El eurodiputado del Partido Popular, Borja Giménez Larraz, ha manifestado su decepción respecto a la Ley de Vivienda Asequible presentada por la Comisión Europea. La propuesta, que busca ofrecer mayor seguridad jurídica a las autoridades locales para restringir el alquiler turístico y la compraventa de segundas viviendas en zonas tensionadas, ha sido criticada por Giménez Larraz, quien considera que la solución pasa por ampliar la oferta y no limitar el mercado único y la libre competencia.
La legislación, presentada en la Comisión de Vivienda del Parlamento Europeo, permitiría a las autoridades locales establecer medidas restrictivas sobre plataformas de alquiler de corta duración como Airbnb, así como a la compraventa de segundas viviendas. Sin embargo, Giménez Larraz ha insistido en que esta propuesta es decepcionante y ha recordado el informe sobre la crisis de la vivienda en la Unión Europea, del que él fue ponente, aprobado en marzo por el Parlamento Europeo. Dicho informe defiende la necesidad de aumentar la oferta y propone reducir impuestos, impulsar la financiación y desarrollar una plataforma paneuropea de vivienda pública.
El eurodiputado afirma que incrementar la oferta es clave para resolver la crisis de la vivienda, a diferencia de las políticas que se centran en repartir la escasez
Giménez Larraz ha señalado que, aunque la primera parte de la propuesta de la Comisión, relativa a recomendaciones y agilización de permisos, le parece razonable, la parte legislativa resulta profundamente decepcionante. Ha calificado de muy grave la restricción a la compra de segundas residencias, argumentando que supone un desatino absoluto que pone en entredicho principios fundamentales de la Unión Europea como el mercado único y la libre competencia.
El eurodiputado sostiene que medidas similares en países como Francia o Suiza han demostrado ser ineficaces, pues aunque han moderado los precios en zonas turísticas, han perjudicado el tejido productivo y la actividad económica. Giménez Larraz ha subrayado que estas políticas no solo son inútiles y contraproducentes, sino que son más propias de regímenes socialistas que del proyecto europeo que comparte.
