La responsabilidad social corporativa ya no se limita a la donación puntual ni a acciones de visibilidad. Las compañías buscan generar impacto real, medible y sostenido, y el propósito ha pasado de ser un elemento reputacional a convertirse en una palanca estratégica, capaz de reforzar la cultura corporativa, atraer talento y consolidar la confianza de los consumidores.
En este escenario, la gala benéfica Ángeles por la Infancia, impulsada por la comunidad profesional Women in Retail (WiR), representa un ejemplo de cómo la colaboración entre empresa y tercer sector puede generar un cambio tangible. La iniciativa ha evolucionado en pocos años hasta consolidarse como un espacio de referencia para el liderazgo femenino, la innovación social y la conexión entre negocio y compromiso.
“El poder de las personas es el motor de transformación social y empresarial”, defendió Cristina Delgado, fundadora y presidenta de WiR, al presentar una gala con un modelo de colaboración para la infancia más vulnerable
Celebrada en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, la cita reunió a 300 profesionales del sector retail y de otros ámbitos empresariales en una velada marcada por la emoción, la cultura y el propósito. Cristina Delgado, fundadora y presidenta de Women in Retail, condujo el evento poniendo en valor el papel de las personas en la transformación social. “El poder de las personas es el motor de transformación social y empresarial”, afirmó durante su intervención, subrayando la necesidad de construir alianzas entre empresas, instituciones y sociedad civil.
El evento logró aforo completo y movilizó a empresas, directivos y sociedad civil en torno a una causa común: mejorar la vida de niños y familias que atraviesan enfermedades graves, raras o incurables. La totalidad de la recaudación se destina a cinco fundaciones españolas de referencia: Juegaterapia, Fundación Pequeño Deseo, Fundación Theodora, Fundación Porque Viven y CTNNB1 España. Charlamos con cada una de ellas.
Fundación Juegaterapia
En los últimos años, la innovación sanitaria ha incorporado una dimensión clave, la experiencia emocional del paciente. En oncología pediátrica, esta transformación resulta especialmente relevante, ya que el tratamiento no solo impacta en la salud física, sino también en el bienestar psicológico, el desarrollo social y la vida cotidiana de los niños y sus familias. En este contexto, Fundación Juegaterapia se ha consolidado como un referente en España en la humanización de la sanidad infantil.
La entidad trabaja con menores que atraviesan procesos oncológicos, desarrollando iniciativas que integran juego, creatividad, tecnología y acompañamiento emocional. Para su presidenta y fundadora, Mónica Esteban, el reto actual es avanzar hacia un modelo de atención más integral. “Hoy la necesidad más urgente es garantizar espacios seguros, estimulantes y terapéuticos dentro y fuera del entorno hospitalario, donde los niños puedan seguir siendo niños pese a la enfermedad que padecen”, explica. Según subraya, el impacto emocional del cáncer infantil es enorme y condiciona profundamente la vivencia del tratamiento.
Desde esta visión nació el Club Juegaterapia, inaugurado en junio, un espacio pionero que sitúa la experiencia del niño en el centro. “El juego no es solo entretenimiento: es una herramienta terapéutica clave, que ayuda a reducir la ansiedad, mejora la experiencia hospitalaria y contribuye a una vivencia más positiva y participativa del proceso”, afirma. Este modelo ha demostrado cambios tangibles. “Los niños están más activos, motivados y con menor ansiedad, y las familias se sienten más acompañadas y con recursos para afrontar el impacto emocional”, añade.
Además, el proyecto ha impulsado la creación de comunidad. “Hemos observado cómo los niños recuperan la iniciativa, el juego compartido y la socialización, y cómo las familias construyen redes de apoyo que transforman la vivencia de la enfermedad”, destaca. Más allá de los indicadores clínicos, el Club se ha convertido en un espacio de normalidad y bienestar.
Para ampliar el impacto, la colaboración es clave. “Las alianzas con empresas, las donaciones individuales y la sensibilización social nos permiten escalar estos proyectos y consolidar un nuevo estándar de atención centrado en el bienestar emocional”, subraya. Y concluye con un objetivo claro: “Queremos garantizar que ningún niño deje de jugar, incluso en el hospital, porque el juego es parte del tratamiento, de la recuperación y de la vida”.
Fundación Pequeño Deseo
El bienestar emocional se ha consolidado como un factor clave en la evolución de pacientes pediátricos. En este contexto, Fundación Pequeño Deseo ha convertido la ilusión en una herramienta de intervención estructurada para niños con enfermedades graves y sus familias. Según explica su directora, Cristina Cuadrado, cumplir un deseo “va mucho más allá de un momento de ilusión”. Para un niño gravemente enfermo supone recuperar su identidad como niño y no como paciente, lo que impacta directamente en su motivación y estado de ánimo. El efecto también alcanza al entorno. “Para la familia, el deseo se convierte en un punto de apoyo emocional. Permite generar recuerdos positivos, reforzar el vínculo y aportar esperanza en medio de un proceso complejo”, señala.
