Economía

Putin amenaza con cortar todo el gas a Europa: ¿un año de adelanto a las sanciones?

La guerra en Oriente Medio y el bloqueo del estrecho de Ormuz crean un mercado caótico que Rusia podría aprovechar para redirigir sus exportaciones hacia Asia

Por Redacción Capital

La tensión energética entre Rusia y Europa vuelve a situarse en el centro de la geopolítica mundial, con un escenario que combina las secuelas de la guerra en Oriente Medio y la estrategia de Vladimir Putin para reposicionar a su país en el mercado global de gas. El presidente ruso confirmó recientemente que está considerando detener de manera total los envíos de gas hacia la Unión Europea, una medida que pondría en riesgo el suministro de gas a gran parte del continente y aceleraría un cambio que ya estaba previsto para 2027. Según Putin, la situación actual le ofrece a Rusia la oportunidad de adelantarse a los planes europeos: "Si de todos modos van a cerrar ellos el suministro en unos meses, ¿por qué no parar de enviarles gas ahora y aprovechar para afianzar mercados donde nuestros socios son más fiables?", declaró en una entrevista.

La advertencia se produce en un momento crítico. Europa todavía depende de Rusia para aproximadamente el 13 % de su consumo total de gas, unos 40.900 millones de metros cúbicos al año. Aunque esta cifra es significativamente menor que el 45 % registrado en 2021, su impacto potencial no puede subestimarse, especialmente ante la combinación de un mercado global inestable y la interrupción del suministro desde Oriente Medio. La guerra en Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz han dejado atrapado un 20 % del gas mundial, lo que ha generado un escenario donde cualquier corte ruso tendría consecuencias inmediatas sobre los precios y la disponibilidad del combustible en Europa.

Históricamente, Europa ha intentado reducir su dependencia de Rusia mediante un plan escalonado que contempla la eliminación progresiva de las importaciones de gas ruso. Este plan incluye la prohibición de los contratos de gas natural licuado (GNL) a corto plazo a partir del 25 de abril de este año, el cierre de los contratos a largo plazo por gasoducto en junio, y la prohibición total de la compra de GNL en enero de 2027, seguida de la eliminación completa del gas por gasoducto en septiembre de ese mismo año. Sin embargo, la presión generada por el conflicto en Oriente Medio ha alterado las condiciones de este plan ordenado, aumentando la vulnerabilidad de Europa a posibles interrupciones.

La infraestructura energética rusa todavía mantiene rutas críticas que abastecen a Europa, como el TurkStream, un gasoducto submarino que conecta Rusia con Turquía y, desde allí, con los Balcanes. Esta vía permite transportar hasta 31.500 millones de metros cúbicos al año y sigue siendo un soporte clave para países de Europa Central y del Este. Además, Rusia continúa enviando GNL a puertos europeos, destacando España, Francia y Bélgica como receptores principales. Solo en 2025, el continente recibió 20.000 millones de metros cúbicos de GNL y 18.000 millones a través del gasoducto activo, cifras que reflejan que, pese a la reducción, Moscú aún conserva influencia en el suministro europeo.

La situación adquiere una dimensión política, ya que Putin ha vinculado esta estrategia a las políticas energéticas de la UE, calificándolas de desacertadas y criticando el uso de la agenda verde con fines internos o partidistas. Según el mandatario ruso, los altos precios actuales de petróleo y gas no solo se explican por las restricciones al petróleo ruso, sino también por la situación en Oriente Medio y las acciones militares de Estados Unidos contra Irán. En este contexto, la decisión de Rusia de cortar el suministro puede ser tanto un movimiento económico como una herramienta geopolítica para fortalecer su posición frente a los mercados asiáticos, donde la demanda de gas está en aumento.

La amenaza rusa, según analistas de ING, representa un riesgo considerable para el equilibrio energético europeo, especialmente con reservas que actualmente se encuentran al 30 % de su capacidad, la cifra más baja en cinco años. Aunque los precios del gas no han mostrado subidas desorbitadas, consolidando los 50 euros por megavatio hora, cualquier interrupción prolongada podría desencadenar una escalada en los costos y una intensa competencia por el GNL disponible, particularmente frente a compradores asiáticos que enfrentan restricciones en Oriente Medio.

En resumen, Europa se enfrenta a un dilema complejo: acelerar su transición energética y diversificación de proveedores, mientras navega un mercado global convulso, o arriesgarse a sufrir un golpe severo en el suministro de gas que, aunque hoy parezca manejable, podría desestabilizar el continente en los próximos meses. La decisión final de Putin todavía está en estudio, pero su declaración deja claro que Moscú está dispuesto a utilizar el gas como instrumento estratégico para fortalecer su influencia internacional y asegurar mercados alternativos más confiables.

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