Europa enfrenta serias dificultades para garantizar la seguridad del suministro de gas durante el próximo invierno, según advierte un informe de KPMG. La decisión de prohibir el gas ruso coincide con un mercado global tenso y niveles de almacenamiento que están por debajo de la media de los últimos quince años. Además, el calendario de eliminación de las importaciones rusas, según el Reglamento (UE) 2026/261, se lleva a cabo en un entorno con restricciones operativas significativas.
Entre las complicaciones mencionadas en el informe están los problemas de tránsito por el Estrecho de Ormuz, la menor disponibilidad de exportaciones desde Qatar y Emiratos Árabes Unidos, así como una fuerte competencia con el mercado asiático. Estos factores, junto con el incremento del riesgo geopolítico, disminuyen drásticamente el margen de seguridad energética en Europa para los meses de frío.
Los contratos vigentes de gas ruso representan entre el 11% y el 14% de la demanda total europea, lo que demuestra el desafío que supone sustituir estas fuentes
El estudio de KPMG subraya que el continente depende de su capacidad para competir por cargamentos de gas natural licuado (GNL). La presión sobre los precios globales se acentúa debido a que el diferencial de precios se ha desplazado a favor de Asia, incentivando el desvío de cargamentos hacia ese continente. La situación se complica aún más por el bajo nivel de reservas en Europa, lo que debilita la capacidad de respuesta ante interrupciones potenciales en el suministro o aumentos imprevistos en la demanda.
Para España, aunque cuenta con una posición relativamente favorable gracias a su capacidad de regasificación, la diversificación de sus fuentes y la conexión con Argelia, no está exenta de riesgos. La dependencia del GNL la hace vulnerable a las fluctuaciones del mercado internacional, afectando la competitividad industrial y a los consumidores.
Eduardo González, socio responsable de Energía y Recursos Naturales de KPMG en España, sugiere que Europa habilite mecanismos de intercambio comercial para mitigar estos riesgos. Estos swaps permitirían sustituir el GNL ruso por gas de origen no ruso, optimizando la distribución global de los flujos de gas. Además, subraya la importancia de utilizar navieras e infraestructuras reguladas por estándares europeos para mejorar la transparencia y reducir la dependencia de operadores rusos.
