Economía

Financiar el negocio con tarjetas personales: qué riesgos asume el autónomo

El uso recurrente de tarjetas personales puede agravar la liquidez del autónomo; Deudafix analiza las alternativas ante el sobreendeudamiento

Por Redacción Capital

Ser autónomo es ser un superhéroe en el infierno. Pocas ayudas y mucho sufrimiento que soportar diariamente. A nadie se le escapa que la figura de un trabajador por cuenta propia debe superar retos casi imposibles y lo hace por puro tesón y buen trabajo. Toda ayuda es poca y cuando la factura de un cliente se retrasa, algo bastante habitual, el alquiler, el software, los proveedores y los impuestos deben cumplirse sin excepción. Es entonces cuando la tarjeta personal suele aparecer como una salida de urgencia puesto que permite pagar ahora y ganar unas semanas hasta que entre dinero en la cuenta.

Se trata de una herramienta de gran utilidad en un gasto puntual, sin embargo, no se debe cometer el error de utilizarla recurrentemente y pagar con ella parte de la actividad mensual. En el caso de que las cuotas comiencen a acumularse y los ingresos se vean incapaces de absorberlas, es el momento de revisar todas las alternativas disponibles. Es en este sentido cuando es aconsejable ponerse en contacto con abogados de Ley de Segunda Oportunidad para que estudien a fondo, por ejemplo, si la situación económica permite acogerse a los mecanismos previstos en la legislación concursal para personas físicas y autónomos.

Cuando el crédito deja de ser algo puntual

Si el negocio necesita crédito todos los meses para funcionar, la financiación está tapando una falta de liquidez más profunda. Por tanto, una tarjeta puede servir para afrontar necesidades puntuales de liquidez. Sin embargo, cuando se utiliza de forma recurrente para financiar gastos ordinarios del negocio porque los ingresos no alcanzan para cubrirlos, conviene analizar si existe un problema de tesorería más estructural. 

El principal motivo es que los intereses elevan el coste real de aquello que se compra y condicionan los meses siguientes. Las cuotas pequeñas alivian la tesorería inmediata, alargando la devolución. Y mientras queda capital pendiente, los intereses continúan pesando sobre las cuentas.

Las deudas de tarjetas de crédito se vuelven especialmente incómodas cuando se siguen haciendo cargos mientras todavía se pagan compras anteriores. Parte de los ingresos futuros queda comprometida antes incluso de llegar. Para quien trabaja por cuenta propia, esa situación suele trasladarse enseguida a su economía doméstica si ha utilizado productos financieros personales para mantener la actividad.

La frontera está en poder devolver lo prestado

Las deudas de autónomo difieren entre sí. No tiene las mismas implicaciones financiar una avería de 800 euros sabiendo que se cobrarán varias facturas la semana siguiente que recurrir al crédito para pagar el recibo de la luz todos los meses. La primera situación puede responder a un bache de tesorería; la segunda invita a revisar si el negocio genera suficiente caja para sostener sus gastos habituales.

Pagar únicamente el mínimo de la tarjeta durante meses, aplazar impuestos de manera recurrente, utilizar una línea de crédito para atender otra o desconocer cuánto se debe en total indican que las finanzas empiezan a tensarse.

Es posible usar una tarjeta personal, un préstamo del negocio, pagos aplazados, recibos pendientes y obligaciones fiscales al mismo tiempo. Mirar cada cuota por separado ofrece una imagen engañosa; lo relevante es cuánto dinero exige toda la deuda cada mes y qué porcentaje de los ingresos se lleva.

Qué hacer cuando las cuotas empiezan a pesar demasiado

Antes de buscar más financiación conviene poner las cifras juntas. Cuánto queda por devolver, qué intereses se están pagando, qué cuotas vencen cada mes y qué ingresos pueden esperarse de forma razonable. Ese pequeño balance permite comprobar hasta qué punto existe margen para recuperar la estabilidad.

A partir de ahí, las soluciones dependerán de la situación de cada profesional. Puede ser necesario negociar con los acreedores, reorganizar pagos o estudiar las vías legales disponibles cuando existe insolvencia. Deudafix trabaja precisamente con particulares y autónomos que necesitan analizar situaciones de sobreendeudamiento y conocer qué alternativas tienen ante unas obligaciones que ya resultan difíciles de asumir. Si necesitas asesoramiento, ponte en contacto con ellos.

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