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Sánchez defiende el "No a la guerra" y asegura que no teme "represalias"

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha asegurado este miércoles que la posición de España en el conflicto de Estados Unidos e Israel contra Irán es "No a la guerra" y asegura que no teme "represalias" por mantener esta postura

Por Marta Díaz de Santos

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, defendió este miércoles que la posición oficial de España ante la actual crisis internacional es clara: “No a la guerra”. En una declaración institucional difundida desde el complejo presidencial de Palacio de La Moncloa, el jefe del Ejecutivo insistió en que la respuesta a las tensiones globales debe ser diplomática y multilateral, y aseguró que su Gobierno no teme posibles represalias por mantener esta postura.

Durante su intervención, Sánchez evocó las consecuencias de la Guerra de Irak como ejemplo de los riesgos de recurrir a la fuerza militar para resolver conflictos internacionales. A su juicio, aquel episodio impulsado por George W. Bush tuvo efectos negativos duraderos en la estabilidad internacional y en la vida de millones de personas.

El presidente subrayó que esa experiencia debe servir como lección histórica para evitar repetir errores en el contexto actual de tensiones entre Estados Unidos, Israel e Irán. Según explicó, responder a una ilegalidad con otra no conduce a soluciones duraderas ni justas. “España mantiene una posición firme: no a la guerra”, reiteró el mandatario, defendiendo que la comunidad internacional debe priorizar el diálogo, la distensión y la negociación política.

Rechazo al régimen iraní, pero también a la vía militar

En su discurso, Sánchez reconoció su crítica hacia el régimen iraní, al que calificó de “terrible”, aunque matizó que esa valoración no justifica una intervención militar ni represalias armadas. Para el Ejecutivo español, la presión internacional debe ejercerse a través de mecanismos diplomáticos y legales, con el objetivo de evitar una escalada que termine afectando principalmente a la población civil. El presidente advirtió de que las guerras suelen generar más inestabilidad, crisis humanitarias y efectos colaterales que acaban extendiéndose mucho más allá del territorio donde estalla el conflicto.

Las declaraciones de Sánchez se producen después de que el entonces presidente estadounidense, Donald Trump, amenazara con imponer un embargo comercial a España si el país se negaba a permitir el uso de las bases militares españolas para operaciones en Oriente Medio. En particular, Washington habría solicitado acceso operativo a las instalaciones de Base Naval de Rota y Base Aérea de Morón.

Ante esa posibilidad, Sánchez fue tajante: el Gobierno no permitirá que España sea “cómplice” de acciones que considera perjudiciales para el orden internacional, incluso si ello implica consecuencias económicas o diplomáticas. “No vamos a ser cómplices de algo que es malo para el mundo, simplemente por el miedo a las represalias de alguno”, afirmó.

El presidente también reivindicó la autonomía de la política exterior española, subrayando que las decisiones del Gobierno no responden al temor a presiones externas, sino a una convicción basada en el respeto al derecho internacional. Sánchez dirigió su mensaje tanto a la comunidad internacional como a la sociedad española, apelando a la necesidad de apostar por soluciones multilaterales y diplomáticas frente a la escalada de tensiones en Oriente Medio. En su intervención, el mandatario insistió en que la vía del diálogo es la única capaz de garantizar una paz estable, advirtiendo de que repetir los errores del pasado podría tener consecuencias graves para la seguridad global.

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