viernes 02 • diciembre 2022

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El esperado regreso de la humanidad a la Luna

La NASA ultima los preparativos para la emocionante misión que devolverá al ser humano a la Luna en 2025

Este año se han cumplido cincuenta años desde que la misión del Apolo 17 alcanzara la superficie lunar. Aquel invierno de 1972, los seres humanos caminarían por nuestro satélite por última vez. En aquellos tiempos parecía inverosímil que la carrera espacial se estancara por la tremenda competencia existente entre las dos superpotencias de la época: Estados Unidos y la Unión Soviética.

Sin embargo, tras la histórica misión conjunta conocida como Apolo-Soyuz, el presupuesto para la exploración espacial fue reduciéndose paulatinamente, hasta que la antigua URSS desapareció en 1991, y con ello, se dio carpetazo a la carrera de fondo (y de fondos) que había culminado en el cénit de una época dorada para la astrofísica.

Con el paso de los años, las diferentes agencias espaciales han logrado-a pesar de contar con un presupuesto más reducido-lanzar misiones exitosas en lo referido a la investigación científica, pero nunca se ha conseguido repetir la hazaña de alcanzar el satélite terrestre.

Los motivos, son evidentes. El primero, y el más notorio, es el elevado coste que supone emprender un viaje de estas características. El segundo, y quizás el más sorprendente para los que desconozcan el tema, es la falta de tecnología. Parece un sinsentido, pero la falta de experiencia y el vacío dejado por varias décadas de inactividad en ese campo, hacen que esta misión no sea tan sencilla como a primera vista pudiera parecer.

Para volver a colocar al ser humano en el lugar que le corresponde entre las estrellas, la NASA lidera desde 2017 el Programa Artemis, apoyada por otras agencias de renombre como la ESA europea o la JAXA (Agencia Japonesa de Exploración Espacial).

Aprendiendo del pasado: el Programa Apolo

A comienzos de la década de 1960, Estados Unidos iba muy retrasado en lo relativo a la exploración espacial. En 1957, sus enemigos soviéticos habían puesto en órbita el Sputnik 1, el primer satélite artificial de la historia. Ese mismo año, la perrita Laika se convirtió en el primer ser vivo en orbitar la Tierra.

En 1961, el cosmonauta soviético Yuri Gagarin logró el hito de ser la primera persona en la historia de la humanidad en viajar al espacio exterior. En 1963, Valentina Tereshkova hacía lo propio siendo la primera mujer en conseguirlo. En 1965, Alekséi Leonov, realizó el primer paseo espacial de la historia, y en 1966, la sonda Venera 3 alcanzó por primera vez la superficie del planeta Venus.

Estados Unidos no podía quedarse sentado viendo como su archienemigo se llevaba todo el mérito. Tras la estupefacción de la puesta en órbita del primer satélite artificial por parte de los rusos, se produjo la llamada “Crisis del Sputnik”, ya que ni la prensa americana ni el Gobierno de Estados Unidos podían creerse el nivel de tecnología alcanzado por el país eslavo, y el miedo a un ataque nuclear era ahora más real que nunca.

Para cambiar el curso de la historia, la NASA puso en marcha el Proyecto Mercury, el primer programa espacial del país norteamericano. El objetivo del programa era lograr un vuelo suborbital controlado y programado, y continuar investigando el vacío, la recientemente descubierta radiación espacial, las fluctuaciones de temperatura y en general, todo lo necesario para poner a un astronauta estadounidense en órbita.

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Los astronautas seleccionados para volar en las naves del proyecto Mercury, conocidos como “Mercury Seven” Imagen: Archivo NASA

Del total de quince lanzamientos del proyecto, once fueron exitosos, mientras que tres fracasaron estrepitosamente y otro lo hizo de forma parcial. Sin embargo, las conclusiones positivas permitieron pasar a la siguiente etapa de la historia espacial estadounidense, el Programa Gémini.

El Gémini fue la antesala del proyecto final que llevaría al ser humano por primera vez a la Luna: el Programa Apolo. Iniciado en 1961, el Apolo fue un proyecto contrarreloj desde el comienzo de su propia existencia. El entonces presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, había hecho una apuesta personal para que antes del final de la década de los sesenta su nación lograra lo que jamás había logrado nadie.

