Economía

De Marbella y París a Emiratos y Albania: así está cambiando el mapa mundial del turismo de lujo

El turismo de lujo está creciendo impulsado por el aumento del patrimonio de las grandes fortunas y una demanda cada vez mayor de experiencias personalizadas

Por Alberto Mesas

El turismo de lujo está viviendo una transformación silenciosa. Durante décadas, destinos como París, la Costa Azul, las Maldivas o las islas del Caribe concentraron gran parte de este mercado. Sin embargo, en los últimos años han aparecido nuevos competidores que aspiran a captar a los viajeros con mayor capacidad económica mediante inversiones multimillonarias en infraestructuras, hoteles, aeropuertos y experiencias exclusivas para los bolsillos más privilegiados.

No se trata únicamente de atraer más visitantes, sino de atraer a quienes más gastan. Según el World Travel & Tourism Council (WTTC) y la consultora McKinsey & Company, el segmento del turismo de lujo está creciendo por encima del turismo convencional, impulsado por el aumento del patrimonio de las grandes fortunas y por una demanda cada vez mayor de experiencias personalizadas.

El Caribe pierde fuelle ante destinos aún más exóticos

Uno de los casos más llamativos es Arabia Saudí. El país ha convertido el turismo en uno de los pilares de su estrategia de diversificación económica (Vision 2030) con el objetivo de reducir su dependencia del petróleo. Entre los proyectos más ambiciosos figuran NEOM, el complejo turístico del Mar Rojo o el desarrollo de Diriyah, una ciudad histórica a las afueras de Riad, la capital. Según el Ministerio de Turismo saudí, el país superó en 2025 el objetivo de los 100 millones de visitantes anuales —incluyendo turismo nacional e internacional—, cinco años antes de lo previsto, lo que llevó al Gobierno a elevar la meta hasta los 150 millones para 2030.

En los Balcanes, Albania está experimentando un crecimiento turístico sin precedentes. Tradicionalmente asociada al turismo low cost, el país está atrayendo cada vez más inversiones en complejos hoteleros, puertos deportivos y viviendas de alta gama, especialmente en la llamada Riviera Albanesa. Según la Organización Mundial del Turismo, Albania figura entre los destinos europeos con mayor aumento de llegadas internacionales tras la pandemia.

Un fenómeno similar se observa en Montenegro. Con apenas unos 620.000 habitantes, el país ha apostado por desarrollar un turismo de alto nivel en la costa adriática. Proyectos como Porto Montenegro, un puerto para megayates construida en la bahía de Kotor, o Portonovi, un complejo residencial y hotelero de lujo, han contribuido a posicionar al país entre los destinos preferidos del turismo náutico y de grandes patrimonios en el Mediterráneo oriental.

El caso de Bután responde a una estrategia completamente diferente. En lugar de apostar por el turismo masivo, el pequeño reino del Himalaya mantiene desde hace décadas una política de "alto valor y bajo volumen". Los visitantes de otros países deben abonar una tasa de desarrollo sostenible —actualmente de 80 euros por persona y noche para la mayoría de turistas extranjeros—, además del coste del viaje. El objetivo es limitar la presión demográfica sobre el territorio y maximizar el impacto económico de cada visitante. Esta política convierte a Bután en uno de los ejemplos más exitosos de turismo de lujo basado en la exclusividad y la sostenibilidad.

Mientras tanto, los Emiratos Árabes Unidos, y especialmente Dubái y Abu Dabi, continúan consolidando su posición como uno de los grandes centros mundiales del turismo premium. Según el Departamento de Economía y Turismo de Dubái, el emirato recibió en torno a 20 millones de visitantes el año pasado, un récord histórico. La estrategia combina hoteles de cinco estrellas, gastronomía de alto nivel, compras de lujo, grandes eventos internacionales y una conectividad aérea difícil de igualar.

Menos turistas, pero que gasten más

Detrás de estas estrategias hay un mismo objetivo, aumentar el gasto por visitante en lugar de limitarse a incrementar el número de turistas. El turismo de lujo genera una mayor demanda de restauración, comercio, transporte, alojamiento y servicios especializados, además de favorecer inversiones privadas en determinadas infraestructuras.

Sin embargo, este modelo también plantea interrogantes. El rápido desarrollo de grandes proyectos turísticos puede elevar el precio de la vivienda local, aumentar la presión sobre los recursos naturales y transformar profundamente las economías de los lugares de destino. Por eso, organismos como la ONU insisten en que el crecimiento del sector debe ir acompañado de criterios de sostenibilidad ambiental y social. No obstante, la tendencia parece consolidada.

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