lunes 25 • octubre 2021
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Transporte y energía, los costes disparados que amenazan a la economía española (y mundial)

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Antes de la pandemia, enviar un contenedor de China a Europa costaba 2.000 dólares, y ahora ha subido a 10.000 dólares

AEGE: “Alemania y Francia dan incentivos fiscales a las empresas intensivas en gasto energético, pero aquí no”

La recuperación económica de España tras la crisis de la pandemia del coronavirus afronta en estos momentos dos grandes problemas: los costes de transporte y energía, disparados en el 2021 y que amenazan la recuperación económica. Uno de los factores que está condicionando el comercio internacional es la multiplicación de los precios de los fletes del transporte marítimo, que solo en el 2021 han subido de media un 323% según el World Container Index, que elabora la consultora Drewry.

Antes de la pandemia, mandar un contenedor desde China a Europa costaba menos de 2.000 dólares, y ahora supera los 10.000 dólares. La insólita escasez de espacio en el transporte de Asia a Occidente ha llevado a una escalada de precios que ya afecta a los costes empresariales y que también lo hará al de los consumidores, dada la gran dependencia de la producción en el continente oriental, sobre todo de ciertos productos y materias primas.

Las causas de esta situación son varias. Desde una menor disponibilidad de barcos y contenedores a un incremento intenso de la demanda, que se vio afectada también por el accidente del Evergiven en el canal de Suez y los problemas en puertos chinos a causa de brotes de Covid-19. El Banco de España apunta a que se ha creado un “cuello de botella” en la oferta que ha incrementado los costes de transporte en la ruta Asia-Europa.

Cambios en el transporte

Esto ha llevado a una disminución del tráfico de buques de contenedores procedentes de los puertos asiáticos. La situación es tal que la fiabilidad de las programaciones de los servicios globales de contenedores ha caído a los niveles más bajos registrados desde 2011, según los datos de SeaIntelligence Consulting recogidos por el Banco de España.

Otro factor que ha disparado el coste del transporte marítimo, clave del comercio mundial, ha sido la limitación del transporte aéreo, especialmente afectado por la pandemia del coronavirus y que ha visto que sus volúmenes de carga se han desplomado por las restricciones a los desplazamientos y las cancelaciones de vuelos. El habitual aumento de la demanda al inicio del otoño de cara al consumo navideño no augura un otoño tranquilo, con precios más altos y escasez de productos de electrónica o juguetes cuyas ventas se disparan al final de año.

Otro coste que aumenta precios, aunque de momento de una manera más contenida, es el del transporte por carretera. Según el Observatorio de Costes del Transporte de Mercancías por Carretera que elabora el Ministerio de Transportes, ya se han recuperado, y superado, los de los tiempos pre pandemia.

Así, el coste anual de un vehículo articulado de carga general se situó en abril del 2021 en 131.580,93 euros, frente a los 123.417,62 del año de la pandemia, en pleno confinamiento, pero con el transporte activo para garantizar el abastecimiento. El último coste de referencia supera ya la cifra de abril del 2020, aunque sea por poco más de 60 euros.

El coste de la energía, el otro gran problema

El Banco de España apunta en su análisis de ‘Los factores detrás del reciente incremento de la inflación en España’ al coste de la energía como una de las causas de la alta inflación de los últimos meses. Y no solo al de la electricidad, que lleva todo el verano marcando máximos y ocupando titulares por su afección al consumo de los hogares y a la industria.

El gas es otro de los precios disparados hasta máximos históricos. Esto ha llevado que en el 2021 se ha acelerado los precios de producción industrial en España, “con especial intensidad en el caso de los precios de fabricación de algunos bienes intermedios en las ramas de la metalurgia, la química básica y la industria papelera”, explica el Banco de España.

Desde la Asociación de Empresas de Gran Consumo Energético (AEGE) explica su director general Fernando Soto que “la industria española ya tenía pérdida de competitividad por el coste del suministro eléctrico antes de que el precio de la electricidad se disparase”. Y lo achaca a que, aunque el alza de los precios de la electricidad se ha disparado en toda Europa. La diferencia de España con los otros gigantes de la Unión lleva años siendo un problema para el sector.

“En 2019, el diferencial de precios con Alemania y Francia se situaba entre 20 y 25 euros por megavatio/hora (€/MWh)”, explica para incidir que “en la última actualización, en la que estimamos un precio medio de 102 €/MWh la diferencia es de más de 35 euros con Francia y de más de 50 euros con Alemania”. Para estas empresas industriales el coste de suministro puede suponer hasta el 60% de sus costes de producción, lo que en precios altos comparando además son otras potencias vecinas industriales provoca una pérdida de competitividad.

Además, explica Soto, “en Alemania y Francia, los consumidores electrointensivos tienen determinadas medidas fiscales e incentivos que aquí no tenemos”, por lo que piden al Gobierno “medidas para que el precio eléctrico se acerque a los niveles de nuestros competidores europeos”.

Las últimas decisiones adoptadas por el Ministerio de Transición Ecológica que dirige Teresa Ribera para contener los precios eléctricos van enfocadas fundamentalmente al mercado doméstico, dejando de lado al sector industrial. Desde AEGE defienden que sus empresas asociadas “están comprometidas con la descarbonización” por lo que apoyan “subastas con fuentes renovables, con el objetivo de que se puedan desarrollar proyectos y nosotros conseguir precios competitivos y reducir el diferencial eléctrico”.

Si en este año el Gobierno ha puesto 179 millones de euros para compensar el alto coste de los derechos de CO2 de 2020, piden que para los PGE del año que viene se incorpore una partida presupuestaria que, como mínimo, sea de 450 millones. El sector reclama medidas efectivas para rebajar el diferencial de coste energético, que estiman va a tener un impacto de 1.500 millones de euros, y que la industria española pueda mantener su competitividad y aportar a la recuperación económica post-coronavirus.

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