En aquel momento, las palabras del presidente supusieron un duro golpe para la moral de la NASA, pues apenas habían logrado sacar adelante el Proyecto Mercury tras miles de horas de trabajo y años de esfuerzo titánico para acercarse a sus competidores soviéticos. Y ahora que por fin habían logrado poner un pie en el espacio, Kennedy, de la noche a la mañana, soñaba con la mayor gesta de la historia de la humanidad.

Aunque si hay algo que motiva sobremanera a nuestra especie es la incesante necesidad de superación. Es lo que nos lleva a soñar, crear, investigar y alzarnos sobre todo lo que nos rodea. Los ingenieros de la NASA tenían menos de diez años para llevar una nave a la Luna, posar un hombre sobre ella y lo más complicado: traerlo de vuelta sano y salvo.

A pesar de que hasta entonces lo máximo a lo que se podía aspirar era a un vuelo en órbita baja terrestre, la NASA creyó en sus posibilidades y así nació la primera misión Apolo: la Apolo 1. Fue un auténtico desastre.

Durante unas pruebas en el centro de entrenamiento para comprobar el comportamiento de la cápsula en el espacio, la cabina se incendió repentinamente, matando a los tres astronautas que se encontraban en su interior: Virgil “Guss” Grissom, Edward H. White y Roger B. Chafee. Esta misión, planeada para el 21 de febrero de 1967, iba a ser la primera misión tripulada del Programa Apolo.

Esto fue duro golpe para la NASA, pero las esperanzas de cumplir el objetivo final revitalizó los esfuerzos de aquellos que fueron partícipes de semejante gesta. En los dos años siguientes, la agencia estadounidense probó los sistemas de vuelo en varios lanzamientos automáticos (Apolo 2, 3, 4, 5 y 6), realizó dos pruebas tripuladas en órbita terrestre (Apolo 7 y 9) y dos misiones que orbitaron la Luna por primera vez (Apolo 8 y 10).

El 20 de julio 1969 se produjo el milagro. Tres hombres, “Buzz” Aldrin, Neil Armstrong y Michael Collins llegaron hasta nuestro satélite, y dos de ellos, Aldrin y Armstrong, caminaron sobre la Luna. Collins se quedó en la nave vigilando que todo marchara sobre ruedas.

Fue un momento único en la historia del ser humano. Tras este éxito memorable, los soviéticos desistieron de realizar su propia misión lunar, mientras que Estados Unidos volvería allí hasta en cinco ocasiones más (Apolo 12, 14, 15, 16 y 17), llegando por última vez en 1972. Desde entonces, el alto coste de aquellas epopeyas y la falta de interés relegaron las misiones lunares al olvido.

El Artemis: el hito de pisar la Luna en 2025

El Programa Apolo tuvo un coste total de 25.400 millones de dólares, que ajustados a la inflación actual alcanzan la desorbitante cifra de 170.000 millones. Cada lanzamiento del gigantesco Saturno V, el cohete que llevó al ser humano a la Luna, costaba 185 millones; la friolera de 1.230 millones de dólares actuales.

Desde entonces, las agencias nacionales han ido perdiendo peso en favor de nuevas empresas privadas con capital suficiente como para gastar ingentes cantidades de dinero en la exploración e investigación del espacio. Hombres como Elon Musk han destinado buena parte de sus ingresos en fabricar cohetes reutilizables y en colaborar con agencias como la NASA, esperando eso sí, un beneficio futuro gracias al éxito y al abaratamiento de las próximas misiones.

Gracias a estos esfuerzos, el coste de poner un kilogramo de masa en el espacio se ha reducido hasta “apenas” 1.200 dólares, y las empresas dedicadas al sector espacial alcanzan un valor estimado de 447.000 millones de dólares, triplicando los números que se tenían en 2005.

El Programa Artemis tiene como objetivo final volver a la Luna, y llevar entre sus tripulantes a la primera mujer que pisará nuestro satélite. Recibe su nombre de la diosa Artemisa, diosa de la Luna, la caza y la naturaleza virgen, además de ser la hermana del dios Apolo. Es por ello que la NASA ha elegido este nombre, como homenaje a la primera misión que llevó a tres hombres a la Luna.

Los objetivos de la misión serán conocer mejor la superficie de nuestro satélite, aprender más del Universo, acceder a los recursos lunares y sentar las bases para una nueva misión espacial que nos permita alcanzar Marte antes del final de la década. Un curioso paralelismo con lo logrado por el Programa Apolo en 1969. Y mucha presión de por medio.

