lunes 16 • mayo 2022

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Inflación: El “efecto dominó” de una subida abrupta de tipos en EEUU puede lastrar el crecimiento de España

Escribe sobre las consecuencias de la inflación Miguel Ángel Rodríguez. Experto en mercados de Capex.com 

Miguel Angel foto

La Reserva Federal norteamericana (Fed) se enfrenta a una situación complicada al verse forzada a subir los tipos de interés, actualmente a cero, mientras las expectativas de crecimiento son cada vez mas pesimistas. Los mercados financieros están ejerciendo una gran presión en este sentido, con críticas directas por la falta de determinación de la Fed para abordar la espiral inflacionista que amenaza con convertirse en inflación salarial.  

Actualmente, el banco central de Estados Unidos está “detrás de la curva” y probablemente tenga que tomar la determinación de no solo subir los tipos de referencia al 1% en este año, ya descontado en el mercado, sino quizás por encima, e incluso de comenzar a deshacerse de su enorme balance de bonos acumulado por los programas de “Quantitative Easing”, lo que añadiría mayor presión alcista a los tipos de interés. 

Europa, mientras tanto, se mantiene al margen con una política monetaria todavía expansiva por parte del BCE. Pero tanto si la inflación se mantiene alta, como todo parece indicar, como si la Fed inicia el endurecimiento de su política monetaria, tarde o temprano se verá presionado a ir subiendo tipos, con lo que ello implicaría de negativo para el crecimiento de países como España. Nuestro país está muy necesitado todavía de estímulos monetarios, sobretodo, para el coste de financiación de la deuda pública, que se ha disparado en el último año hasta el 120% del PIB

La economía global se enfrenta a un cambio de ciclo en las políticas monetarias, forzado por la aparición de una inflación galopante que representa ahora el principal motivo de preocupación de los bancos centrales de los países desarrollados, especialmente en Estados Unidos. Como ejemplo de esta inflación galopante, podemos apreciar la espectacular apreciación del crudo desde su caída a los infiernos en el segundo semestre de 2020 hasta estar ya por encima de los 80 dólares por barril. 

El encarecimiento de las materias primas y de los costes de la energía, además de los cierres de centros de producción y de puntos de distribución, han impedido que China y otros países de la zona puedan continuar exportando deflación al resto del mundo. 

Tras un largo periodo de tiempo de inflación contenida , casi tres décadas, en el que los niveles de precios se han mantenido en torno a los objetivos establecidos por las autoridades monetarias, con una media de crecimiento de

precios en torno al 2% anual, una serie de factores han precipitado un agresivo e inesperado resurgimiento de la inflación, un fenómeno que amenazó a las economías globales en las décadas de los 70 y 80 y que puso en alerta a los bancos centrales en aquellos tiempos que se vieron forzados a imponer políticas monetarias muy restrictivas para combatirlo. 

La aparición de China en el escenario económico global, hasta llegar a convertirse en la segunda potencia económica del mundo, ha sido una de las causas de que la inflación se haya mantenido contenida durante este tiempo. China ha exportado deflación al mundo, gracias a la deslocalización de la industria manufacturera que se ha ido instalando en el gigante asiático. Los bajos costes de producción en este país han permitido al mundo acceder a una enorme variedad de bienes de consumo a precios excepcionalmente bajos.  

Pero un hecho inesperado e imprevisible como ha sido la irrupción de la pandemia del coronavirus ha puesto fin a este equilibrio inestable de las últimas décadas. China ya no es capaz de producir ni los volúmenes ni a los precios a los que nos tenía acostumbrados. 

Las consecuencias no han tardado en hacerse visibles. En Estados Unidos la inflación suma y sigue, alcanzado un 7% en diciembre, el nivel mas alto desde 1982, con una cifra subyacente del 5,5%. En Europa los datos todavía no son tan preocupantes, inflación del 5% y subyacente del 2,6%, aunque ya muy por encima de los niveles en los que el BCE se sentiría cómodo. 

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