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De una idea en un garaje a cotizar en bolsa: cómo una patente puede convertir una empresa pequeña en un...

Este modelo de negocio ha dado lugar a empresas valoradas en miles de millones de euros cuya principal actividad consiste en desarrollar propiedad intelectual

Por Alberto Mesas

No todas las grandes empresas nacen fabricando productos. Algunas construyen su éxito sobre un activo mucho menos visible, mediante una patente. Una tecnología innovadora protegida legalmente puede convertirse en una fuente de ingresos durante años gracias al cobro de licencias a otras empresas, sin necesidad de producir ni vender directamente al consumidor. Este modelo de negocio ha dado lugar a compañías valoradas en miles de millones de euros cuya principal actividad consiste en desarrollar propiedad intelectual.

Las patentes otorgan a su titular un derecho exclusivo de explotación durante un periodo determinado —generalmente hasta 20 años desde la fecha de solicitud, siempre que se mantengan las tasas correspondientes—. Durante ese tiempo, terceros no pueden fabricar, utilizar o comercializar la invención sin autorización. Esa exclusividad permite recuperar la inversión realizada en investigación y desarrollo (I+D) y, en muchos casos, obtener ingresos mediante acuerdos de licencia.

Uno de los ejemplos más conocidos es ARM Holdings. La empresa británica no fabrica procesadores, sino que diseña arquitecturas de microchips y licencia esa tecnología a fabricantes como Apple, Qualcomm, Samsung o MediaTek. Según la propia empresa, más de 300.000 millones de chips basados en su arquitectura se han distribuido desde su fundación, lo que convierte a ARM en uno de los mayores proveedores de propiedad intelectual del sector de los semiconductores.

Ingresos millonarios por royalties

Otro caso es Qualcomm. Aunque desarrolla determinados productos, una parte muy relevante de sus beneficios procede de la licencia de tecnologías esenciales para las comunicaciones móviles. Sus patentes sobre estándares como 3G, 4G y 5G permiten a numerosos fabricantes utilizar esas tecnologías a cambio del pago de royalties. En sus informes anuales, la compañía distingue claramente entre el negocio de fabricación de chips y el derivado de la explotación de su cartera de propiedad intelectual.

El sector farmacéutico constituye otro ejemplo. Muchas empresas biotecnológicas dedican años a desarrollar una molécula o una tecnología médica con el objetivo de licenciarla posteriormente a grandes laboratorios encargados de completar los ensayos clínicos, obtener la autorización regulatoria y comercializar el medicamento. En estos casos, la patente puede ser el principal activo de una empresa que todavía no genera ingresos por ventas.

La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) destaca que las patentes desempeñan un papel esencial en la transferencia tecnológica. Al proteger una innovación, facilitan que empresas, universidades o centros de investigación puedan negociar acuerdos de licencia con mayor seguridad jurídica, favoreciendo la difusión de nuevas tecnologías sin perder el control sobre su explotación.

La importancia económica de estos activos también ha aumentado por el peso creciente de los bienes intangibles. Un estudio elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señala que el conocimiento, el software, las marcas y la propiedad intelectual representan una parte cada vez mayor del valor de las empresas en las economías avanzadas. En muchos sectores, los activos intangibles ya generan más valor que las instalaciones industriales o la maquinaria.

España también busca reforzar este ámbito. Según la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM), el número de solicitudes nacionales de patentes ha mostrado una evolución relativamente estable durante los últimos años, mientras que las empresas incrementan progresivamente el uso de otros instrumentos de protección como los modelos de utilidad o las patentes europeas. No obstante, España continúa situándose por detrás de las principales economías europeas en volumen de solicitudes, según los datos de la Oficina Europea de Patentes (EPO).

Es cierto que registrar una patente no garantiza el éxito comercial. Muchas nunca llegan a explotarse y otras pierden rápidamente valor porque aparecen tecnologías más avanzadas. Además, mantener una cartera internacional de patentes implica costes elevados de registro, renovación y defensa jurídica, especialmente cuando surgen litigios por infracción. Aun así, el valor estratégico de la propiedad intelectual continúa creciendo.

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