El Índice de Precios de Consumo (IPC) mantuvo su tasa interanual en junio en el 3,2% por tercer mes consecutivo en pleno ‘shock’ energético por la guerra en Irán, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) que recoge Europa Press. Con el dato del sexto mes del año, la inflación encadenó cuatro meses consecutivos por encima del 3%, los tres últimos anclada en el 3,2%.
El organismo explicó que la electricidad y el gas tiraron al alza de los precios en junio, al encarecerse más que en el mismo mes de 2025, mientras que los combustibles y lubricantes para vehículos personales tiraron a la baja del IPC, al recortar sus precios este mes frente al registrado en junio de 2025.
“La presión de la guerra de Irán sobre los carburantes empieza a remitir, mientras el Gobierno mantiene su apoyo a las familias y a los sectores más afectados”, señaló el Ministerio de Economía, Comercio y Empresa en un comunicado.
El Departamento que dirige Carlos Cuerpo explicó que los carburantes, “que durante los meses más duros del conflicto fueron la principal presión al alza sobre los precios”, moderan ahora su contribución y empujan a la baja la tasa de inflación de junio.
Por contra, la electricidad y el gas contribuyeron al alza, hecho que se explica por la retirada de las medidas fiscales sobre la energía que el Gobierno inició el pasado 1 de junio.
La inflación subyacente, cinco meses de subidas
El INE incorporó en el avance de datos del IPC una estimación de la inflación subyacente —sin alimentos no elaborados ni productos energéticos—, que en junio disminuyó una décima, hasta el 2,9%. En términos mensuales —junio sobre mayo—, el IPC subió un 0,6%, cinco décimas más que en mayo. Con el incremento de junio, la inflación mensual acumula cinco meses consecutivos de alzas.
Por su parte, el IPC armonizado (IPCA) mantuvo su tasa interanual en junio en el 3,6%, con una variación mensual del 0,6%. La inflación subyacente del IPCA se estima en un 3,3% para el sexto mes del año, según apunta Estadística.
El PIB se desacelera dos décimas
La economía española creció un 0,6% en el primer trimestre del año, dos décimas menos que en el trimestre anterior, apoyada sobre todo en la demanda interna, que aportó cinco décimas al crecimiento, frente a la contribución de una décima del sector exterior, según los datos de Contabilidad Nacional trimestral publicados este jueves por el INE.
Entre enero y marzo el consumo de los hogares moderó su crecimiento tres décimas, hasta el 0,6%, mientras que el gasto público aceleró su ritmo de avance tres décimas, hasta el 0,5%, y el de las instituciones sin fines de lucro se aceleró 1,4 puntos, hasta mostrar un crecimiento del 2%.
“El consumo de los hogares se consolida como uno de los principales motores de la economía, con un avance trimestral del 0,6%, apoyado principalmente en la solidez del mercado laboral, en un arranque de año marcado por el impacto de la guerra en Irán en la inflación desde febrero. Las medidas aprobadas por el Gobierno el pasado 20 de marzo están amortiguando el daño de este nuevo shock energético sobre hogares y empresas”, ha destacado el Ministerio de Economía, Comercio y Empresa en un comunicado.
Junto al consumo de los hogares, la inversión también moderó su crecimiento en el primer trimestre. Avanzó un 0,4%, tasa 1,7 puntos inferior a la del trimestre previo y su peor dato desde el tercer trimestre desde 2024.
... pero Christine Lagarde descarta una respuesta monetaria “más contundente”
La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, asegura que la institución no aprecia por ahora riesgos de inflación ni efectos indirectos derivados de la guerra en Oriente Próximo que justifiquen una respuesta monetaria “más contundente”, aunque insiste en que el organismo mantendrá una vigilancia “muy estrecha” sobre la evolución de la situación y actuará en función de los datos.
“El choque es demasiado grande y no se puede pasar por alto, porque podríamos poner en peligro nuestro objetivo, pero todavía no vemos expectativas de inflación ni efectos de segunda ronda que justifiquen una respuesta de política monetaria más contundente”, afirmó Lagarde durante su comparecencia ante la comisión de Asuntos Económicos y Monetarios (ECON) del Parlamento Europeo en Bruselas.
La presidenta del BCE defendió así la decisión adoptada a inicios de este mes por el Consejo de Gobierno de elevar los tres tipos de interés oficiales en 25 puntos básicos, la primera subida desde septiembre de 2023, ante el repunte de las presiones inflacionistas derivadas del conflicto en Oriente Próximo y del encarecimiento de la energía.
“Con esta decisión estamos bien posicionados para hacer frente a la incertidumbre generada por la guerra y vamos a seguir muy de cerca la evolución de la situación”, señaló Lagarde, quien insistió en que el BCE no está “prejuzgando ninguna trayectoria de tipos de interés concreta” y mantendrá un enfoque dependiente de los datos.
En este sentido, explicó que la institución trabaja con tres escenarios alternativos sobre la evolución del conflicto y sus efectos sobre la economía y la inflación, pero ha recalcado que, en todos ellos, “estaba justificado el incremento de tipos”.
Lagarde advirtió de que las perspectivas económicas siguen marcadas por una elevada incertidumbre, con riesgos al alza para la inflación y a la baja para el crecimiento. Así, las previsiones del Eurosistema apuntan a una inflación del 3% en 2026, del 2,3% en 2027 y del 2% en 2028, mientras que el crecimiento del PIB de la zona euro se moderará hasta el 0,8% este año, antes de repuntar al 1,3% en 2027 y al 1,5% en 2028.
La presidenta del BCE atribuye buena parte de estas tensiones al encarecimiento de la energía, cuyos precios —indicó— aumentaron alrededor de un 10% en abril y mayo. Además, la tasa subyacente, que excluye energía y alimentos, se situó recientemente en el 2,6%, mientras que las expectativas a corto plazo sobre la evolución de los precios ya superan los niveles previos al estallido de la guerra en Oriente Próximo.
No obstante, defendió que el actual episodio difiere del vivido tras la pandemia y la invasión rusa de Ucrania, cuando —según explicó— la economía se encontraba respaldada por políticas monetarias y fiscales distintas.
“Cuando se produjo este choque, la inflación se encontraba más cerca del objetivo y las políticas monetarias y presupuestarias ya no eran de carácter acomodaticio”, explicó Lagarde, apuntando a que la transmisión de las tensiones energéticas al conjunto de la economía podría ser “más limitada”, aunque “persistan los riesgos”.