Uno de los elementos diferenciales de la fundación es la personalización. “Los deseos con mayor impacto son aquellos que están bien adaptados. No es solo el contenido, sino el proceso: escuchar al niño, entender su momento vital y adaptar la experiencia a su situación médica y emocional”, explica. Este acompañamiento se extiende en el tiempo. “Antes genera ilusión y expectativa; después, el recuerdo se convierte en un recurso emocional al que las familias pueden volver durante meses o incluso años”, añade.
Con más de 7.700 deseos cumplidos, la organización prevé superar los 8.000 en el corto plazo. Entre los más habituales destacan conocer a alguien admirado, viajar o convertirse en alguien por un día. Más allá del tipo de experiencia, el objetivo es devolver al niño el protagonismo y permitirle soñar.
Sin embargo, la entidad insiste en que su labor combina emoción y rigor. “Detrás de cada deseo hay planificación, coordinación con hospitales, seguimiento médico y evaluación del impacto”, explica Cuadrado. “Los deseos no sustituyen tratamientos, pero sí complementan el abordaje desde el bienestar emocional, un aspecto cada vez más reconocido como clave”, concluye.
El encuentro puso en valor la importancia del acompañamiento emocional, la humanización de la sanidad, la investigación en enfermedades raras y la atención integral a las familias
Fundación Theodora
El acompañamiento emocional en el hospital se ha convertido en una herramienta clave para mejorar la experiencia de los menores ingresados y de sus familias. En este ámbito, Fundación Theodora trabaja desde hace años con un enfoque profesionalizado basado en la empatía, el humor positivo y la evidencia científica.
Desde la entidad explican que cuando un niño ingresa en el hospital su entorno cambia por completo. “De repente entra en un mundo de adultos, lleno de incertidumbre, pruebas médicas y decisiones que no puede controlar. En ese contexto, la visita de un Doctor Sonrisa es un soplo de aire fresco”, señalan. A través del humor y la conexión emocional, el objetivo es que los menores puedan seguir siendo niños.
El impacto no solo se percibe a nivel emocional. “El efecto multiplicador transforma la forma en la que el menor y su entorno viven la situación, e incluso ayuda al personal sanitario. Todo ello contribuye a que el niño y su familia afronten la experiencia con mejor energía, favoreciendo la recuperación”, explican.
“Todo lo que no tenga datos es poesía. Estamos obsesionados con recabar feedback de profesionales y familias”, afirman. Además, diversos estudios evidencian que la interacción con un Doctor Sonrisa tiene efectos prolongados. En programas como el acompañamiento quirúrgico, los menores requieren menos presedación, menores dosis de anestesia y analgesia, y presentan estancias hospitalarias más cortas.
Para garantizar la sostenibilidad, la organización destaca la importancia de la financiación estable. “Nuestra labor es totalmente profesionalizada y no recibimos subvenciones públicas. Necesitamos aportaciones económicas regulares que aseguren la continuidad e independencia de nuestra misión”, señalan. Con un coste aproximado de 12 euros por visita, subrayan que el apoyo de empresas y sociedad es clave para llegar a más hospitales y niños.
La gala evidenció un cambio cultural, que es el auge de un liderazgo femenino que combina sensibilidad y visión estratégica, empatía y capacidad de gestión
Fundación Porque Viven
En el ámbito de la enfermedad pediátrica, el sistema sanitario ha avanzado de forma notable en diagnóstico y tratamiento. Sin embargo, cuando la enfermedad es incurable, muchas necesidades esenciales quedan fuera del foco clínico. En este contexto, Fundación Porque Viven trabaja para ofrecer un acompañamiento integral a niños y familias en situaciones de máxima vulnerabilidad, poniendo en el centro la dignidad, el cuidado y la calidad de vida.
Según explica su directora, Mónica Cantón de Celis, cuando una familia afronta una enfermedad grave pediátrica el sistema se centra, con enorme esfuerzo y profesionalidad, en lo urgente y lo médico, pero existen necesidades fundamentales que quedan desatendidas. “El cuidado en casa, cuando el hospital no es el mejor lugar para el niño, es parte del tratamiento. Estar en su entorno, con sus rutinas y sus vínculos, no es un lujo”, señala. A ello se suma el alivio del sufrimiento en todas sus dimensiones. “No solo el dolor físico, sino también el psicológico, social, emocional y espiritual, tanto del niño como de su familia”.
La organización también pone el foco en los cuidadores, que suelen vivir situaciones de agotamiento extremo y aislamiento. “El acompañamiento a los padres es clave para evitar la claudicación y sostener a la familia”, explica. Además, la vida cotidiana se convierte en una prioridad. “Que un hermano siga siendo hermano, que los padres puedan descansar, que la familia pueda seguir siendo familia”, añade. La entidad también acompaña en el final de la vida y en el duelo, dos momentos que siguen siendo tabú y en los que muchas familias se sienten solas. “Cubrir ese espacio invisible es nuestra misión: cuidar cuando ya no se puede curar, pero aún queda mucho por vivir”, resume.
