Durante más de veinte años, buena parte de la industria europea trasladó su producción a Asia atraída por unos costes laborales más bajos y una cadena de suministro cada vez más globalizada. Sin embargo, las disrupciones provocadas por la pandemia, el encarecimiento del transporte marítimo, las tensiones geopolíticas y la necesidad de reducir riesgos han impulsado la estrategia de fabricar más cerca del mercado europeo. Este fenómeno, conocido como nearshoring, está beneficiando a varios países que aspiran a convertirse en los nuevos centros industriales del continente.
Entre los principales candidatos figuran Marruecos, Turquía, Rumanía, Serbia y Egipto. Cada uno ofrece ventajas distintas, pero todos comparten el objetivo de atraer inversiones que antes habrían terminado en China, Vietnam o Bangladesh.
Marruecos es el caso más llamativo. Su proximidad geográfica a Europa, los acuerdos comerciales con la Unión Europea y una política sostenida de atracción de inversión extranjera han favorecido el desarrollo de sectores como la automoción y la aeronáutica. Según la Organización Internacional de Constructores de Automóviles (OICA), Marruecos se ha consolidado como uno de los principales productores de vehículos de África. Empresas como Renault y Stellantis cuentan con importantes instalaciones industriales en el país, desde donde exportan gran parte de su producción al mercado europeo.
Turquía parte con una ventaja adicional, ya que dispone de una base industrial muy desarrollada. Su unión aduanera con la Unión Europea para productos industriales facilita el comercio, mientras que sectores como el textil, los electrodomésticos, la automoción o la maquinaria llevan décadas integrados en las cadenas de suministro europeas. A pesar de la incertidumbre derivada de la elevada inflación y de la volatilidad de la lira, el país continúa siendo un proveedor clave para numerosos fabricantes europeos.
Rumanía y Serbia representan otra alternativa. Ambos países han atraído inversiones gracias a unos costes laborales inferiores a los de Europa occidental y a una mano de obra cualificada, especialmente en actividades industriales. Rumanía, además, cuenta con la ventaja de pertenecer a la Unión Europea, lo que elimina barreras comerciales y facilita la integración en el mercado único. Empresas del automóvil, componentes electrónicos o equipamiento industrial han reforzado su presencia en el país durante los últimos años.
Egipto también intenta aprovechar esta reorganización de las cadenas de suministro. Su ubicación estratégica entre Europa, África y Oriente Medio, junto con el papel del canal de Suez en el comercio internacional, ha impulsado la creación de nuevas zonas industriales orientadas a la exportación. El Gobierno egipcio busca atraer inversiones en sectores como el textil, los productos químicos, la industria alimentaria y la fabricación de componentes.
La Comisión Europea y diversos organismos internacionales llevan tiempo advirtiendo de la necesidad de reforzar las cadenas de suministro. La experiencia de la pandemia, la escasez de semiconductores y las tensiones geopolíticas han puesto de manifiesto los riesgos de depender excesivamente de un reducido número de países para el suministro de productos estratégicos. Sin abandonar Asia, muchas empresas están optando por diversificar parte de su producción hacia ubicaciones más cercanas.
Para España, esta tendencia presenta importantes oportunidades. La proximidad con Marruecos ha favorecido la integración industrial en sectores como la automoción, el textil o la logística. Al mismo tiempo, empresas españolas de ingeniería, transporte, componentes industriales o energías renovables encuentran nuevas oportunidades de negocio en estos mercados gracias al aumento de la inversión extranjera.
No obstante, también existe una mayor competencia por atraer proyectos industriales. Países como Rumanía o Marruecos ofrecen costes laborales inferiores a los españoles, mientras que Turquía mantiene una sólida capacidad manufacturera en numerosos sectores. Esto obliga a España a competir mediante otros factores, como la innovación, la automatización, la estabilidad institucional, las infraestructuras y la disponibilidad de talento especializado.
Pese al creciente interés por el nearshoring, China sigue ocupando una posición central en la industria mundial. La reorganización de las cadenas de suministro no implica un abandono de Asia, sino una diversificación de los riesgos. Muchas multinacionales mantienen su producción en China mientras desarrollan nuevas capacidades en países más próximos al mercado europeo.
