martes 09 • agosto 2022

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Gregorio Izquierdo (IEE): “Una subida de solo el 0,5% en los tipos le cuesta 8.000 millones anuales en intereses al Estado” 

“La prioridad en la crisis no ha sido ayudar a los que lo necesitaban, sino aumentar el peso del sector público” 

“El contribuyente está más predispuesto a pagar impuestos cuando ve que el gasto público se gestiona adecuadamente” 

Al cierre de esta edición de Capital, el interés del bono español a diez años se sitúa por encima del 2,7%, tras haber rebasado el 3% durante el mes de junio. Hace un año, cotizaba en el entorno del 0,5%, seis veces más bajo. ¿Y qué ha pasado recientemente? Además de la inflación y de la guerra de Ucrania, con su consiguiente impacto en la cadena de distribución y en los costes de prácticamente todo lo que se puede comprar o vender, el Banco Central Europeo (BCE) ha decidido endurecer su política monetaria. 

La subida de tipos será una realidad en las próximas semanas y la institución dejará de comprar deuda pública de los países europeos, adictos al “maná” supuestamente interminable del denominado como “rescate silencioso” del BCE. El impacto ha sido rápido, con un aumento prácticamente general de los costes de financiación. Países como España, Italia o Portugal lo han sufrido con mayor intensidad. 

“Cuando ya daban algunos por sentado que la recuperación estaba consolidada y asegurada y que además iba a acelerar su ritmo, nos hemos encontrado con una tormenta casi perfecta. La suma de inflación, incertidumbre e implicaciones que tiene estas circunstancias en la política monetaria han provocado un endurecimiento de las decisiones sobre los tipos de interés”.

En estos términos se expresa Gregorio Izquierdo, director del Instituto de Estudios Económicos (IEE), director de Economía y Política Financiera de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) y ex presidente del Instituto Nacional de Estadística (INE), entre otros muchos cargos. Y considera, en conversación con Capital, que nuestro país sufre más que el resto por las condiciones en las que operan las empresas. 

“El 85% del PIB nominal que le falta a la economía española en el año 2021 respecto a 2019 se explica por el deterioro de los resultados empresariales, por las pérdidas empresariales”, apunta, y destaca que “las empresas han perdido más de 100.000 millones de euros entre 2020 y 2021, en términos de contabilidad nacional, y en el primer trimestre de 2022 han perdido otros 6600 millones de euros”. 

Tienen menos solvencia y un mayor nivel de deuda y esto es lo que hace que la situación sea muy complicada”, añade, para explicar que el problema del endeudamiento no es exclusivo del sector público. La empresa también lo sufre, esencialmente, en la productividad y en los costes que soporta. 

“Que una empresa haya podido aguantar hasta la fecha ese nivel de pérdidas no quiere decir que pueda aguantar una situación de deterioro adicional”, considera Izquierdo, que apunta que “hemos asistido un deterioro muy fuerte de la productividad hasta el cuarto trimestre de 2021. Hemos tenido tres años seguidos de caídas y esto ha supuesto en la práctica una fuerte elevación de los costes laborales. En relación con el escenario previo a la pandemia, están un 6,5% por encima”. 

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La reacción del sector privado 

“La empresa española, en esta difícil coyuntura, está haciendo un esfuerzo espectacular en términos de mantenimiento del empleo ante la perspectiva de que la crisis será transitoria”, apunta el director del IEE, que señala que “este año el empleo, a diferencia que me ha sucedido en el pasado, va a ir por debajo de la actividad”. La previsión de incremento del PIB del Banco de España es del 4,1%, una reducción de cuatro décimas respecto a la anterior previsión (4,5%). Y esto sucede por la pérdida de competitividad del sector privado. 

“La competitividad, con tipo de cambio efectivo real, desde 2018 se ha deteriorado. Seguimos con una competitividad fuerte, quizá gracias al sector exterior, pero es más por la ganancia acumulada hasta el 2018 que a partir de 2018”. Es decir, que el cambio de tercio político ha impactado de forma negativa en la economía española. Fundamentalmente, por los impuestos, que se han subido en un periodo de debilidad. 

“Ya se han subido los impuestos en esta crisis. Hemos cerrado 2021 con una presión fiscal del 41% del PIB, que es el máximo histórico. Y esto es paradójico, porque si el nivel de actividad es menor, es incomprensible que los impuestos sean los mayores de la historia de España”, destaca Izquierdo.  