El aprendizaje que han obtenido de las familias es el motor de su trabajo. “Nos han enseñado algo profundamente transformador: que la vida no se mide en tiempo, sino en significado. No importa tanto cuánto vivir, sino cómo vivir”, afirma Cantón de Celis. Este enfoque se traduce en una atención personalizada, basada en la escucha. “El cuidado auténtico empieza escuchando, no imponiendo. No hay dos familias iguales, por eso la personalización no es un valor añadido, es una necesidad”.
La fundación también defiende que acompañar no significa tener siempre respuestas. “Acompañar es estar, incluso cuando no hay soluciones para la curación”, señala. El modo en que una familia vive la enfermedad y la despedida deja una huella que perdura. “El recuerdo de ese proceso acompaña a las familias toda la vida, y por eso es fundamental ofrecer un cuidado respetuoso y humano”.
Para sostener esta misión, la continuidad del apoyo es clave. “El impacto más relevante es el que proporciona estabilidad, porque los niños en cuidados paliativos y sus familias no pueden esperar”, explica. La organización destaca la importancia del apoyo económico sostenido para planificar equipos, garantizar la atención domiciliaria y no dejar a ninguna familia sin acompañamiento.
Asimismo, las alianzas con empresas y entidades comprometidas marcan la diferencia. “Necesitamos relaciones de largo recorrido, no solo donaciones puntuales”, afirma. También resulta esencial la colaboración con el sistema público, sumando capacidades para que los cuidados paliativos pediátricos lleguen a todos los niños que los necesitan.
Por último, la implicación de la sociedad es fundamental. “Personas que creen en la causa, profesionales, donantes, voluntarios y empleados de empresas que se implican desde una decisión personal y consciente son el motor de nuestro trabajo”, destaca. Para la fundación, sostener esta misión es una responsabilidad colectiva. “Cuando una sociedad decide acompañar a las familias en los momentos de mayor fragilidad, está afirmando que el cuidado, la dignidad y la vida importan en todas sus etapas”, concluye.
CTNNB1 España
Las enfermedades raras siguen siendo uno de los grandes retos del sistema sanitario y de la investigación biomédica. Más allá del impacto clínico, suponen también un desafío social y emocional para las familias, que a menudo se enfrentan a la falta de información, recursos y apoyo. En este contexto, CTNNB1 España trabaja para impulsar la investigación, acompañar a las familias y dar visibilidad a una condición todavía poco conocida.
El síndrome CTNNB1 es una enfermedad minoritaria del neurodesarrollo causada por mutaciones en un gen clave para el desarrollo cerebral. Según explican desde la asociación, afecta a prácticamente todos los aspectos del desarrollo infantil. “La mayoría de los niños no pueden caminar ni hablar, además de presentar discapacidad intelectual y problemas de conducta”, señalan. Más allá del diagnóstico, el reto diario es acompañar a las familias en una realidad compleja, marcada por la incertidumbre y la necesidad constante de apoyo.
En la actualidad, el foco principal de la entidad está en la investigación, especialmente en el desarrollo de terapias innovadoras. “Nuestro principal objetivo es el programa de terapia génica para el síndrome CTNNB1, liderado por la CTNNB1 Foundation y por Spela Mirosevic, que tiene un hijo afectado por esta condición”, explican. Este proyecto representa una de las mayores esperanzas para la comunidad. “El primer ensayo clínico del mundo comenzó en Europa en diciembre de 2025, cuando el primer niño fue tratado. Pensar que muchas familias podrán beneficiarse muy pronto nos llena de ilusión”, añaden.
Para la asociación, incluso avances modestos pueden suponer un cambio radical. “Para nosotros, una mejora, por pequeña que parezca, significa un mundo”, destacan. Junto a la investigación, el acompañamiento a las familias es otro de los pilares. El objetivo es ofrecer recursos, orientación y apoyo emocional que contribuyan a mejorar la calidad de vida diaria.
La visibilidad es igualmente clave. “Lo que no se ve no existe. Es fundamental concienciar sobre nuestra realidad, con sus retos, que son muchos, pero también con sus momentos bonitos”, subrayan. Dar a conocer la enfermedad permite acelerar la investigación, generar redes de apoyo y atraer recursos.
A corto y medio plazo, el mayor hito sería llevar la terapia génica a los niños. Sin embargo, este objetivo requiere financiación y compromiso social. “Conseguir que estos tratamientos lleguen a los pacientes es nuestra mayor esperanza, pero también un reto económico enorme”, señalan. Para la entidad, cada gesto suma y contribuye a acelerar el camino hacia tratamientos que cambien el futuro de los niños. Porque, para estas familias, la esperanza no es un concepto abstracto, sino una meta concreta, que sus hijos tengan más oportunidades, más calidad de vida y un futuro con mayores posibilidades.
