domingo 15 • mayo 2022

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García-Margallo: “El BCE se ha gastado 1,85 billones en comprar deuda y eso es una inundación de déficit” 

“El gran problema de la economía española es estructural y se llama paro” 

“El mundo en el que vivíamos ha terminado, estamos en uno nuevo en el que tenemos que ver qué podemos gastar, en qué y cómo financiarlo” 

El despacho de su casa en el centro de Madrid está presidido por un cuadro de su abuelo, Mariano Marfil. Una figura que incorpora una herencia en lo que a la dedicación profesional hacia la materia política se refiere. Se trata del último subsecretario de Gobernación de la monarquía de Alfonso XIII. Un legado familiar que, con dieciséis años, llevó a José Manuel García-Margallo (Madrid, 1944) a comenzar su andadura en la política y gracias al que hoy ha sumado una larga y experimentada carrera marcada por permanentes aprendizajes económicos internacionales.  

El exministro de Asuntos Exteriores y Cooperación del Gobierno de España de 2011 a 2016 y actual eurodiputado del Partido Popular atiende a Capital para analizar la evolución de la economía española frente a la europea y los principales desafíos que tiene que afrontar el país en un entorno marcado por un escenario geopolítico y económico en continuo movimiento.  

El efecto dominó y el nacimiento de la Gran Recesión  

El 15 de septiembre del año 2008, la compañía global de servicios financieros Lehman Brothers se declaró en quiebra con un pasivo de 430.000 millones de dólares, produciendo un efecto dominó que derivó en la mayor catarata recesiva mundial de la historia. Pocos años después del estallido de la crisis financiera de 2008, García-Margallo tuvo que afrontarla desde su postura como ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación. Tras 14 años, el eurodiputado confiesa a Capital que fue la peor a la que tuvo enfrentarse. 

“El presupuesto del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, el de cooperación internacional, que es clave en política exterior, se quedó reducido a la cuarta parte”. Y añade al respecto que hubo que ajustar la ayuda europea “para resolver la situación en la que estábamos, un rescate financiero para hacer frente a la quiebra de un sistema fundamentalmente basado en 49 cajas de ahorro. Estaban a punto de desaparecer y se hubieran llevado por delante los depósitos de los españoles”. 

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En este contexto, bajo el paraguas del concepto de diplomacia económica, García-Margallo sostiene que tuvo que solventar los problemas que tiene un país con la inversión muy dosificada y concentrada en los sectores cercanos al ciudadano.

Si bien, para él, “la gran mayoría de las empresas españolas que habían invertido en Iberoamérica estaban en los sectores de agua o energía. En definitiva, en sectores que, cuando la necesidad aprieta, son los que más sufren”. Por todo ello, tal y como confirma, “hubo que afrontar las reclamaciones de los inversores en energías renovables que venían de todos los países, por ejemplo, Japón, Canadá, etc. Se les recortó la rentabilidad de las inversiones y se garantizó un beneficio del 7,5 %”. 

De Jean-Claude Trichet a Mario Draghi  

Preguntado sobre las diferencias económicas que ha percibido respecto a la gestión por parte de la Unión Europea (UE), en relación con la crisis del 2008 y la de la Covid-19, García-Margallo sentencia: “Todas”. Aun así, en aquella época en la que él era vicepresidente de la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo, la Unión Europea “tardó más que nadie, sobre todo que los americanos, en bajar los tipos de interés”.  

Así lo hace ver el ex ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación a Capital, y considera que “Jean-Claude Trichet, quien tenía como objetivo la estabilidad de precios, se empeñó en tardar muchísimo en poner en marcha la política de flexibilización monetaria, la cuantitativa -la compra de bonos para inyectar dinero en el sistema-, hasta que llegó Mario Draghi al Banco Central Europeo (BCE) con sus palabras mágicas: “Whatever it takes” (“lo que haga falta”). Es en este momento cuando la economía comienza a despegar, pero se hizo tarde”.  

Ahora, en este escenario de recuperación, “el BCE se ha gastado 1,85 billones de euros en compra de deuda y eso es una inundación de déficit”, recalca García-Margallo. Desde el primer momento, respecto a los cambios normativos, la Comisión agilizó los trámites para permitir las ayudas nacionales, es decir, las subvenciones con cargo a los presupuestos de cada Estado y que, en palabras del ex ministro, “siempre deben ser visionadas por la Comisión para que no alteren la competencia”. 

Y añade: “Es un procedimiento largo. Gaste usted lo que tenga que gastar sin cumplir la regla de contención del déficit. El gran avance han sido los fondos europeos, que suponen una emisión conjunta de deuda por primera vez en la historia. Ahora es cuando la Unión Europea está a la altura”. 

Visión retrospectiva de España 

¿Cómo ha evolucionado España en comparación con las economías europeas? Tal y como comenta García-Margallo, “los datos son inequívocos, el Producto Interior Bruto cayó un 10,8% en el año 2020, la mayor bajada de todos los países de la Unión Europea”. Asimismo, añade, “esto resulta fundamentalmente importante porque tenemos un modelo económico que reposa excesivamente en sectores como el turismo o servicios esenciales”. En definitiva, “España es el país europeo que más ha sufrido durante la pandemia”. 

