viernes 23 • septiembre 2022

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El espacio y su proyección económica más inmediata

El espacio vuelve a estar en la agenda de muchas empresas gracias a nuevos contratos, una proyección a medio plazo y la cada vez más cercana minería espacial

La carrera espacial vuelve a estar de moda. Pero esta vez no es una competición entre dos países para sacar músculo y presumir de tecnología. Desde hace algunos años, las principales agencias espaciales nacionales como la NASA o la rusa ROSCOSMOS han dejado claro que para que la exploración espacial funcione es necesaria más inversión del sector privado. Y así ha sido.

Las antiguas agencias estatales han abierto sus puertas a colaborar con otras empresas privadas, además de las interconexiones y el trabajo conjunto de muchos países como Estados Unidos, Rusia, Japón, Canadá o todos los europeos que participan la Agencia Espacial Europea (ESA).

Sin embargo, para que esta clase de proyectos sean rentables, es importante que los inversores vean el espacio como podrían ver la compra de acciones de una empresa puntera; es decir, con una rentabilidad futura demostrada. La historia demuestra que viajar al espacio supone unas pérdidas millonarias para los que se involucran en el proceso, pero los tiempos cambian, y la forma de hacer dinero también.

El coste del espacio antes y ahora

En 2022 se cumplen cincuenta años desde la última vez que la humanidad logró pisar la superficie lunar. Corría el año 1972 cuando los astronautas de la misión Apolo 17 descendían al satélite por última vez. Un posible regreso a los pocos años se había intentado planificar, pero con el paso del tiempo, con la disminución del interés por la carrera espacial y sobre todo por los altos costes de tamaña empresa, la humanidad jamás regreso a la Luna.

Pero, ¿cuánto podía llegar a costar un proyecto de esas características?. Lo cierto es que dado el contexto actual, una cantidad inimaginable e improbable. Se calcula que la misión Apolo 11, la encargada de llevar al hombre a la Luna por primera vez, costó alrededor de 6.000 millones de dólares de la época, lo que equivale a unos 30.000 millones en 2022. Pero los precios son aún más exagerados.

Todo el programa Apolo desarrollado entre 1961 y 1972, y que sirvió para que Estados Unidos alcanzara la Luna hasta en seis ocasiones, tuvo un coste de 25.400 millones de dólares; es decir, casi 170.000 millones actuales.

Desgranando un poco, nos encontramos con que cada lanzamiento del gigantesco cohete Saturno V costaba alrededor de 185 millones de la época, que vendrían a ser unos 1.230 millones actualizados al año 2022. Esta ingente cantidad de dinero se sumaba a otros costos derivados de muchos proyectos complementarios, que agotaban el erario público americano, y que en el caso de la URSS, tuvieron que ser cancelados al final de la vida del propio país, ante la desastrosa crisis económica que sufría Moscú.

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El cohete Saturno V, utilizado durante el proyecto Apolo y encargado de llevar a la humanidad a la Luna.

Estas cifras han mejorado con el paso de los años, y nuevos emprendedores han alzado la vista hacia el espacio. Elon Musk y su empresa SpaceX son un claro ejemplo de ello. El multimillonario sudafricano lleva años empeñado en descubrir nuevas formas en las que llegar al espacio de una manera más económica, y por supuesto, que sea rentable a largo plazo.

Hace diez años, la NASA realizaba sus operaciones de aprovisionamiento gracias a los transbordadores enviados desde la Tierra. El coste de cada kilogramo de carga útil rondaba los 30.000 dólares por viaje. Sin embargo, gracias a empresas como la de Elon Musk los costes se han abaratado hasta los 1.200 dólares por kilo.

El cohete de carga Dragon y la nave espacial Dragon 2, ambos reutilizables, son algunos de los ejemplos que indican que realizar un lanzamiento va ser cada vez más barato. El objetivo a largo plazo de la empresa estadounidense es poder crear una colonia permanente en Marte, algo para lo que aún habrá que esperar unos cuantos años más.

