Durante la reunión de junio del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE), los miembros acordaron unánimemente aumentar los tipos de interés en 25 puntos básicos. En este encuentro, se destacó la especial resiliencia de la economía española frente a la crisis energética provocada por el conflicto en Oriente Próximo. Los banqueros centrales de la zona euro, junto con el directorio del BCE, advirtieron que la guerra estaba generando presiones inflacionarias más severas de lo previsto, afectando especialmente al sector servicios mientras que el sector manufacturero mantenía cierta estabilidad.
El Consejo de Gobierno del BCE subrayó que los indicadores de alta frecuencia en tiempo real apuntaban a un impacto prácticamente nulo a corto plazo en la economía española
Los consejeros reconocieron las crecientes presiones inflacionarias, un fenómeno que ya no es solo una previsión, sino una realidad materializada en el presente, incrementando las preocupaciones sobre posibles efectos de segunda ronda en la economía. Sin embargo, se afirmó que la zona euro no se encuentra en situación de estanflación, aunque las perspectivas de crecimiento para 2026 sean débiles.
El subsecuente análisis del Fondo Monetario Internacional (FMI) respaldó el optimismo hacia la economía española. El organismo mantuvo sus previsiones de crecimiento para España intactas, proyectando una expansión del 2,1% en 2026 y del 1,8% en 2027, cifras que superan ampliamente las expectativas generales de la zona euro. Según Petya Koeva Brooks, subdirectora del Departamento de Investigación del FMI, la solidez de estas previsiones se debe a un buen desempeño en el primer trimestre y a la implementación efectiva de medidas de apoyo energético, sumado a la significativa proporción de energías renovables en el mix energético del país.
En un paralelo entre las discusiones del BCE y las previsiones del FMI, se subrayó el efecto compensatorio de las inversiones en inteligencia artificial (IA) frente a los desafíos económicos derivados del conflicto en Oriente Próximo. Según el BCE, el optimismo renovado hacia la IA y sus inversiones están impulsando el apetito por el riesgo entre los inversores, pese al impacto negativo de la guerra sobre las expectativas de crecimiento.
El FMI destacó cómo las perspectivas económicas globales están siendo influenciadas por estas dos fuerzas opuestas, mostrando efectos asimétricos entre diferentes países. La inversión en IA se presenta como un factor positivo que ayuda a mitigar, en parte, los efectos adversos de la crisis energética actual.
