Durante años, la energía nuclear ha sido una tecnología en retirada. Tras el accidente de Fukushima en 2011, la mayoría de países del G-20 anunciaron planes para reducir su dependencia de esta fuente energética y el debate se centró en las energías renovables. Sin embargo, en la última década algo ha cambiado. Las mayores empresas tecnológicas del mundo —Microsoft, Google, Amazon y Meta— están firmando acuerdos vinculados a proyectos nucleares por valor de miles de millones de euros. Y el motivo no es otro que la inteligencia artificial.
La explosión de la IA generativa está provocando un aumento sin precedentes de la demanda eléctrica de los centros de datos. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), los centros de datos consumieron alrededor de 415 teravatios hora (TWh) de electricidad en 2025, aproximadamente el 1,5% del consumo mundial. La organización prevé que esa demanda aumente de forma muy significativa durante esta década debido a la expansión de granjas de servidores.
La razón de este aumento de la demanda y el consumo es sencilla. Entrenar y operar modelos avanzados de IA requiere enormes cantidades de capacidad informática. Los nuevos centros de datos especializados utilizan miles de procesadores funcionando de manera simultánea y necesitan un suministro eléctrico constante, estable y disponible las 24 horas del día.
La energía nuclear vuelve a entrar en escena
A diferencia de la energía solar o eólica, cuya producción depende de las condiciones meteorológicas, las centrales nucleares generan electricidad de forma continua. Para empresas que necesitan garantizar el funcionamiento ininterrumpido de infraestructuras críticas, esta característica resulta especialmente atractiva.
En consecuencia, varias de las mayores tecnológicas del mundo han anunciado movimientos significativos en esta dirección. Hace unos meses Microsoft firmó un acuerdo con Constellation Energy para apoyar la reactivación de la unidad 1 de Three Mile Island, una central nuclear situada en Pensilvania que dejó de operar por motivos económicos en 2019. El proyecto prevé volver a producir electricidad antes de finalizar la década.
Google, por su parte, alcanzó un acuerdo con Kairos Power para impulsar el desarrollo de reactores modulares pequeños (SMR, por sus siglas en inglés), una tecnología que promete centrales nucleares más compactas, rápidas de construir y potencialmente más flexibles que los reactores convencionales. Amazon también ha firmado acuerdos relacionados con el suministro nuclear para alimentar parte de la creciente demanda energética de Amazon Web Services (AWS), su negocio de computación en la nube.
El fenómeno no responde únicamente a objetivos climáticos. Aunque las tecnológicas mantienen compromisos de reducción de emisiones, el principal desafío es garantizar suficiente electricidad para sostener el crecimiento de la IA. La propia AIE estima que la generación eléctrica destinada a centros de datos podría superar los 1.000 TWh anuales antes de 2030, más del doble que en la actualidad.
Eso no significa que la energía nuclear vaya a sustituir a las renovables. De hecho, la AIE prevé que la energía solar y eólica sigan siendo las principales fuentes para cubrir buena parte del aumento de la demanda eléctrica de los centros de datos. Sin embargo, la nuclear está recuperando protagonismo como complemento capaz de aportar suministro estable cuando las renovables no producen suficiente energía.
La gran incógnita es si esta nueva apuesta será suficiente. Muchos de los proyectos nucleares anunciados aún tardarán años en entrar en funcionamiento y algunos dependen de tecnologías que todavía no se han desplegado a gran escala. La inteligencia artificial se está convirtiendo en una de las industrias más importantes del siglo XXI y necesitará una enorme cantidad de electricidad. Y para garantizarla, la energía nuclear ha vuelto a convertirse en una pieza estratégica en el tablero energético mundial.
