Economía

El nuevo oro digital: por qué los fondos de inversión están comprando centros de datos

Impulsados por el auge de la IA, estos complejos han pasado a ocupar un lugar central en las estrategias de inversión de fondos soberanos y grandes firmas de capital privado.

Bain & Company estima un crecimiento del 30% anual en los centros de datos en España hasta 2030
Por Alberto Mesas

Durante años, los fondos de inversión han buscado rentabilidad en activos como oficinas, centros comerciales, autopistas o aeropuertos. Hoy, una nueva infraestructura se está convirtiendo en uno de los activos más codiciados del mercado, los centros de datos. Impulsados por el auge de la inteligencia artificial, estos complejos tecnológicos han pasado de ser una infraestructura relativamente desconocida a ocupar un lugar central en las estrategias de inversión de fondos soberanos, gestoras de infraestructuras y grandes firmas de capital privado.

La lógica detrás de este interés es sencilla. La economía digital depende cada vez más de instalaciones capaces de almacenar, procesar y distribuir enormes cantidades de información. Cada búsqueda en internet, cada vídeo en streaming y cada consulta a un sistema de inteligencia artificial requiere una gran capacidad de procesamiento.

La demanda energética ha crecido desde la explosión de la IA

Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el crecimiento de la inteligencia artificial está provocando un aumento acelerado de la demanda de capacidad informática y de consumo eléctrico asociado a estas infraestructuras. La organización prevé que la demanda energética de los centros de datos aumente significativamente durante los próximos años, impulsada principalmente por las aplicaciones de IA.

Esta tendencia ha despertado el interés de los grandes inversores institucionales. Fondos soberanos como el de Singapur (GIC), el de Abu Dabi (ADIA) o el de Canadá (CPP Investments) han participado en operaciones relacionadas con centros de datos durante los últimos años. También lo han hecho algunas de las mayores firmas de inversión del mundo, entre ellas Blackstone, KKR, Brookfield o DigitalBridge.

Una de las razones es que los centros de datos comparten características con otras infraestructuras consideradas estratégicas. Requieren elevadas inversiones iniciales, suelen operar mediante contratos de larga duración y generan flujos de ingresos relativamente estables una vez que alcanzan niveles elevados de ocupación.

Además, existe un factor que atrae especialmente a los inversores, que la demanda continúa creciendo. Mientras que el mercado de oficinas ha sufrido transformaciones derivadas del teletrabajo y el comercio electrónico ha reducido la importancia de determinados activos comerciales, la digitalización de la economía sigue incrementando la necesidad de almacenamiento y procesamiento de datos.

La inteligencia artificial ha acelerado aún más esta dinámica. Los modelos avanzados requieren una capacidad de procesamiento muy superior a la utilizada por muchas aplicaciones digitales tradicionales. Esto ha provocado una carrera global para construir nuevas instalaciones capaces de albergar miles de procesadores especializados.

Instalaciones difíciles de abastecer

Sin embargo, no todo son oportunidades. El desarrollo de centros de datos se enfrenta a desafíos importantes. El primero es energético. Estas instalaciones consumen enormes cantidades de electricidad y su expansión depende en muchos casos de la disponibilidad de redes eléctricas suficientemente robustas. En mercados como Irlanda, algunas regiones de Estados Unidos o determinadas zonas de Europa ya han surgido debates sobre la capacidad que tienen las infraestructuras energéticas de absorber nuevos proyectos.

El segundo reto es la financiación. Construir un gran centro de datos exige inversiones de cientos de millones de euros y requiere acceso a suelo adecuado, conexiones de fibra óptica y suministro energético garantizado. Aun así, la tendencia parece consolidada. Lo que hace una década era considerado un activo tecnológico especializado se está convirtiendo en una infraestructura básica de la economía digital. Para muchos fondos, los centros de datos representan hoy algo parecido a lo que en su momento fueron las autopistas, los aeropuertos o las redes eléctricas, activos estratégicos sobre los que se construye buena parte del crecimiento económico.

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