La expansión de las energías renovables ha puesto el foco durante décadas en los paneles solares y los aerogeneradores. Sin embargo, la clave de la transición energética no está en generar electricidad, sino en almacenarla. La capacidad para guardar la energía producida cuando hay sol o viento de sobra y utilizarla horas o incluso días después será determinante para construir un sistema eléctrico que avance en la descarbonización.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) considera que el almacenamiento energético es una de las tecnologías clave para garantizar la estabilidad de las redes eléctricas. En su informe Electricity 2025, la organización señala que el fuerte crecimiento de la generación renovable obliga a desarrollar sistemas capaces de equilibrar la oferta y la demanda en tiempo real, especialmente a medida que aumenta el peso de la energía solar fotovoltaica y la eólica.
La tecnología que más rápidamente está creciendo es el almacenamiento mediante baterías de litio. Según el informe Renewables 2025 de la AIE, la capacidad mundial instalada de baterías conectadas a la red continúa aumentando a un ritmo muy elevado gracias a la reducción de costes y al incremento de la inversión pública y privada. Estas instalaciones permiten almacenar electricidad durante varias horas y liberarla en los momentos de mayor demanda.
Guardar la energía para cuando haya mayor demanda
No obstante, las baterías no son la única solución. El almacenamiento hidroeléctrico por bombeo sigue siendo, con diferencia, el sistema más extendido del mundo. De acuerdo con la International Hydropower Association (IHA), representa más del 90% de la capacidad global de almacenamiento eléctrico de larga duración. Su funcionamiento es relativamente sencillo, cuando sobra electricidad, el agua se bombea desde un embalse inferior a otro situado a mayor altura, así cuando aumenta la demanda, ese agua vuelve a descender, moviendo turbinas que generan electricidad.
Otra tecnología que está ganando protagonismo es el almacenamiento térmico mediante sales fundidas. Este sistema, utilizado principalmente en centrales solares de concentración, permite conservar calor durante varias horas para seguir produciendo electricidad incluso después de la puesta de sol. España es uno de los países con mayor experiencia en este ámbito gracias al desarrollo de plantas termosolares en Andalucía y Extremadura, aunque el crecimiento reciente de esta tecnología ha sido más moderado que el de la fotovoltaica.
El hidrógeno verde también se encuentra entre las soluciones de almacenamiento. En vez de guardar electricidad directamente, utiliza el excedente de producción renovable para obtener hidrógeno mediante electrólisis. Ese hidrógeno puede emplearse posteriormente como combustible industrial, para el transporte pesado o para volver a generar electricidad. Sin embargo, tanto la Agencia Internacional de la Energía como la Agencia Internacional de las Energías Renovables (IRENA) coinciden en que esta tecnología todavía debe superar importantes desafíos relacionados con sus costes, la eficiencia del proceso y el desarrollo de infraestructuras.
La necesidad de invertir en almacenamiento crecerá a medida que aumente la electrificación de la economía. La expansión del coche eléctrico, la climatización de edificios, la producción de hidrógeno y el auge de los centros de datos vinculados a la inteligencia artificial incrementarán la demanda de electricidad durante las próximas décadas. Al mismo tiempo, la generación de energía renovable será cada vez más variable, dependiendo de la disponibilidad de viento y de las horas de sol.
Por este motivo, numerosos gobiernos están incorporando el almacenamiento a sus estrategias energéticas. La Unión Europea lo considera un elemento esencial para alcanzar los objetivos de neutralidad climática en 2050, mientras que Estados Unidos ha impulsado inversiones específicas a través de la Inflation Reduction Act para favorecer tanto la fabricación de baterías como el despliegue de sistemas de almacenamiento. Sin embargo, y a pesar del avance tecnológico, el sector aún tiene obstáculos por delante, como reducir el coste de algunas tecnologías, la disponibilidad de materias primas para fabricar baterías, los tiempos de tramitación de nuevas infraestructuras y la adaptación de las redes eléctricas.
