Es una lástima que este reportaje no se pueda oler y saborear. A cada paso, una nueva sensación, un nuevo olor y sabor. Sobre todo, a queso, salsa de tomate, embutidos, aceite, café, bollería... Todos los alimentos que se puedan imaginar, tanto locales como internacionales, con delicias tan sencillas como la pizza o el archifamoso panetone, que cada año traspasa el umbral de más hogares españoles.
La impresión para todo amante del buen comer se parecía a sentirse abrazado por todo tipo de olores y sabores. Algunos de ellos eran conocidos y reconocibles y, muchos otros, novedosos y sorprendentes, en un ambiente donde estos atributos resultan imprescindibles para hacerse un hueco en las despensas.
Para resumir, se puede decir que la tendencia es la mezcla de sabores, pero también de valores como la tradición, la sostenibilidad y el bienestar.
Regaliz de hoja de laurel

El viaje gastronómico hacia lo desconocido comienza con la marca Klepper & Klepper. Son unos pequeños productores de regaliz que utiliza aceite de laurel. No es el regaliz que ya conocemos, sino uno con notas más frescas y herbales que combinan con el regaliz dulce. Asimismo, han introducido otros sabores nuevos como el café o la miel, que aportan un toque original.
Estos productores neerlandeses identificaron que en su país apenas se consumen 2 kg de regaliz al año. Por tanto, para vender un producto como este la clave está en conseguir un sabor más suave, que facilita su consumo, dicen los dueños de la marca.
Chile amarillo
El ají amarillo es un producto clásico de la cocina peruana. Es un condimento que aporta un toque picante a la comida, si bien existen otras variedades más suaves e incluso no picantes. El factor diferencial en este caso es presentarlo con los máximos estándares de sostenibilidad y adaptado a todo tipo de consumidores, ya sean vegetarianos, veganos, etc.
Asimismo, Miranda Langa ofrece este producto en forma de pastas y salsas para acompañar otros platos. También lo venden en forma de snacks, como si fueran pipas de girasol o calabaza. Desde la marca sacan el máximo rendimiento a estos alimentos tan accesibles buscando una amplia variedad de subproductos.
Queso con Whisky

El sabor es sorprendente, probablemente el que más de toda la colección de Snowdonia. Una muestra de que las fusiones en la comida no se limitan a lo obvio, sino a ingredientes que no parecen tener nada que ver.
Crema de pistacho
Los productores de Alicos han encontrado una opción que combina todo lo que busca un consumidor: un alimento sano, con proteínas, sabroso y sostenible. Es una crema de pistacho con una fórmula que no requiere lactosa, gluten ni azúcares añadidos, de forma que se consigue un producto óptimo para picotear, pero sin que ello suponga renunciar a una vida saludable.
Desde esta empresa lo orientan hacia momentos de consumo tan dispares como el desayuno, el aperitivo, e incluso como relleno para postres.
Chupa chups coreanos y ramen con queso
El distribuidor Korina Trade apunta a diferentes productos. El primero y que más sorprendió fue el de las bebidas con marca Chupa Chups con sabores como sandía, uva o chicle de fresa. El fabricante embotella en Corea del Sur estas variedades de refrescos bajo la marca española.
Y además, cuenta con varias versiones de ramen precocinado mezclado con queso. La idea es que el queso disimula el picante de las salsas, en una demostración de que el sector culinario es una vía más de acercamiento cultural.
LAS TENDENCIAS TRAS LOS SABORES
Más allá de la sorpresa inicial que provocan estos sabores poco habituales, todas estas propuestas responden a algunas de las grandes tendencias que están marcando el rumbo del sector alimentario. Una de ellas es la reinterpretación de la tradición, que convierte productos de toda la vida en versiones gourmet donde el origen y el saber hacer vuelven a ocupar el centro.
También gana terreno el concepto street food, con soluciones como ramen o noodles coreanos que han pasado de ser exóticos a formar parte del día a día, muchas veces en formatos híbridos que mezclan culturas e ingredientes.
A este mapa de novedades se suma un plant-based que ya no es un elemento novedoso, sino una opción integrada en la oferta de casi cualquier expositor, desde cremas de pistacho veganas hasta snacks de maíz andino. Y, junto a ello, el auge de los alimentos funcionales, que buscan aportar un extra de bienestar: untables con superalimentos, masas reformuladas para ser más saludables o productos pensados para acompañar diferentes momentos de consumo.
En conjunto, todas estas corrientes presentan un consumidor más curioso, que quiere cuidarse sin renunciar al sabor y que busca experiencias nuevas sin perder de vista los valores. Como resume Riccardo Caravita, Brand Manager de Tuttofood, el mercado ya no reclama copias de lo que existe, sino propuestas capaces de unir salud, comodidad, identidad y disfrute. Y esta edición de la feria fue un escaparate lleno de respuestas.

