La ofensiva de Bruselas contra Temu, Shein y los paquetes baratos es un cambio de régimen para el comercio electrónico en Europa. La Comisión Europea y el Consejo han puesto en marcha una batería de medidas para frenar la avalancha de pequeños envíos extracomunitarios que llegan cada día al mercado europeo, sobre todo desde China, y que durante años se han beneficiado de costes aduaneros reducidos, controles limitados y una enorme ventaja de precio.
El dato que ha hecho saltar las alarmas resume la magnitud del fenómeno. En 2024 entraron en la Unión Europea 4.600 millones de paquetes de bajo valor, el equivalente a unos 12 millones diarios, con China como origen mayoritario. Las aduanas europeas, diseñadas para un comercio muy distinto, han quedado desbordadas por un flujo que combina volumen masivo y baja trazabilidad.
En el centro de esta batalla está el umbral de 150 euros para los pequeños envíos. Ese sistema permitió que millones de productos vendidos por plataformas como Temu y Shein accedieran al mercado europeo con fricción mínima, apoyados en una logística fragmentada que envía directamente al consumidor final. Bruselas considera ahora que ese esquema ha favorecido la competencia desleal, ha debilitado los controles y ha facilitado la entrada de productos que no siempre cumplen con las normas europeas.
La respuesta política ha sido contundente. A partir de 2026, la Unión Europea eliminará en la práctica ese privilegio e impondrá una tasa fija, en torno a tres euros, a los paquetes de bajo valor. El objetivo va más allá de recaudar... la idea es trasladar a las plataformas parte de los costes que hasta ahora asumían las administraciones públicas en forma de inspección, gestión aduanera y control.
Impacto económico inmediato
El modelo de negocio de estas plataformas no se basa únicamente en producir barato, sino en enviar millones de pedidos individuales con un coste logístico mínimo y una carga regulatoria reducida. Si ese equilibrio se rompe, la ventaja competitiva se estrecha. El precio final para el consumidor subirá, pero también lo hará la presión sobre las plataformas para rediseñar su operativa.
La ofensiva responde también a una demanda creciente del tejido empresarial europeo. Fabricantes y distribuidores llevan años denunciando una competencia asimétrica; mientras ellos cumplen estrictas normas fiscales, ambientales y de seguridad, parte de la oferta importada logra esquivarlas en la práctica. Bruselas busca ahora reequilibrar ese terreno de juego sin renunciar al comercio digital global.
Además, la Unión Europea está reforzando las obligaciones de las plataformas digitales para que asuman responsabilidad sobre los productos que comercializan, desde su seguridad hasta su legalidad. Al final, operar en el mercado europeo implica cumplir sus reglas, independientemente del origen de la empresa.
A ello se suma el factor ambiental. El modelo de envíos fragmentados y consumo acelerado multiplica el transporte, el embalaje y las devoluciones, en tensión directa con los objetivos europeos de sostenibilidad. La ofensiva contra los paquetes baratos es también, en parte, una respuesta a ese modelo de consumo.
Para Temu y Shein, el reto es adaptarse o perder competitividad. La alternativa pasa por reconfigurar su logística, establecer centros de distribución en Europa y asumir un papel más activo como importadores dentro del mercado comunitario. Es un cambio estructural que implica más costes, pero también mayor estabilidad regulatoria.
En el fondo, lo que Bruselas está redefiniendo es el equilibrio entre apertura comercial y control. Durante años, el paquete ultrabarato ha simbolizado las ventajas del comercio global digital. Hoy representa también sus grietas. Y la Unión Europea ha decidido cerrarlas, aunque eso suponga encarecer el acceso inmediato a productos de bajo coste.
