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Nuevos riesgos laborales en un entorno climático cada vez más exigente

El impacto del cambio climático no se limita al calor. También está alterando la forma en que los trabajadores se exponen a determinados agentes químicos, biológicos y contaminantes

Por Redacción Capital

Durante años, el cambio climático se ha abordado como un desafío ambiental o energético, alejado de la realidad cotidiana de las empresas. Sin embargo, esa percepción ha cambiado de forma radical. Hoy, sus efectos se sienten directamente en el día a día de millones de trabajadores y están transformando de manera profunda las condiciones en las que se desarrolla la actividad laboral.

En este contexto, Fernando Liz, director de Medioambiente y Sostenibilidad en Quirónprevención, advierte de que “el cambio climático ya no es solo un reto ambiental; es un nuevo factor de riesgo laboral que las empresas deben integrar de forma estructural en sus sistemas de prevención”.

El impacto del calor extremo en la salud laboral

Uno de los efectos más evidentes de este cambio es el incremento de las olas de calor, un fenómeno que en países como España se ha intensificado de forma notable en los últimos años. Para los trabajadores, especialmente aquellos que desempeñan su labor al aire libre, esto supone un desafío creciente. “El incremento de las temperaturas extremas está transformando de forma significativa el mapa de riesgos laborales, especialmente en sectores como la construcción, la agricultura o la logística”, explica Liz. En estos ámbitos, la exposición prolongada al calor puede provocar golpes de calor, deshidratación, fatiga térmica o incluso agravar patologías previas.

Pero los efectos van más allá de los problemas físicos inmediatos. “Las altas temperaturas también generan consecuencias indirectas muy relevantes, como la reducción de la capacidad de concentración, el aumento de la fatiga o un mayor riesgo de accidentes laborales”, añade el director de Medioambiente y Sostenibilidad de Quirónprevención. Este conjunto de factores no solo impacta en la salud de los trabajadores, sino también en la productividad y en la seguridad general de las operaciones. Por ello, la gestión del riesgo térmico se ha convertido en una prioridad estratégica dentro de la prevención de riesgos laborales.

Medidas preventivas: anticipación y adaptación

Ante este escenario, las empresas están empezando a implementar medidas específicas para reducir la exposición al calor. Sin embargo, como subraya Liz, la clave no está en aplicar soluciones aisladas, sino en adoptar un enfoque integral. “La gestión preventiva del riesgo térmico requiere combinar medidas organizativas, técnicas y formativas”, señala. Entre las más eficaces, destaca la adaptación de los horarios de trabajo para evitar las horas de mayor calor, una práctica que ya se está extendiendo en múltiples sectores.

También insiste en la importancia de las pausas de recuperación: “Es fundamental incrementar los tiempos de descanso y garantizar que se realicen en zonas adecuadas, con sombra o climatización, para facilitar la recuperación del organismo”. La hidratación es otro elemento crítico. “El acceso continuo a agua potable y la promoción de hábitos adecuados de hidratación son medidas sencillas, pero extremadamente eficaces”, apunta Liz.

A estas acciones se suman otras más avanzadas, como la utilización de sistemas de monitorización ambiental o herramientas basadas en previsiones meteorológicas. “Cada vez más empresas están incorporando sistemas de alerta temprana que permiten planificar con antelación las actividades más exigentes físicamente”, explica el experto.

Nuevos riesgos: agentes químicos y biológicos

El impacto del cambio climático no se limita al calor. También está alterando la forma en que los trabajadores se exponen a determinados agentes químicos, biológicos y contaminantes. “Las altas temperaturas pueden favorecer la volatilización de ciertos productos químicos, aumentando su concentración en el ambiente de trabajo”, advierte Fernando Liz. Este fenómeno incrementa el riesgo de exposición, especialmente en entornos industriales.

Además, los fenómenos meteorológicos extremos pueden generar situaciones imprevistas. “La mayor frecuencia de tormentas o inundaciones puede provocar la dispersión de contaminantes o materiales peligrosos”, añade. En el ámbito biológico, los cambios son igualmente relevantes. “El aumento de temperaturas y la modificación de los ecosistemas están favoreciendo la proliferación de vectores, microorganismos o plagas”, señala Fernando Liz. Esto tiene implicaciones directas en sectores como la agricultura, la gestión de residuos o los servicios urbanos.