“Las subidas previas, como, por ejemplo, el no corregir la doble imposición de los dividendos o los nuevos impuestos sobre transacciones financieras, la reducción de las deducciones a las aportaciones a planes de pensiones por parte de las personas físicas o nuevos impuestos, como, por ejemplo, los plásticos, han venido justo en el peor momento”, opina el director de Economía y Política Financiera de la CEOE. 

Los impuestos están comprometiendo la posibilidad de recuperación de la empresa”, señala Izquierdo, y apunta que “cuando se analizas la situación de la empresa española, vemos cómo la presión fiscal empresarial, en términos del porcentaje que supone la aportación de las empresas al total de impuestos en España, supera el 30%, cuando la media europea está en el 25%”. 

“La presión fiscal normativa en España es un 20% superior a la fiscal normativa de media de Europa”, destaca, y apunta que “posiblemente ya tenemos una presión fiscal ajustada a la economía sumergida superior a la media europea”. “Nuestro esfuerzo fiscal -no confundir con la presión fiscal- es mayor que la media europea”, sentencia Izquierdo. “Esto es una carga, un lastre que compromete y dificulta las capacidades de recuperación de la economía española”

Por la bajada de impuestos y la eficiencia de gasto 

Una de las funciones económicas de los impuestos es servir de estabilizador automático. En un momento de crisis, el Gobierno debe aliviar las cargas que soportan los agentes económicos a los efectos de facilitar la recuperación”, considera Izquierdo, y señala, la carga tributaria perjudica “el nivel de bienestar de una economía, que depende de la productividad. La productividad depende de la inversión y la inversión depende de las empresas”. 

“No solamente se han aumentado los impuestos, sino que se han anunciado futuras subidas de impuestos, lo cual es aún más inexplicable, porque eso contrae la economía en tiempo real, aunque los efectos sobre las finanzas públicas sean retardados en el tiempo”, recuerda Izquierdo, que, en la línea de la visión liberal que marca sus intervenciones, pide una moderación en el gasto. 

“El gasto público español está en máximos históricos y se echa en falta un programa de eficiencia de gestión. Según las estimaciones del Instituto de Estudios Económicos, podríamos ahorrar desde 60.000 millones de euros simplemente adaptando la eficiencia española con la media de la Unión Europea (UE)”, señala. Por contextualizar, esos 60.000 millones equivaldrían a pagar las pensiones contributivas durante casi medio año (unos 10.800-11.000 millones mensuales). 

Paradójicamente, y como ya apuntó hace un año el presidente de CEOE, Antonio Garamendi, en entrevista con esta revista, es el “capitalismo del BCE”, tan atacado por una fracción del Gobierno, el que permite este escenario. “La financiación del BCE es la que hace posible esta situación extraordinaria, pero tenemos que prepararnos para un escenario de vuelta a la ortodoxia. Y cuanto antes lo hagamos y de forma gradual, más fácil será que sea compatible con la expansión económica”. 

“No se entiende ni se explica que aumente el déficit público estructural, como en la crisis, como consecuencia del aumento del gasto público estructural. Como, por ejemplo, por el aumento del empleo público, que en los últimos 3 años ha aumentado un 10%”. Según Izquierdo, durante la pandemia y en los meses de recuperación, “la prioridad no ha sido ayudar a los que realmente tenían más más dificultades que a la empresa, sino aumentar el peso de del sector público” 

La Agencia Tributaria, ejemplo de buenas prácticas 

A la vista de los datos de recaudación, resulta obligado dirigir la mirada hacia el organismo que gestiona el amplio mundo tributario en España. “La Agencia Tributaria es un departamento especialmente bien gestionado y es un ejemplo de buenas prácticas, lo cual es bueno para la sociedad española”, apunta el director del IEE. Y se pregunta: “Si un departamento de administración puede mejorar su eficiencia en un 100%, como es el caso de la AEAT, ¿por qué no se hace en el resto?” 

En su opinión, “la falta de indicadores de eficiencia por parte de la gestión pública es el mejor indicador de la ausencia de la misma. Lo que no se mide, no se controla y no se mejora”. Y recuerda que “el contribuyente está más predispuesto a pagar impuestos cuando ve que el gasto público se gestiona adecuadamente y de forma eficiente”. 

