Tecnología

Desaladoras: la industria que crece donde el agua es un recurso cada vez más valioso y escaso

Según la UNESCO, alrededor de la mitad de la población mundial experimenta escasez grave de agua durante al menos una parte del año

Por Alberto Mesas

Desde hace años, las plantas desaladoras son consideradas una solución tecnológica para aquellas regiones desérticas o con escasez extrema de agua. Hoy, sin embargo, se han convertido en una industria estratégica. El crecimiento de la población, la expansión urbana, la presión sobre los acuíferos y el cambio climático están impulsando inversiones multimillonarias en desalación, hasta el punto de que esta tecnología se perfila como uno de los mercados con mayor potencial dentro del sector del agua.

Según el Programa Mundial de Evaluación de los Recursos Hídricos de las Naciones Unidas (UNESCO), alrededor de la mitad de la población del planeta experimenta escasez grave de agua durante al menos una parte del año. Este escenario está obligando a muchos países a diversificar sus fuentes de abastecimiento, y la desalación del agua de mar aparece como una de las alternativas más consolidadas.

La tecnología dominante es la ósmosis inversa, un proceso que utiliza membranas para separar las sales del agua marina mediante altas presiones. Frente a los antiguos sistemas de destilación térmica, la ósmosis inversa consume considerablemente menos energía, lo que ha reducido de forma significativa los costes de producción durante los últimos 20 años. La Asociación Internacional de Desalación (IDA, por sus siglas en inglés) atribuye buena parte de la expansión del sector a estos avances tecnológicos.

Uno de los países que más ha apostado por esta industria es Arabia Saudí. Según la Saline Water Conversion Corporation (SWCC), la empresa pública saudí es uno de los mayores productores de agua desalada del mundo y abastece a millones de personas e industrias. El desarrollo de nuevas ciudades, el crecimiento demográfico y la estrategia de diversificación económica impulsada por el programa Vision 2030 están favoreciendo nuevas inversiones en infraestructuras de desalación en el país.

Israel representa otro modelo de referencia. El país obtiene una parte muy importante de su agua potable mediante desalación. De acuerdo con la Israel Water Authority, varias grandes plantas situadas en la costa mediterránea suministran la mayor parte del agua destinada al consumo doméstico. Esta estrategia, combinada con un elevado nivel de reutilización de aguas residuales para agricultura, ha convertido a Israel en uno de los países más avanzados en gestión hídrica.

En España, la desalación tiene un peso especialmente relevante en el arco mediterráneo y en los archipiélagos. Según el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) y la sociedad estatal Acuamed, nuestro país cuenta con una de las mayores capacidades instaladas de desalación de Europa. Las plantas de Alicante, Murcia, Almería, Málaga o Canarias desempeñan un papel fundamental para garantizar el abastecimiento urbano y apoyar determinadas actividades agrícolas e industriales.

Australia también recurrió a esta tecnología tras la denominada millennium drought, la prolongada sequía que afectó al sureste del país entre finales de los años noventa y comienzos de la década de 2010. Ciudades como Perth, Melbourne, Sídney o Adelaida construyeron grandes desaladoras como parte de sus estrategias para aumentar la seguridad del suministro de agua frente a futuros episodios de escasez.

El crecimiento de la industria está atrayendo a grandes empresas de ingeniería y gestión del agua. Compañías como Veolia, Suez, Acciona, Abengoa, ACWA Power o la española Cox participan en el diseño, construcción y operación de plantas en distintos continentes. La competencia ya no se limita a construir instalaciones, sino también a desarrollar membranas más eficientes, reducir el consumo energético e integrar las desaladoras con parques solares y eólicos para disminuir sus costes operativos.

No obstante, y aunque se ha ido reduciendo con los años, el principal problema siendo el alto consumo energético de este tipo de instalaciones. Además, la gestión de la salmuera —el residuo altamente salino que se genera durante el proceso— plantea problemas, ya que puede perjudicar el fondo marino de las zonas donde se realiza el vertido.

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