La salida de China ha sido una de las grandes tendencias industriales de los últimos cinco años. Las tensiones comerciales con Estados Unidos, los aranceles y la preocupación de las empresas por depender de un único país llevaron a muchos fabricantes a trasladar parte de su producción hacia Vietnam, India, Tailandia o México. La estrategia tenía incluso un nombre propio, China + 1. Pero el proceso está resultando bastante más complicado de lo previsto.
Un año después de que muchas empresas aceleraran esos movimientos para reducir su exposición a los aranceles estadounidenses, algunas están llevando parte de la producción de nuevo a China. Uno de los casos es el de Dawang Metals, una empresa china de fundición que perdió pedidos de un cliente estadounidense después de que este trasladara parte de sus compras a India. El cliente ha vuelto posteriormente con nuevos pedidos después de encontrarse con problemas en su nueva cadena de suministro.
Y es que el problema va mucho más allá del coste de instalar una fábrica. China ha desarrollado durante décadas una enorme concentración de proveedores y fabricantes especializados que permite producir desde los componentes básicos hasta el producto terminado dentro de un mismo entorno industrial. Replicar ese ecosistema en otro país requiere inversiones adicionales y, en muchos sectores, encontrar proveedores capaces de ofrecer el mismo volumen y especialización no resulta sencillo.
Los datos de la consultora McKinsey ayudan a entender por qué. China está reforzando su papel como proveedor de otras industrias y no solo como fabricante de productos destinados al consumidor final. En el primer semestre de 2026, las exportaciones chinas de bienes intermedios aumentaron un 27% respecto al mismo periodo del año anterior y representaron casi tres cuartas partes del crecimiento de sus exportaciones. Los semiconductores, las baterías y otros componentes industriales estuvieron entre los productos que más crecieron.
Eso significa que trasladar el montaje final a otro país no implica necesariamente abandonar China. Una empresa puede fabricar un producto en Vietnam o India y seguir dependiendo de proveedores chinos para buena parte de sus componentes.
El caso de Shein resulta especialmente ilustrativo. La empresa impulsó a algunos de sus principales proveedores chinos a establecer bases de producción en Vietnam ante el riesgo de nuevos aranceles estadounidenses. Sin embargo, Reuters informó en agosto de que Shein estaba reduciendo de forma drástica su proyecto logístico vietnamita. El centro, que inicialmente ocupaba 15 hectáreas, había pasado a utilizar alrededor de seis.
Esto no significa que la deslocalización haya fracasado ni que las empresas estén abandonando Vietnam, India o el resto del sudeste asiático. McKinsey señala que otros países asiáticos han ganado peso como centro industrial y que India también está captando parte de la producción que antes se concentraba en China. En sectores como los teléfonos móviles y los ordenadores, por ejemplo, buena parte del ensamblaje final se ha desplazado hacia India, Vietnam y Tailandia, aunque muchos componentes continúan procediendo del gigante asiático.