Izquierdo se muestra crítico con la gestión que se realiza en la Administración y se apoya en que “el artículo 31.2 de la Constitución española, que establece que la eficiencia del gasto público es una obligación constitucional, posiblemente sea el principio de la Constitución que más se incumple en la actualidad”. 

Y señala que “cuando el gasto público es ineficiente, obligas a la sociedad asumir cargas que no le corresponden”. 

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El coste de la subida de tipos 

“El impacto de la subida de tipos de interés no es inmediato en el tiempo, tiene unos retardos temporales”, recuerda el director del IEE. “Las políticas monetarias tienen entre dos y tres trimestres de retardo en el impacto. En la deuda pública, la prima de riesgo ya se ha ajustado a las expectativas de subida de tipos”. Al cierre de esta edición, el diferencial de la deuda a diez años de España con Alemania se sitúa en los 110 puntos básicos, frente a los 140 que llegó a alcanzar a mediados de mes. 

“La primera medida que ha hecho el BCE es acelerar la retirada de su programa de compra de deuda pública y, por eso, la prima de riesgo lo ha notado antes”, explica Izquierdo. Y calcula que “para un país que tiene una deuda pública del 120% del PIB, una subida del 0,5% en los intereses de la deuda acabaría suponiendo, pues, entre 7 u 8 décimas de PIB de intereses al año. Es decir, unos 8.000 millones de euros”. 

Pero reitera, como en otras ocasiones, que “el problema no es la subida de tipos, sino si la inflación se va a reconducir”. En este contexto, Izquierdo argumenta que “tenemos que la inflación tenemos la paridad del euro con el dólar y tenemos que, por otro lado, la situación de económica no es nada halagüeña, por la guerra de Ucrania. En este cóctel, yo entiendo que el BCE va a ser especialmente prudente y cauteloso”.  

Nuestro país, como ya sucedió en la pandemia y en la crisis de deuda, sufre especialmente estos escenarios de inestabilidad global. “A España, esta situación la pillado sin haberse recuperado todavía de la crisis de la pandemia”, recuerda el director de Economía y Política Financiera de la CEOE. ¿Y por qué? 

Pues por factores como la adecuada gestión de la Administración. “La inversión pública va con cierto retardo y uno de los grandes problemas que tiene la economía española es su dificultad para implementar y aprovechar adecuadamente los fondos europeos”. 

“Hay una correlación a nivel internacional entre ineficiencia del gasto público y esfuerzo fiscal o sobrecarga que introduces a los contribuyentes en cada país”, explica Izquierdo, y añade que “cuando el gasto público es ineficiente, obligas a la sociedad a asumir cargas que no le corresponden”. 

La nueva economía 

“España lleva cambiando su modelo económico los últimos 50 años, hay gente que piensa que el nuevo modelo económico se va a decidir en el en el Boletín Oficial del Estado (BOE)”, apunta el director del IEE, en referencia a la capacidad de la economía española de generar crecimiento por vías alternativas. 

Pero es cierto que ha habido muchos cambios en los últimos años. “Nadie hubiera pensado hace años que la primera empresa española sería una empresa textil”, señala Izquierdo. “Tras la última crisis, la de 2011, la economía española salió más próspera, más resiliente y más competitiva de lo que era hasta entonces. Los niveles de bienestar económico y social son la consecuencia de tu nivel de desarrollo y actividad empresarial”. 

Y, para terminar, una receta. “Hay países que en los años 50 estaban entre los 10 mejores del mundo y hoy en día no lo están, y ese debe ser nuestro principal reto. No debemos dar por hecho que las cosas se van a producir si no nos esforzamos en que las mismas se produzcan”. 

El bienestar va a depender de nuestra capacidad de movilizar nuestros recursos, de ser eficientes y de ser responsables. No podemos ser autocomplacientes y necesitamos que las administraciones públicas apliquen en la misma medida los esfuerzos de eficiencia, de responsabilidad, de identificar las necesidades sociales, como lo está haciendo la empresa”. Desde Capital nos sumamos a estas recomendaciones para que nuestro país recupere el brillo perdido. 

