Economía

Cómo Europa intenta independizarse económicamente de China sin romper relaciones

Por Alberto Mesas

Reducir la dependencia sin romper los vínculos comerciales. Ese es el delicado equilibrio que busca la Unión Europea en su relación con China. Bruselas evita hablar de "desacoplamiento" y prefiere utilizar otro término, el de-risking, es decir, reducir riesgos. El objetivo no es dejar de comerciar con la segunda economía del mundo, sino evitar que una excesiva dependencia de productos estratégicos pueda convertirse en una vulnerabilidad económica o geopolítica.

La preocupación no es nueva, pero se intensificó tras la pandemia de COVID-19 y, sobre todo, después de la invasión rusa de Ucrania. La experiencia con el gas ruso llevó a la Comisión Europea a preguntarse si Europa podía repetir el mismo error con otros productos esenciales para su economía, como las tierras raras, las baterías, los semiconductores o determinados principios activos farmacéuticos.

La UE depende del gigante asiático

Uno de los ámbitos donde esa dependencia es más evidente es el de las materias primas críticas. China domina buena parte del procesamiento mundial de tierras raras y de otros minerales indispensables para fabricar coches eléctricos, aerogeneradores, teléfonos móviles o equipos de defensa. La propia Comisión Europea reconoce que Europa depende en gran medida de las importaciones de estos materiales y que, en muchos casos, proceden de un único proveedor. Para reducir ese riesgo, en 2024 entró en vigor la Critical Raw Materials Act, que fija objetivos para 2030. Entre ellos, se compromete a que al menos el 10% del consumo europeo de materias primas estratégicas proceda de extracción dentro de la UE, el 40% del procesamiento se realice en territorio comunitario, el 25% provenga del reciclaje y que ningún tercer país concentre más del 65% del suministro de una materia prima estratégica.

La diversificación también afecta a la industria de los semiconductores. La escasez de chips durante la pandemia puso de manifiesto la dependencia europea de fabricantes asiáticos, especialmente de Taiwán, Corea del Sur y China. Como respuesta, Bruselas aprobó la European Chips Act, un programa destinado a reforzar la capacidad de producción europea y atraer inversiones en un sector considerado estratégico. Aun así, diversos análisis advierten de que Europa sigue afrontando importantes desafíos para reducir su dependencia tecnológica tanto de Asia como de Estados Unidos.

Las baterías para coches eléctricos constituyen otro frente prioritario. Aunque Europa ha impulsado la construcción de gigafactorías y nuevas cadenas de suministro, China continúa liderando el refinado de minerales y la fabricación de componentes clave. La estrategia europea combina el desarrollo de capacidad industrial propia con acuerdos para asegurar el suministro de litio, níquel o cobalto desde países como Canadá, Australia, Chile o varios Estados africanos. Paralelamente, la Comisión ha firmado asociaciones estratégicas sobre materias primas con países como Namibia, Kazajistán, Chile o Argentina para diversificar el origen de estos recursos.

China es un socio importante

Bruselas insiste en que esta estrategia no busca romper relaciones con Pekín. China sigue siendo uno de los principales socios comerciales de la Unión Europea y un mercado esencial para numerosas empresas europeas. Por eso, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha defendido reiteradamente la idea de reducir la dependencia excesiva sin poner fin al comercio ni a la inversión entre ambos bloques.

España también se encuentra en medio de este proceso. Empresas como Iberdrola, Acciona o Gestamp participan en sectores —energías renovables, movilidad eléctrica o industria— especialmente sensibles al suministro de materias primas críticas. Al mismo tiempo, nuestro país intenta atraer inversiones para reforzar la fabricación europea de baterías y otros componentes industriales. España ha captado proyectos vinculados a fabricantes internacionales de baterías y vehículos eléctricos, aunque este proceso también genera el debate de cómo atraer capital chino sin aumentar la dependencia tecnológica de empresas controladas desde Pekín.

En paralelo, la Comisión Europea ha identificado decenas de proyectos estratégicos para impulsar la extracción, el procesamiento y el reciclaje de minerales dentro del territorio comunitario. El objetivo es construir una cadena de suministro capaz de resistir interrupciones comerciales o tensiones geopolíticas como las derivadas de las recientes restricciones chinas a la exportación de determinadas tierras raras.

La tarea, sin embargo, está lejos de ser sencilla. Sustituir décadas de dependencia requiere inversiones multimillonarias, nuevas explotaciones mineras, plantas de procesado, reciclaje y acuerdos comerciales con nuevos socios. Además, muchas empresas europeas siguen considerando a China un mercado irremplazable tanto por su tamaño como por su capacidad industrial.

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