El SLS y la nave Orion 2
El Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS en inglés) y la nave Orión en el Centro Espacial Kennedy en Florida Imagen: Archivo NASA/Cory Huston

Presión, porque el Programa Artemis ha gastado ya 12 millones de los 9,7 que tenía previsto para la construcción del SLS Block 1, y que está destinado a llevar de nuevo al ser humano a la Luna. Presión, porque la NASA ya solicitó a la administración Trump otros 1.600 millones extra en su momento, y el actual Gobierno teme que ese dinero no se utilice correctamente.

Presión, porque el presupuesto de la agencia espacial es de 20.000 millones anuales, pero se necesitarán entre 20.000 y 30.000 millones adicionales hasta 2025 para cumplir el objetivo. También, el aumento presupuestario de 4 a 6 millones anuales. Y presión, porque la NASA ya ha cancelado hasta tres lanzamientos del Artemis I, la primera misión del proyecto, que tiene como objetivo orbitar alrededor de nuestro satélite y probar las capacidades del nuevo cohete y de la nave Orión.

El próximo lanzamiento está previsto para el 14 de noviembre, pero los retrasos empiezan a hacer mella en los planes iniciales. De hecho, la misión tripulada final para alcanzar el satélite estaba prevista para finales de 2024, pero ya se ha pospuesto hasta 2025. Las esperanzas de la misión y de los tiempos del proyecto están puestas ahora en este próximo lanzamiento.

Si todo sale bien, la tripulación podrá probar también los nuevos trajes espaciales diseñados para el programa, además de los nuevos sistemas de soporte vital y comunicaciones.

Si la misión resulta exitosa, la NASA pondrá en marcha la Artemis II en primavera, que será por fin tripulada. Cuatro astronautas ejecutarán varias órbitas alrededor de la Luna, para posteriormente ejecutar una maniobra de retorno libre que devuelve la nave Orión a nuestro planeta.

Finalmente,-y visto lo visto para 2025-tendrá lugar la misión que devolverá a nuestra especie a la Luna: la Artemis III. En ella, otros 4 astronautas serán los protagonistas y encargados de acoplarse a un vehículo Starship de SpaceX que dos elegidos tripularán para aterrizar en la superficie del polo Sur lunar, los cuales pasarán unos 6 días y medio realizando experimentos y tareas de exploración.

El polo Sur de nuestro satélite será el objetivo de Artemis III, la primera de las misiones de este tipo que llevará una tripulación humana a la superficie lunar. A falta de determinar el lugar exacto, hasta el momento han sido identificadas 13 regiones potenciales para el futuro alunizaje, cada una de las cuales se encuentra a menos de 6 grados del polo Sur lunar, cuentan con una superficie de aproximadamente 15 kilómetros cuadrados y contienen diversas características geológicas.

Además de tener en cuenta la disponibilidad de ventanas de lanzamiento, el equipo evaluó las regiones en función de su capacidad para permitir un aterrizaje seguro, utilizando criterios como la pendiente del terreno, la facilidad de comunicación con la Tierra y las condiciones de iluminación.

El Programa Artemis tiene otros objetivos que aún no hemos mencionado. Las misiones llevarán dos componentes indispensables para alcanzar, antes del 2030, el objetivo de llegar a Marte.

El primero es el rover Viper, que planea ser desplegado en la Luna con el objetivo de buscar recursos lunares, además de mapear la zona y buscar lugares de concentración de hielo.

El otro elemento fundamental es la construcción de la estación lunar Gateway, cuyo primer módulo, el HALO, está ya diseñado. Su objetivo es servir de puente de comunicaciones entre la Luna y la Tierra, y como hemos dicho antes, de rampa lanzamiento para el objetivo final del Programa Artemis: alcanzar el planeta rojo.

Se estima que el coste total del Programa Artemis rondará los 93.000 millones de dólares, aunque todavía no se sabe a ciencia cierta. La NASA ha sido criticada por no saber calcular la cifra exacta del proyecto, y por los fondos extra que han ido solicitando a lo largo de los años. Solo las primeras cuatro misiones tendrán un coste aproximado de 4.100 millones.

De momento, las esperanzas de buscar la grandeza entre las estrellas están puestas en esta primera misión, la Artemis I. Los principales ingenios de la Tierra parecen haberse unido de nuevo evitando la confrontación política internacional, y con ganas de encontrar un hueco entre aquellos que un día pusieron al ser humano en el lugar que le corresponde.

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