“Necesitamos reformas estructurales que reduzcan los costes empresariales” 

Gregorio Izquierdo vive el día a día de la actividad empresarial y toma el pulso del sector privado tanto en la CEOE como en el IEE. Y, según su visión, “la empresa española ya hizo un esfuerzo muy fuerte en competitividad en la anterior crisis y todavía seguimos viviendo del mismo”. 

Y recuerda que “hubo un cambio cultural que la empresa española empezó a operar de forma internacional permanentemente, no solamente las grandes, sino también la pequeña empresa”. Para que este proceso se mantenga, insiste en que “la manera de mejorar los costes de una economía es a través de reformas estructurales que favorezcan la reducción de costes y de carga de las empresas” 

“La palanca de productividad, que es muy importante, se produce a través de la inversión empresarial, hay que crear un clima favorable a la empresa para que aflore. La inversión no es un ente abstracto, depende de la rentabilidad esperada, de la confianza y la certidumbre”, recuerda Izquierdo. 

Según su visión, para que la inversión aflore, “hace falta es un marco regulatorio estable, predecible, que dé seguridad jurídica, unos impuestos competitivos, unos costes competitivos”. Y ello se reflejará en la productividad. “Hay una correlación muy fuerte entre crecimiento empresarial y crecimiento económico, las economías crecen cuando crecen sus empresas, cuando las empresas no pueden crecer es porque el marco lo impide y porque las condiciones no son las adecuadas para el crecimiento”. 

Y, mejor, con compañías más grandes. “Tenemos que hacer énfasis en la política económica, en las palancas de productividad, con motores para que la empresa pueda crecer y alcanzar tamaño. Alcanzar tamaño te permite acceder a los mercados de capitales de una forma más generosa, te permite resistir mejor las crisis económicas”, opina el director del IEE. 

“Las economías crecen cuando crecen sus empresas” 

“El sistema fiscal no está diseñado para la sociedad española actual, sino para la de hace 40 años” 

A vueltas con el modelo fiscal, Izquierdo señala que “la economía sumergida y la economía ilegal también forman parte del bienestar de los países y de la capacidad de generación de actividad y de empleo, pero no forman parte de las bases imponibles”. “El problema que tiene España de recaudación en Sociedades es que el tamaño medio de nuestras empresas es menor. Y las empresas, cuanto más grandes son, más tributan. En el impuesto sobre Sociedades, el 2% de las empresas aporta el 80% de la recaudación”, insiste el director del IEE. 

Y no solo a nivel empresarial, sino también en términos de renta individual. “Los contribuyentes que ganan más 60.000 euros anuales aportan más de la mitad de la recaudación del IRPF español”. Y a ello se suma la imposición patrimonial, que detalla Izquierdo que “el impuesto de Patrimonio no existe en ningún país europeo, y, en la práctica es como un sobregravamen. En Alemania, por ejemplo, nadie puede pagar en impuestos más del 50% de su renta. En España en contribuyentes que llegan a pagar el 100% de su renta, entre IRPF e imposición patrimonial”.  

Esta situación fiscal tiene impacto en términos de competitividad laboral y empresarial. “Estamos perdiendo una capacidad de crecimiento muy fuerte como consecuencia de la mordaza que introducimos a ciertos colectivos profesionales con un sistema fiscal que no está diseñado pensando en la sociedad actual, sino en la de hace 40 años”.

Una sociedad cerrada sin libertad de circulación de personas sin libertad de circulación de capitales, en el que las personas no eran tan importantes. Pero hoy en día, con libertad de circulación de personas y capitales con España y como foco de atracción, sobre todo de inversión de América Latina, yo creo que nuestro país está perdiendo una oportunidad de crecimiento”, apunta Izquierdo. 

“El impuesto de patrimonio por patrimonio no existe ningún país europeo y es por algo. Alemania estimó en su día que, si se introdujera un impuesto de patrimonio del, 1%, tendría una pérdida de actividad económica de cinco puntos de PIB y el efecto neto sobre la recaudación sería negativo”. En el caso de España, esa pérdida sería de 60.000 millones de euros

Y pone como ejemplo que “hay contribuyentes que, en un contexto de disposición patrimonial gravosa, se deslocalizan y sacan sus activos y, en última instancia, sus empresas. Ese contribuyente no solamente lo pierdes en Patrimonio, sino que también lo pierdes en renta y en Sociedades”

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Fotografías: Diego Sánchez

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Borja Carrascosa
Director de Capital

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