Empresas

Las empresas vuelven a comprar en Europa aunque paguen un poco más

Cada vez más empresas priorizan trabajar con proveedores situados en Europa, incluso cuando ello supone asumir precios más elevados

Por Alberto Mesas

Durante muchos años, la lógica empresarial ha seguido la máxima de fabricar o comprar donde los costes fuesen más bajos. La expansión de la globalización permitió a miles de empresas trasladar parte de su producción a Asia y construir cadenas de suministro repartidas por todo el mundo. Sin embargo, esa estrategia está cambiando. La pandemia, las tensiones geopolíticas y la creciente incertidumbre internacional han llevado a muchas compañías a replantearse si el proveedor más barato sigue siendo también el más rentable.

El fenómeno, conocido como nearshoring o regionalización de las cadenas de suministro, no implica el abandono del comercio internacional, sino una búsqueda de mayor equilibrio entre coste y seguridad. Cada vez más empresas priorizan trabajar con proveedores situados en Europa o en países próximos, incluso cuando ello supone asumir precios más elevados.

La transformación comenzó con la pandemia de COVID-19. Los cierres de fábricas, las restricciones al transporte marítimo y la escasez de componentes dejaron en evidencia la vulnerabilidad de muchas cadenas de suministro globales. Sectores como la automoción, la electrónica o la industria farmacéutica sufrieron retrasos de meses por la falta de piezas esenciales.

Proximidad, aunque sea más caro

A estos problemas se sumaron posteriormente la invasión rusa de Ucrania, las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China y la inestabilidad en rutas estratégicas como el mar Rojo. Todos estos acontecimientos han reforzado la idea de que reducir costes ya no puede ser el único criterio para elegir un proveedor.

La Comisión Europea ha convertido esta cuestión en una prioridad. En los últimos años ha impulsado iniciativas destinadas a reforzar la autonomía estratégica del continente en sectores considerados críticos, como los semiconductores, las baterías, las materias primas estratégicas o los productos farmacéuticos. El objetivo no es sustituir el comercio internacional, sino reducir dependencias excesivas de un número muy limitado de países.

Las empresas parecen avanzar en la misma dirección. El informe European CEO Survey de PwC refleja que los directivos europeos sitúan las interrupciones en las cadenas de suministro y la incertidumbre geopolítica entre los principales riesgos para sus negocios. Por su parte, diversas encuestas elaboradas por McKinsey & Company muestran que numerosas compañías están diversificando proveedores y aumentando la regionalización de sus compras para mejorar su resiliencia.

España también participa en este proceso. Sectores como la automoción, la industria agroalimentaria, la maquinaria o los componentes industriales buscan ampliar su base de suministradores dentro de Europa para reducir el riesgo de interrupciones. No significa abandonar los proveedores asiáticos, que siguen desempeñando un papel esencial en numerosas cadenas de valor, sino evitar depender exclusivamente de ellos.

Este cambio también está beneficiando a algunos fabricantes europeos. Empresas capaces de producir componentes con mayor rapidez o garantizar entregas más estables encuentran nuevas oportunidades frente a competidores con menores costes pero ubicados a miles de kilómetros.

No obstante, el precio continúa siendo un factor determinante. La mayoría de las compañías no están sustituyendo completamente a sus proveedores tradicionales, sino combinando distintas fuentes de suministro. Esta estrategia, conocida como China+1 en muchos sectores industriales, consiste en mantener parte de la producción en Asia mientras se desarrollan proveedores alternativos en otros países para reducir riesgos.

Los expertos advierten además de que trasladar la producción a Europa no siempre resulta viable. En determinadas industrias siguen existiendo importantes diferencias de costes laborales, capacidad industrial o disponibilidad de materias primas. Además, algunos productos dependen de ecosistemas manufactureros muy difíciles de replicar a corto plazo.

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