Por si había dudas, en las últimas dos décadas el sector espacial mundial ha crecido hasta convertirse en una industria valorada en unos 447.000 millones de dólares (su valor en 2005 era de 162.000 millones), y hoy por hoy existen veinte empresas relacionadas que son capaces de realizar lanzamientos orbitales y satelitales, algo reservado a las agencias espaciales nacionales hasta hace muy poco.

El comienzo de la minería espacial

Si hay un sector que ya no puede tomarse a broma ese es el de la minería espacial. El espacio es un lugar con recursos infinitos que en algún momento de la historia de la humanidad podrán ser aprovechados en su menor o mayor medida. Lo que hay por el momento son unas ganas terribles de sacar adelante el “primer borrador” de este nuevo y pujante sector, que aunque aún está en pañales ya promete una repercusión económica futura impresionante.

Antes de que termine el año se realizarán las primeras pruebas para comprobar la versatilidad de los viajes relacionados con el sector de la minería espacial. La empresa AstroForge demostrará su teoría mediante una misión de lanzamiento de SpaceX. El objetivo es buscar asteroides con altas concentraciones de los seis metales del grupo del platino, incluidos el platino y el iridio, en lugar de agua, helio u otros minerales.

Estos elementos empiezan a “escasear” en la Tierra debido al aumento de la demanda mundial, por lo que desarrollar una misión de estas características podría ser esencial. Se calcula que la extracción de 2 kg de platino puro valdría en la Tierra unos 64.000 dólares al precio actual.

Según los propios fundadores, no será necesario aterrizar en el asteroide par realizar la extracción. Además, se buscarán cuerpos de entre 20 metros y 1,5 kilómetros de diámetro, lo que significa que algunos serán tan pequeños que ni siquiera tendrán campos gravitatorios.

La empresa ha recaudado trece millones de dólares con los que pretende lanzar una misión en 2023 para poner a prueba el refinamiento de minerales en el espacio de manera definitiva. Se espera poder traer metales del grupo del platino de forma regular para el año 2030. Y aunque ahora parece una quimera, hay países que ya están preparando el terreno para acomodar a las empresas que están buscando cierta rentabilidad en estos proyectos.

Es el curioso caso de Luxemburgo. El considerado como el país más rico del mundo aprobó en 2017 una ley para la exploración y explotación de los recursos espaciales. Esto no es algo excepcional, pues el gobierno de Barack Obama lo hizo en 2016, y Japón y los Emiratos Árabes tienen legislaciones similares.

La diferencia radica en que el país europeo tiene unas tasas impositivas mucho más bajas que los demás, hasta el punto de ser acusado de paraíso fiscal. Estas ventajas hacen que desde 2016 más de diez empresas relacionadas con el sector del espacio hayan optado por establecer su sede en el pequeño ducado, entre ellas Virgin Galactic, Deep Space Industries y Planetary Resources. Esta última compañía cuenta con el apoyo de Richard Branson y Larry Page, cofundador de Google.

Esta Ley de Recursos Espaciales ha permitido que numerosas multinacionales se establezcan en Luxemburgo, y los ingresos derivados de esta actividad ya representan más del 2% del PIB del país europeo.

Algunos asteroides a explotar tienen un valor incalculable en la Tierra. Por ejemplo, el Psyche 16, que orbita en el cinturón entre Marte y Júpiter tiene un valor de unos 10.000 trillones de dólares, según la NASA. Hay miles de casos como el del Psyche 16, y aunque todavía no sea posible extraer todos sus recursos, ya se pueden hacer sondeos y prospecciones para analizar la viabilidad del proyecto, como en el caso de AstroForge.

El espacio y los escollos a salvar

Aunque el espacio va a convertirse en el lugar más lucrativo para la humanidad en las próximas décadas, aún es pronto para hablar de rentabilidades millonarias. Y es que todavía quedan algunas piedras en el camino.

La primera de todas es el Tratado de 1967 sobre la geopolítica y exploración de la Luna y otros cuerpos celestes (OST en inglés), aprobado por 132 países, incluidos China, Rusia y Estados Unidos. Esta ley ya avisaba en la época sobre lo que iba a acontecer en el futuro, y ahora que la humanidad está a las puertas de una nueva era, cobra fuerza de nuevo.

