Cuestión de adaptación. España ocupa el puesto 39 entre 61 países, por detrás de Portugal, República Checa o Grecia en el World Talent Report de IMD. Posición similar (36) en el Índice de Competitividad por el Talento Global (GTCI) de Adecco. “En un entorno de tan rápida evolución, donde más de un 60% de los puestos de trabajo de hoy no existían hace 25 años, la capacidad para anticipar y preparar las habilidades y conocimientos necesarios que demandan los nuevos puestos de trabajo resulta esencial”, asegura Germán Nicolás, director general del Sur de Europa de Hay Group.
¿Cómo obtener lo que quiere la empresa? Las personas son el principal activo de una compañía. Como tal es necesario entenderlo y tomar medidas para retenerlo. “Lo contrario nos condenará a la paulatina pérdida de eficacia y productividad”, manifiesta David Monge, director general de Nexian. ¿Ojeadores como los que tienen los clubes de fútbol? Podría ser una buena solución. Pero, al igual que ellos, no deben dormirse en los laureles una vez descubierto el Messi de turno. “Conseguido, tendrán que buscar nuevos objetivos y nuevas personas en función de las necesidades de la compañía”, apunta Mariví Campos, socio de Talengo. Porque en el futuro, más que un Messi, quizás se necesite un Sergio Ramos. De ahí que tenga que ‘cambiar de gafas’ y poner su ‘punto de mira’ en las carencias que haya que cubrir, y no en las estrellas que brillan pero que no aportarían nada. “El talento es un sistema vivo, alineado con las necesidades de la empresa, pero cambiante”, matiza la socia de Talengo. Oferta atractiva. Que existe un desajuste entre la oferta profesional del mercado laboral y las necesidades empresariales es obvio. “Dependiendo del sector productivo, entre un 50% y un 65% de las empresas que dicen tener dificultades para encontrar talento no es porque no exista sino porque la oferta no es atractiva”, relata Valentín Bote, director de Randstad Research. Salarios, condiciones laborales… y algo más. Por ejemplo, los millennials (aquellos nacidos entre 1980 y 2000) exigen transparencia y motivación, entre otros aspectos. “El orden jerárquico de las empresas no está abierto a la inclusión y al diálogo. Por eso, a esta generación no le interesan estas empresas. El estilo directivo tiene que cambiar y escucharles”, indica Camilla Hillier-Fry. Porque ellos lo que también buscan es participar y aportar. Otra forma de mejorar este desorden es conocer la demanda, anticiparse a ella. “Los ciclos económicos no se pueden predecir, pero sí analizar cuál será la demanda”, indica Fernando Guijarro, director general de Talent Manager de Hudson. Y en paralelo, reformar el modelo educativo. Se invierte en educación, pero no se prepara a los jóvenes para las nuevas necesidades de la economía. “Las universidades deben formar a los profesionales en las capacidades técnicas que requieren las empresas y éstas deben mostrar sus necesidades a aquellas”, resalta David Monge. 
