El portal inmobiliario idealista ha analizado los efectos de la Ley de Vivienda tres años después de su entrada en vigor en mayo de 2023. Esta legislación, concebida para contener el precio del alquiler y mejorar el acceso a la vivienda, ha coincidido con un alza del 31% en los precios del alquiler, una reducción del 30% en la oferta y una competencia entre inquilinos que se ha disparado un 119%.
Según los datos recopilados por idealista, ninguna capital española ha experimentado una bajada en los precios del alquiler. Pamplona, que aplicó topes de precio, registra la menor subida con un 11,9%. Le siguen Girona (12,6%), Vitoria (13,1%), Lleida (16%) y otras ciudades como San Sebastián y Barcelona. Por el contrario, Segovia lidera el aumento de precios con un 51,2%, seguida por Madrid y Valencia con incrementos superiores al 40%.
La moderación de los precios se ha conseguido en mercados declarados tensionados, pero a costa de reducir notablemente la oferta
La oferta de alquiler ha disminuido considerablemente en varios mercados, siendo Barcelona la más afectada con una reducción del 69%. En Bilbao, Pamplona y San Sebastián, la oferta ha caído en torno al 58%, mientras que Valencia y Madrid han experimentado disminuciones del 8% y 30% respectivamente.
Por otra parte, en algunas ciudades, como Cáceres y Cuenca, la disponibilidad de viviendas ha aumentado desde la entrada en vigor de la ley. El mayor incremento se ha observado en Cáceres con un 66% más de viviendas disponibles.
Idealista también destaca el aumento de la competencia entre inquilinos como el principal problema del mercado actual, con una media de 41 contactos por anuncio en España, duplicando las cifras de hace tres años. Vitoria y Pamplona se encuentran entre las ciudades con mayor competencia, con más de 100 familias interesadas por anuncio.
Francisco Iñareta, portavoz de idealista, advierte sobre la creciente elitización del mercado. Los propietarios tienden a favorecer a inquilinos con altos ingresos y estabilidad laboral, lo que excluye a jóvenes y familias vulnerables. Según Iñareta, Barcelona ejemplifica esta paradoja, ya que, aunque la regulación ha moderado algunos precios, la oferta sigue siendo limitada y competitiva.
