La OTAN se enfrenta al reto de adaptarse a las amenazas que plantea Rusia en el flanco este, con planes que superan la capacidad de combate terrestre actual de las fuerzas europeas, según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS). En su informe 'La defensa de Europa en una nueva era', el 'think tank' señala que, aunque las fuerzas terrestres europeas han mejorado, lo han hecho de manera desigual y tardía, partiendo desde condiciones iniciales poco favorables.
La invasión rusa de Ucrania ha llevado a una reorientación significativa de las fuerzas terrestres del continente, la más importante desde el fin de la Guerra Fría. Durante el periodo entre esta última y el conflicto actual en Ucrania, los ejércitos europeos se centraron en operaciones de gestión de crisis y despliegues limitados. Sin embargo, ahora se les presenta la exigencia de prepararse para un conflicto de gran escala. El IISS describe que estas necesidades comprenden defensa avanzada, refuerzos rápidos, y una serie de capacidades para responder a ataques electrónicos y de largo alcance.
La OTAN ha pasado de la disuasión a una planificación de defensa ante la amenaza directa de Rusia
La urgencia por adaptar las fuerzas de la OTAN se intensifica debido a un calendario cada vez más explícito y a evaluaciones que advierten la posibilidad de que Moscú recupere su capacidad militar en la segunda mitad de esta década, especialmente si la guerra en Ucrania se congela o finaliza en términos favorables para Rusia. Esto implica que los ejércitos europeos deben traducir los planes y compromisos de preparación en capacidades de combate operativas y completarlas con la logística y defensa necesaria.
El informe del IISS enfatiza que las fuerzas terrestres europeas ya no están en declive, pero las mejoras son desiguales y lentas, dejando a los nuevos planes de defensa de la OTAN por encima de la capacidad de combate existente. Para el instituto, una de las mayores tareas pendientes es el desarrollo del personal, artillería, defensa aérea y logística necesarias.
El principal desafío, según el IISS, reside en garantizar que las fuerzas europeas alcancen un nivel operativo eficaz en el tiempo requerido por los planes de la OTAN. Aunque Europa avanza en la dirección correcta, con países como Polonia y Alemania convirtiéndose en pilares centrales, aún queda mucho por hacer para que las capacidades planificadas se traduzcan en fuerza efectiva sobre el terreno.
