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La Semana Santa mueve la economía con más viajes y un consumo bajo control

La gran escapada de abril confirma el tirón del sector turístico mientras el consumidor reparte el gasto con más cálculo que entusiasmo

El 35% de los viajeros ya usa IA para planificar rutas, impulsado por la Generación Z en España
Por Marta Díaz de Santos

La Semana Santa vuelve a poner en marcha uno de los motores más visibles de la economía española, el turismo de corto radio. La Dirección General de Tráfico prevé más de 17 millones de desplazamientos de largo recorrido hasta el 6 de abril, una cifra que convierte estos días en algo más que una operación salida: en un termómetro del consumo doméstico.

El mapa es reconocible y bastante estable. La costa, las segundas residencias y las ciudades con tradición procesional concentran la mayor parte del movimiento. En la Comunidad Valenciana, uno de los destinos clave, la ocupación hotelera se sitúa en torno al 75%-77%, con picos superiores en enclaves turísticos. Benidorm supera el 80% en algunos días, mientras Valencia capital y Peñíscola mantienen cifras altas durante toda la semana.

En la Región de Murcia, ciudades como Murcia, Cartagena o Lorca rozan el lleno en los días centrales, impulsadas tanto por el turismo religioso como por el visitante nacional que repite cada año. Mientras, en el alojamiento alternativo, los campings se consolidan como uno de los grandes ganadores: el sector prevé ocupaciones cercanas al 90%, con bungalows prácticamente completos.

Pero más allá de los porcentajes, lo interesante está en cómo se comporta el gasto. Esta Semana Santa no es la del derroche, sino la del equilibrio. El viajero sigue saliendo, y lo hace en masa, pero distribuye el presupuesto con más cuidado. El dato más claro lo ofrecen los campings: el gasto medio por reserva se sitúa en torno a 445 euros, con un aumento significativo respecto al año anterior. No es un viaje de lujo, pero tampoco una escapada mínima: es una decisión calculada.

Ese cambio también se nota en el propio viaje. El coche vuelve a ser protagonista, lo que desplaza parte del gasto desde el transporte hacia el consumo en ruta: gasolina, peajes, restauración de paso, compras en supermercados o pequeños caprichos en destino. Frente al viaje cerrado de otros momentos, la escapada actual es más flexible y fragmentada, con muchas decisiones que se toman sobre la marcha.

El calendario y el clima juegan a favor. La previsión de tiempo estable y temperaturas suaves en buena parte del país durante los primeros días impulsa las reservas de última hora y, sobre todo, el gasto espontáneo: terrazas llenas, más actividad en la calle y una mayor predisposición a consumir sin tanta planificación. Es el tipo de contexto que no dispara los precios, pero sí mantiene viva la actividad.

También cambia el tipo de viaje. Frente a la gran escapada internacional, gana peso el desplazamiento de proximidad con trayectos de tres o cuatro horas, estancias más cortas y decisiones más tácticas. Se viaja menos lejos, pero no necesariamente se gasta menos: simplemente se reparte el presupuesto de otra forma.

Por eso, esta Semana Santa dice bastante más de lo que parece. Los 17 millones de desplazamientos confirman que el turismo sigue siendo uno de los pilares del consumo en España. El sector llena, sí, pero lo hace con un cliente más prudente, más comparador y más atento al precio. España viaja, pero viaja con calculadora.

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