Ante este contexto, el experto insiste en la necesidad de revisar continuamente las evaluaciones de riesgos. “Es imprescindible incorporar una visión más dinámica, adaptada a un entorno climático cambiante”, subraya.

Planes de emergencia ante fenómenos extremos

Otro de los grandes desafíos es el aumento de los fenómenos meteorológicos extremos. Inundaciones, incendios forestales o tormentas severas están dejando de ser episodios aislados para convertirse en riesgos recurrentes. “Los planes de emergencia tradicionales ya no son suficientes”, afirma Fernando Liz. “Es necesario incorporar escenarios climáticos cada vez más frecuentes y severos”.

Esto implica, según explica, analizar la vulnerabilidad de las instalaciones, revisar las cadenas logísticas y definir protocolos específicos de actuación. “Las empresas deben establecer medidas claras de evacuación o confinamiento en función del tipo de evento”, indica.

La tecnología juega aquí un papel clave. “La incorporación de sistemas de alerta temprana y de comunicación rápida con los trabajadores es fundamental para garantizar una respuesta eficaz”, añade Liz. Además, destaca la importancia de la preparación práctica: “Realizar simulacros específicos relacionados con eventos climáticos extremos permite mejorar la capacidad de respuesta de las organizaciones”.

Formación y cultura preventiva

En este nuevo escenario, la formación adquiere una relevancia estratégica. “Muchos de los riesgos asociados al cambio climático se manifiestan de forma progresiva y pueden pasar desapercibidos en sus primeras fases”, advierte Fernando Liz.

Por ello, considera esencial que los trabajadores estén preparados. “Deben ser capaces de reconocer los síntomas tempranos de estrés térmico o deshidratación, identificar situaciones meteorológicas de riesgo y aplicar correctamente los protocolos de actuación”, explica.

Pero más allá de la formación técnica, el reto es cultural. “La sensibilización contribuye a generar una cultura preventiva más sólida, donde la adaptación al cambio climático se integra de forma natural en la actividad diaria”, afirma.

En este sentido, la formación continua se convierte en una herramienta clave para garantizar que las medidas preventivas sean realmente eficaces.

Sostenibilidad y prevención: dos caras de la misma moneda

Uno de los aspectos más destacados es la creciente conexión entre sostenibilidad y salud laboral. “Las estrategias de sostenibilidad y prevención están cada vez más conectadas”, asegura Fernando Liz.

Las empresas que apuestan por la eficiencia energética o la adaptación climática suelen mejorar también las condiciones de trabajo. “La mejora del aislamiento térmico, la optimización de los procesos industriales o la modernización de los sistemas de climatización reducen la exposición a temperaturas extremas y contaminantes”, explica.

Asimismo, la planificación sostenible de la movilidad laboral puede contribuir a reducir la exposición a episodios de calor extremo o contaminación. “En definitiva, la sostenibilidad no solo tiene un impacto ambiental o reputacional, sino que contribuye directamente a mejorar la salud y seguridad de los trabajadores”, resume.

El papel de Quirónprevención

Desde Quirónprevención, la adaptación a este nuevo escenario se aborda de forma integral, especialmente a través de su área de medioambiente y sostenibilidad, Q-Planet. “Consideramos que el cambio climático debe abordarse como un vector estratégico dentro de la gestión de la prevención de riesgos laborales”, afirma Fernando Liz.

Entre las principales recomendaciones que plantea la compañía destacan la integración de los riesgos climáticos en las evaluaciones de riesgos, el desarrollo de protocolos específicos frente a olas de calor y fenómenos extremos, la incorporación de herramientas de monitorización y alerta temprana, y el refuerzo de la formación.

También subraya la importancia de conectar sostenibilidad y prevención: “Es fundamental vincular las políticas de adaptación climática con la gestión de la salud laboral”.

Prepararse para el futuro

El cambio climático está redefiniendo las reglas del juego en el ámbito laboral. Lo que antes era un factor externo hoy se ha convertido en un elemento central para la gestión empresarial. “La clave está en anticiparse”, concluye Fernando Liz. “Las organizaciones que sean capaces de identificar estos nuevos riesgos y adaptarse a ellos estarán mejor preparadas para proteger la salud de sus trabajadores”.

En un entorno cada vez más exigente, la prevención evoluciona hacia modelos más dinámicos, predictivos y conectados con la sostenibilidad. Y en ese camino, la capacidad de adaptación marcará la diferencia entre las empresas que reaccionan y las que lideran el cambio.

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