Economía

Vuelve la apuesta por las nucleares que convierte el uranio en un negocio millonario

La crisis energética, la necesidad de reducir las emisiones de y el crecimiento exponencial de la IA y los centros de datos han devuelto el uranio al centro del tablero

Pros y contras de la energía nuclear
Por Alberto Mesas

Durante buena parte de la última década, el uranio fue una materia prima olvidada. El accidente de la central japonesa de Fukushima, en 2011, provocó el cierre de reactores nucleares en varios países y hundió la demanda del combustible utilizado para generar energía atómica. Sin embargo, ese escenario ha cambiado desde entonces. La crisis energética derivada de la guerra de Ucrania, la necesidad de reducir las emisiones de CO₂ y el crecimiento exponencial de la demanda eléctrica por la inteligencia artificial y los centros de datos han devuelto el uranio al centro del tablero energético.

Uno de los indicadores más claros de este cambio es la evolución de su precio. Según la consultora especializada UxC y la plataforma Cameco, una de las mayores productoras de uranio del mundo, el precio al contado del óxido de uranio superó los 100 dólares por libra (unos 88 euros por medio kilo) a comienzos de 2025, un nivel que no se veía desde 2007. Aunque luego ha registrado cierta corrección, continúa muy por encima de los niveles que dominaron el mercado durante gran parte de la década pasada.

La energía nuclear vuelve a estar en auge

El cambio responde, en primer lugar, a una renovada apuesta por la energía nuclear. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) señala que la generación de energía nuclear en todo el mundo alcanzó un máximo histórico en 2025 y considera que esta fuente de energía desempeñará un papel relevante para garantizar un suministro eléctrico estable mientras avanzan las políticas de descarbonización. A diferencia de la energía solar o la eólica, las centrales nucleares producen electricidad de forma continua, independientemente de las condiciones meteorológicas.

La demanda adicional de electricidad también está modificando las perspectivas del sector. La AIE estima que los centros de datos, impulsados por la expansión de la inteligencia artificial, incrementarán de forma significativa su consumo eléctrico durante esta década. Este fenómeno ha reabierto el debate sobre qué fuentes de energía podrán cubrir esa demanda sin aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero.

En paralelo, varios países han revisado sus políticas nucleares. Japón ha vuelto a poner en funcionamiento algunos reactores que permanecían cerrados tras Fukushima, Francia mantiene la energía nuclear como uno de los pilares de su sistema eléctrico y países como Reino Unido, Polonia o Suecia han anunciado planes para ampliar o reforzar su capacidad nuclear. En la última Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, más de veinte países respaldaron una declaración para trabajar con el objetivo de triplicar la capacidad mundial de energía nuclear de aquí a 2050.

Un sector muy concentrado geográficamente

El mercado del uranio presenta, además, una elevada concentración geográfica. Según la World Nuclear Association, Kazajistán fue en 2025 el mayor productor de uranio del mundo, con cerca del 40% de la producción global. Le siguen Canadá y Namibia, mientras que Australia posee las mayores reservas conocidas del planeta, aunque no lidera la extracción debido a factores regulatorios y comerciales. Esta concentración convierte al suministro de uranio en un asunto de creciente interés estratégico.

Otra de las tendencias que alimentan el optimismo del sector es el desarrollo de los pequeños reactores modulares (SMR, por sus siglas en inglés). Estas instalaciones, todavía en fase de despliegue comercial, prometen reducir costes de construcción, mejorar la seguridad y facilitar el suministro eléctrico a industrias intensivas en energía o a regiones con menor capacidad de generación. No obstante, la mayoría de estos proyectos aún no operan a gran escala y su impacto sobre la demanda de uranio dependerá de su implantación efectiva durante los próximos años.

Pese al renovado interés, el mercado sigue afrontando incertidumbres. La construcción de nuevas centrales requiere inversiones muy altas, largos plazos de ejecución y una fuerte regulación. Además, persisten los debates sobre la gestión de residuos radiactivos y la aceptación social de la energía nuclear en algunos países.

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