algún tipo de cambio en los gustos?

Lara. A la gente joven lo que más le gusta es el momento cóctel. Antes de la pandemia, era el momento de estar de pie, moverse, hablar unos con otros, hacerse fotos… Ahora, eso ha cambiado. A los padres les gusta más ya el momento de la comida o cena sentados.

Javier. La Real Fábrica de Tapices implica un tipo de boda. No es un sitio de barbacoa o capea. Hacemos cóctel y comida o cena. Un aperitivo de más de hora y media es demasiado largo. Hay una versión de boda, o mejor dicho había, en la que el aperitivo se alarga más y luego se hacen “estaciones” tipo buffet en que los invitados van de un córner a otro para que les sirvan y no eligen la cena o comida sentados, pero es una minoría esta opción.

Los catering que organizan bodas tienen las mismas normas de seguridad que la hostelería en general. Tanto Lara como Javier están agradecidos a la Comunidad de Madrid por permitir celebrar bodas asumiendo todas las medidas impuestas de forma estricta. En ambos casos, están celebrando bodas que varían desde los veinte invitados hasta los doscientos, algo que nunca pensaron que podría pasar. Lo que se mantiene intacto es el cariño y la ilusión por su trabajo.

¿Y qué opciones de entretenimiento hay ahora para sustituir el baile? ¿Qué se suele hacer?

Lara. Pues con juegos de mesa. Hay música, los invitados beben su copa en la mesa y mientras tanto juegan. En una boda reciente los novios trajeron muchos juegos de los de toda la vida y se lo pasaron genial. Es como recuperar esas escenas familiares o de amigos que se juntan una tarde de domingo para charlar y jugar.

Javier. Los novios contratan magos, mentalistas, monologuistas o grupos musicales que no inviten a bailar. Tam- bién organizan bingos o traen juegos de mesa. Aquí en la Real Fábrica de Tapices se puede salir al jardín, manteniendo las distancias y con mascarilla, y per- manecer sentados en las mesas. ¡Se lo pasan muy bien!

¿Qué ventajas tiene celebrar una boda en una finca?

Lara. Antes de la pandemia te daba la posibilidad de alargar la boda hasta las cinco de la mañana. A los novios les gusta salir fuera de Madrid, que el escenario sea diferente al urbano, más campestre… También tienes margen para hacer cosas más especiales en función de las peticiones de los novios. Es obvio que el único inconveniente es el traslado en autobuses, no a la ida, pero sí para volver a Madrid ya que hay que ajustarse a los horarios programados. Celebrarlo en un hotel tiene la ventaja de que no tienes que trasladarte fuera de la capital, pero también tiene muchas más limitaciones.

¿Y en el caso de las bodas urbanas?

Javier. Yo he estado catorce años llevando una finca en Guadarrama (Madrid) que organizaba sesenta bodas al año. La ventaja es el jardín, pero aquí en la Real Fábrica de Tapices tenemos la suerte de contar con uno, así como los salones interiores. Y como yo digo, tenemos también iglesia ya que nos separa un paso de peatones de cuatro líneas de la Basílica de Atocha. Al estar en el centro te puedes ir cuando quieras y no dependes de autobuses.

¿Cuándo calculáis que volveremos a ver bodas como las de antes?

Lara. En el 2023. En el 2022 me encantaría, pero no creo.

Javier. La gente está muy confiada con las vacunas, pero yo no me veo organizando un evento de empresa de 300 invitados como hacíamos ni tampoco una boda con discoteca y barra libre ni durante este año (2021) ni tampoco en el 2022. Creo que hasta el 2023 no habrá normalidad.

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