El OST prohíbe las reclamaciones de exclusividad o soberanía “mediante el uso y la apropiación o por cualquier otro método”. Esto significa que nadie –ningún gobierno, ninguna organización y menos un puñado de multimillonarios– puede privarle a otro acceder a cualquier parte del espacio exterior.

Bien es cierto que las leyes están para saltárselas, y las multinacionales harán caso omiso cuando llegue el momento, pues este tratado es similar a otros que tenemos en la Tierra y que implican a la ONU: existen, pero las grandes potencias se los saltan siempre que sea necesario.

Aún salvando el escollo legal, todavía hay que poner sobre la mesa que la tecnología desarrollada aún no está a la altura para maximizar la rentabilidad de semejante empresa. Puede que en menos de diez años sea así, pero de momento, no lo es.

Sin embargo, a pesar de que los costes son muy altos, los beneficios también lo serán. Es por ello que el capital privado está cada vez más interesado en invertir en actividades y tecnología del espacio.

Empresas como Blue Origin, Virgin Galactic o SpaceX continúan aumentando su valor en bolsa y captando nuevos capitales para sus proyectos. De hecho, SpaceX, cuyas acciones cotizan a 72 dólares la acción, está considerada ya como la startup más valiosa del mundo (100.000 millones de dólares).

De todas formas, es necesario volver a recuperar la experiencia perdida para que los futuros viajes salgan bien. La NASA se plantea continuar con su particular carrera espacial llevando la nave Artemis 1 a nuestro satélite este mismo 29 de agosto. La misión será no tripulada, pero si todo sale como se espera la Artemis 2 llevará por primera vez desde 1972 una tripulación humana a la Luna en 2023.

Llega el turismo espacial

El espacio no es solo un lugar con recursos infinitos a explotar. Es también un marco infinito de belleza inexplorada. Y de nuevo, hay muchas empresas interesadas en sacar rédito de la situación.

En este caso, las más importantes son de nuevo Blue Origin y Virgin Galactic. SpaceX planea lanzar su programa Space Adventures, mediante el cual un grupo de cuatro turistas espaciales podrá viajar a bordo del Crew Dragon y pasar varios días observando la Tierra desde arriba. De momento, la compañía no ha priorizado este segmento, pero sí lo han hecho sus competidores.

Si bien las empresas de Richard Branson y Jeff Bezos se han hecho un nombre en el turismo espacial, cada ven tienen más competidores. Es el caso de Spaceship Neptune, una compañía que prometer viajar al espacio y pasar unos días en el salón más lujoso de la órbita terrestre.

Este salón cuenta con ventanas de 360 grados (0,56 metros de ancho x 1,54 metros de alto) para poder disfrutar de las espectaculares vistas incluso desde el baño. Además, tiene asientos reclinables, conexión WiFi y acceso a servicios de hostelería, así como decoración de lujo y elementos naturales que recuerdan al planeta Tierra.

El sistema es similar al de los globos aerostáticos, pero con una tecnología superior. El viaje dura unas seis horas (ida y vuelta), y las primeras expediciones saldrán para finales de 2024. Una vez arriba, los ocho afortunados podrán disfrutar de las mejores vistas del planeta desde las ventanas más grandes que jamás se hayan llevado al espacio.

Por si fuera poco, para completar el lujo de la experiencia, los asistentes podrán probar platos de lujo, cócteles de gran nivel y contarán con pantallas interactivas donde podrán interactuar para saber más sobre los datos de la misión.

De momento se han vendido más de seiscientos billetes, con un precio que asciende a 125.000 dólares por persona, a lo que hay que sumar 1.000 dólares de depósito para la reserva.

El futuro ya es en clave del espacio, y ahora lo importante es tomar las decisiones adecuadas para que en unos años se pueda sacar el mayor rédito económico a un sector que ya está despegando en todo el mundo.

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