Consciente de que la recuperación económica española ha sido más lenta que la del resto de las economías europeas, el eurodiputado señala “una razón muy sencilla”: las ayudas nacionales que constituyen el grueso de los estímulos monetarios para recuperar la economía. Esto, se entiende únicamente rescindiendo de los estímulos monetarios del BCE, que han sido “más débiles y menores que los de las otras economías europeas y que se han arbitrado más en forma de préstamos que hay que devolver”. Pero, ¿por qué?  

“Esto no es una reforma fiscal, es un parche, una subida de impuestos y punto” 

El origen radica cuando la Comisión Europa (CE) suspendió el Pacto de Estabilidad y Crecimiento al estallar la pandemia, permitiendo a los Estados miembros gastar por encima de sus ingresos y, por ende, que tuviesen un déficit mayor al que permiten las reglas del acuerdo. Entonces, en palabras del ex ministro, la Comisión expresa: “Puedes romper la hucha y gastar sin preocuparte de no cumplir las reglas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, pero para gastar debes tener algo en la hucha, y España no lo tenía porque había una deuda pública disparada y unas finanzas debilitadas”.   

Un problema estructural en España 

Sin dudas y con certeza, García-Margallo reafirma que “el gran problema de la economía española es estructural porque hay una tasa de paro, en buenos y malos tiempos, que es superior a la media europea”. Ahora bien, algo tiene más claro aún: “El primer problema de España es el paro”.  

La productividad es el segundo hándicap de España. Es decir, el eurodiputado insiste en que “los empleos que se crean son poco productivos y no trabaja toda la población que querría hacerlo, con colectivos señalados: jóvenes, mujeres y mayores de 55 años”. Así lo revela García-Margallo a Capital, quien entiende que “en las últimas series numéricas temporales, el empleo está creciendo por primera vez por encima de lo que crece el PIB, gracias a la reforma laboral que hicimos en el Gobierno”.  

No obstante, a su vez, señala que “España crece sobre la base de la creación de empleo y no sobre el incremento de la productividad. Y solo cuando se incrementa la productividad, la economía nacional crece a un ritmo más acelerado. Tenemos que aumentar nuestras inversiones productivas, físicas y en capital humano”. 

Por último, otro de los grandes obstáculos que preocupa a García-Margallo es que “tenemos una Administración hipertrofiada y poco eficiente, lo que determina que exista un gasto público superior al que nos podemos permitir y, lo que es peor, que no logremos financiar el gasto público con ingresos”. 

El camino de la reforma fiscal del Gobierno 

Con tono tajante, el ex ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación sentencia: “Esto no es una reforma fiscal ni es nada, sólo es una subida de impuestos y punto. Es decir, para hacer una reforma fiscal en serio, donde estamos en un cambio de modelo económico, hay que reformar la Administración para que sea más eficiente y hay que concentrar todos los gastos e ingresos públicos de todas las administraciones estatales, autonómicas y locales”.  

Un cambio que, de momento, ocurrirá cuando “se concrete qué tipo de Administración queremos, qué tipo de gasto público nos podemos permitir y cómo se financia este gasto público sin restar competitividad, que es lo que sucede cuando se suben los tipos impositivos”. Es una revolución que puede derivar en una “economía menos competitiva y una paradoja que, cuando se suben los tipos, te encuentras con una recaudación menor porque aumenta la economía sumergida”. 

La cuestión en este punto es que, como argumenta García-Margallo, “el mundo en el que vivíamos ha terminado, estamos en uno nuevo en el que tenemos que ver qué podemos gastar, en qué y cómo financiarlo. No es una reforma fiscal en la que haya que recaudar millones estableciendo peajes en más carreteras, por ejemplo. La propuesta del gobierno es un parcheo, un planteamiento base, un diagnóstico sin ningún plan de futuro”.  

Una inflación disparada 

Tras la cuestión de considerar razonable o no una bajada de tipos en el IRPF para afrontar el repunte de la inflación, García-Margallo, con firmeza, apunta: “Yo no soy demasiado partidario de los impuestos directos”. Además, argumenta que “hemos vivido una temporada en la que, si hay que subir los impuestos, hay que subir los impuestos progresivos”. Entendiendo que los “impuestos progresivos” hacen referencia al impuesto sobre la renta y no a los impuestos indirectos.  

Y complementa: “Pero el grueso de la recaudación del impuesto sobre la renta recae sobre la renta de los trabajadores y, además, mermada por las cotizaciones a la Seguridad Social. Provoca una enorme brecha salarial y se convierte en un auténtico impuesto al empleo. En la progresividad del sistema, hay que contemplar la escena completa. Esta progresividad debe desarrollarse a través del gasto público, que sí debe de ser redistributivo. Sobre todo, cuando en el presupuesto de todos los países hay un gran porcentaje destinado a gastos sociales.

