sábado 25 • junio 2022

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Cambio Tecnológico: ¿exceso de velocidad?  

“Cambio Tecnológico: ¿exceso de velocidad?”, por Joan Riera, presidente y cofundador de Active Development. Profesor en ESADE. Emprendedor en serie, inversor y consejero. Escritor y activo conferenciante. 

Vivimos un momento maravilloso de grandes oportunidades gracias a una larga lista de nuevas tecnologías que crece día a día con un impacto en los mercados sin precedentes. Tecnologías que llegan a la vez y de forma cada vez más rápida, aceleradas por una pandemia.

Ninguna organización de futuro entiende hoy el cambio como un proyecto con un inicio y un fin, sino que los más audaces hemos adoptado el cambio como un hábito, en una constante sistemática que ya forma parte del ADN organizativo. Esto hace que la flexibilidad y la agilidad se den de forma natural en las empresas más competitivas, siendo un denominador común para cumplir objetivos en este entorno tan dinámico.  

Estos impactos tecnológicos tienen carácter exponencial, mientras todos aún pensamos de forma lineal. Es la educación que hemos recibido y el sistema operativo de nuestros cerebros. Esto hace que nos siga cogiendo por sorpresa el cambio tecnológico, nunca esperamos que sea tan rápido. Si para los consultores y asesores que hemos transformado empresas durante los últimos 20 años ha sido un viaje intenso y apasionante, los próximos 20 ejercicios van a ser aún mejores, porque disfrutaremos más cambios que todos los acontecidos en el último siglo. 

Una parte notable de la mano de obra actual ya no será fundamental y será necesario revisar nuestro modelo social y nuestras políticas públicas”

Sectores como el de la movilidad se han transformado en menos de una década. Aprovechamos tecnologías que llegan tan rápido, capaces de ofrecer funcionalidades que hasta no hace tanto eran consideradas ciencia ficción, como la electrificación, la conducción autónoma o los drones. O el sistema bancario, que ya ha cambiado para siempre y seguirá evolucionando ante el reto de seguir jugando un papel relevante en la intermediación financiera, en un mundo que tiende a la desintermediación y la descentralización impulsada por blockchain.  

La disrupción irrumpe siempre desde fuera del sector y coge a las empresas a contrapié, proporcionando una visión fresca, renovada y mucho más moderna. Muchas veces, atacando a los no-clientes, es decir, a aquellos que las empresas tradicionales han dejado desatendidos. Ningún cartero inventó el e-mail y ningún fabricante de velas inventó la bombilla. No tiene sentido oponerse a la innovación que llega para facilitar la vida de los individuos y mejorar sus relaciones personales y profesionales, es un camino irreversible.  

Aunque nos surge un gran dilema. ¿Todos los usuarios y clientes pueden adoptar tal velocidad de cambio tecnológico? ¿No estaremos yendo demasiado rápido? Quizá estamos viajando en “exceso de velocidad” para determinadas personas, que se quedan inevitablemente atrás ante la incapacidad de adoptar tantas nuevas tecnologías. 

El impacto en la población activa ya es evidente. La Inteligencia Artificial, el aprendizaje automático y los robots aportan cada vez más prestaciones a un menor coste, dejando “fuera de juego” a muchos trabajadores, a la vez que se crean nuevas necesidades y requerimientos. La seguridad laboral se cuestiona y aflora el emprendimiento ante la ola de oportunidades actual. No todo el mundo será capaz de renovar sus habilidades y competencias a la velocidad que requiere este nuevo entorno y corremos el peligro de crear una clase marginal crónica de personas sin empleo.   

Pronosticamos una etapa de gran abundancia en los próximos años, en la que una parte notable de la mano de obra actual ya no será fundamental. Será necesario revisar nuestro modelo social y nuestras políticas públicas, en línea con el contrato social. Esperamos que la legislación pueda adelantarse de forma proactiva y aprovechar las oportunidades que brindan estos cambios y no esperar a reaccionar cuando quizás ya sea demasiado tarde. 

Por otro lado, existe un colectivo de adultos mayores con peligro de exclusión social por el reto que les supone el uso de tecnología y la velocidad del cambio. Algo que intuíamos y que ha quedado patente durante la pandemia, en la que el uso de internet ha sido vital para cubrir necesidades básicas. No cabe duda de que los beneficios que la tecnología brinda para este colectivo, facilitando su comunicación, mejorando su autonomía e independencia y manteniéndolos activos y saludables. Esta brecha digital no se debe a la edad, sino a la carencia de medios, formación e infraestructuras. La tecnología mejorará la vejez de todos, y es sin duda nuestra responsabilidad hacerla accesible.  

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