Si el impuesto sobre la renta lo subes más de lo que es permisible, desalientas el esfuerzo y el emprendimiento. Es decir, cuando tú estás en un tipo marginal, a lo mejor no te compensa trabajar más horas, porque lo que te llega después del hachazo fiscal es menor. No debe funcionar así”. 

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La mochila austriaca 

La evolución demográfica determina que la tasa de natalidad en España es de las más bajas de Europa. Por ello, cada vez habrá menos gente trabajando, y, por ende, cotizando. Así, José Manuel García-Margallo insiste en que “la ecuación no cuadra y se dice que el sistema se quiebra”. La realidad va más allá, pues para garantizar la sostenibilidad de las pensiones, en su opinión, propondría “una revolución mental” porque “partimos de una premisa que es falsa, pues con las cotizaciones de los que están trabajando hay que pagar las prestaciones de los que han dejado de trabajar”.  

Para lograr que el sistema no quiebre, el eurodiputado considera que “las pensiones tienen que pagarse con la totalidad de los recursos, de los impuestos, de todos los tributos que tiene un Estado, no solo con las cotizaciones”. La única solución viable que ve, ahora que hay fondos europeos, es que hay que pensar en “subir impuestos y bajar cotizaciones para romper la inflación”. 

Sin embargo, a nivel personal, le recalca a Capital que el Gobierno dejó pasar la oportunidad de la llamada mochila austriaca. Consiste en que, del salario de un trabajador, al mes, una parte va en mano y otra va a nutrir una mochila. Con ella se pagan las prestaciones y, desde su visión, “tiene muchas ventajas, porque si te despiden, tienes derecho a una indemnización que no pierdes gracias a la mochila, que va contigo incluso si te cambias de empresa. Además, sirve para reforzar la pensión”.  

Un líder con ideas claras 

España, en un mundo cada vez más interconectado y globalizado, necesita “un líder que tenga una idea muy clara y una visión muy nítida, además de determinación y coraje para llevar a cabo las políticas que en cada momento se requieren, aunque exijan sacrificio”, añade García-Margallo. Para éste, es determinante, porque “lo que no arregla nada es maquillar y esconder los problemas debajo de la alfombra”.  

Así, ejemplifica que el problema de la reforma laboral no es lo que dice en sí, aunque, según el ex ministro, “no está mal, porque, entre otras cosas, es copiada de la que nosotros hicimos, pero es que han pasado 10 años y el Gobierno podría haber afrontado ahora, con el dinero que va a venir de Europa, una reforma de los mercados”. 

Establecer un mercado interior; garantizar la sostenibilidad de las pensiones y la estabilidad del sistema financiero; desarrollar, en general, “el gran cambio que España necesita porque cada vez hablamos menos de intercambio de bienes y más de intercambio de servicios”, son algunas de las cuestiones que el eurodiputado considera que son necesarias.  

Un cambio para el futuro 

En 1973, después de la guerra de Yom Kippur, los países árabes reaccionaron con una subida del petróleo, que, en consecuencia, provocó la misma reacción en las materias primas, obligando a los países industrializados a realizar ajustes. José Manuel García-Margallo se remonta a esta fecha para explicar que “cuanto más dinero tienes que transferir a los países productores de petróleo, menos dinero tienes para atender a los servicios sociales y estímulos de la economía y, ahora, es cuando vamos a entrar en esta situación”. 

De cara al futuro, el BCE discute qué hacer en cuanto a materia de estímulos monetarios se refiere. Para García-Margallo hay dos opiniones contradictorias. La primera es que habría que retirar poco a poco los estímulos mencionados, es decir, “ir cortando los manguerazos de dinero a la economía, porque la inflación y el incremento de los precios al consumo se han disparado”.  

Por otro lado, el ex ministro también apunta que, en contradicción con la primera, “es que no habría que retirar los estímulos monetarios porque en una situación como la que estamos, agravada por la situación económica derivada de la invasión de Ucrania” 

En el caso de España, como argumenta, “nos vamos a encontrar en una situación extraordinariamente delicada”. Según los datos, en palabras del exministro, “España va a tardar en salir de la recesión y recuperar los niveles de riqueza y bienestar previos a la pandemia, más que los demás países de Europa. Esto quiere decir que cuando el núcleo, las economías más importantes, el grueso de la economía europea se recupere, es probable que se reconsideren los estímulos monetarios”. 

“España va a tardar que el resto de Europa en salir de la recesión y recuperar la riqueza y el bienestar previos a la pandemia” 

Por todo ello, pensando en la supervivencia de España en el mundo de la Alianza Europea-Atlántica, García-Margallo lanza su última flecha: “Hay que mantener firmes los anclajes españoles con la Unión Europea y la Alianza Atlántica. Esto funciona como un club, hoy te ayudo a ti para que mañana tú me ayudes a mí. Tenemos que pedir a nuestros socios europeos-atlánticos que nos ayuden a resolver los problemas que nos afectan más a nosotros que a toda Europa, aunque luego nos afecten a todos”. 

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