Septiembre siempre ha tenido algo de principio de año. Se recuperan las rutinas, se hacen planes, se ordenan armarios y reaparece esa versión optimista de nosotros mismos que cree posible cenar antes, dormir ocho horas y no mirar el teléfono nada más despertarse. Después, naturalmente, llega la realidad. Pero durante unos días todo parece nuevo.
También es un buen momento para leer. Las tardes todavía son largas, el frío no ha llegado y conservamos algo de la disposición veraniega a detenernos. El reto consiste en no perderla entre correos, reuniones y listas de tareas. Un libro sobre la mesilla puede funcionar entonces como una pequeña reserva de tiempo propio: un lugar al que regresar cuando el verano empieza a parecer demasiado lejano.
La selección reúne novedades y clásicos contemporáneos que comparten una misma actitud. Hablan del amor, la edad, los padres, el deseo, la memoria y las vidas que pudimos haber vivido, pero lo hacen sin solemnidad. Son libros inteligentes, emotivos y, en muchos casos, muy divertidos. Lecturas sin etiquetas de género que pueden pasar de una mesilla de noche a otra y convertir la vuelta a la rutina en algo bastante más llevadero.
‘Mujeres elegantes’ de Milena Busquets
Milena Busquets puede empezar hablando de Proust, detenerse en un vestido, recordar a su madre y terminar en una comida en Cadaqués sin que el recorrido parezca forzado. Esa naturalidad, que es mucho más difícil de conseguir de lo que aparenta, sostiene ‘Mujeres elegantes’, una de las novedades más apetecibles de la temporada.
El libro reúne textos sobre la escritura, los hijos casi adultos, los hombres, los amigos, la ropa y el paso del tiempo. Todo cabe en una voz irónica, mundana y muy consciente de que la vida se compone tanto de grandes pérdidas como de conversaciones, cenas y objetos aparentemente secundarios.
Busquets practica una clase de frivolidad seria: sabe que la belleza no soluciona nada, pero también que no todo tiene que solucionar algo. Ideal para regresar a la ciudad sin abandonar por completo el estado de ánimo de las vacaciones.
‘Las gratitudes’ de Delphine de Vigan
Michka está perdiendo las palabras. Los términos que ha utilizado durante toda su vida comienzan a desaparecer o a transformarse en otros, y su ingreso en una residencia la acerca a Marie, una joven a la que cuidó durante la infancia, y a Jérôme, el logopeda que intenta ayudarla.
Con esos tres personajes, Delphine de Vigan construye una novela breve sobre la memoria, la vejez y las deudas afectivas. ¿Hemos dado las gracias a quienes cambiaron nuestra vida? ¿Lo hemos hecho de verdad o hemos confiado en que ya lo sabían?
Escrita con enorme contención, ‘Las gratitudes’ emociona sin buscar el golpe de efecto. Se lee en una tarde y deja una consecuencia inmediata: las ganas de llamar a alguien, escribir un mensaje o pronunciar una frase que llevábamos demasiado tiempo posponiendo. Quizá no exista una forma mejor de comenzar septiembre.
'No me gusta mi cuello' de Nora Ephron
Septiembre puede llenarse rápidamente de buenos propósitos. Nora Ephron es el antídoto perfecto contra cualquiera que implique cremas milagrosas, gimnasios imposibles o la esperanza de reorganizar definitivamente el bolso.
En estos ensayos habla de envejecer, teñirse el pelo, vivir en Nueva York, criar hijos, divorciarse y descubrir que algunas partes del cuerpo empiezan a tener opiniones propias. Debajo de cada observación divertida aparece, sin embargo, una idea bastante seria sobre el miedo al tiempo y la dificultad de aceptar sus efectos.
Publicado originalmente en 2006, ‘No me gusta mi cuello’ se ha convertido en un clásico porque Ephron nunca escribe desde la queja, sino desde una inteligencia cómica que vuelve soportable casi cualquier desastre. Leerla produce la sensación de estar cenando con esa persona que siempre encuentra la frase exacta cuando los demás ya se han puesto demasiado trascendentes.
‘A cuatro patas’ de Miranda July
Una artista de mediana edad sale de Los Ángeles con la intención de atravesar Estados Unidos en coche. Sin embargo, poco después de comenzar el viaje, decide instalarse en un motel cercano y construir allí una existencia paralela que su familia desconoce.
A partir de ese desvío, Miranda July explora el deseo, el matrimonio, la menopausia, la libertad y la posibilidad de inventar otra vida sin necesidad de viajar demasiado lejos. La novela es extraña, sensual, incómoda y muy divertida. También plantea una pregunta especialmente oportuna en septiembre: cuánto de nuestra rutina hemos elegido y cuánto conservamos simplemente porque ya estaba ahí.
July no ofrece un manual de reinvención ni una protagonista ejemplar. Su personaje se equivoca, desea y se contradice. Precisamente por eso, resulta difícil dejar de leerla.
‘Los astronautas’ de Laura Ferrero
Una fotografía muestra a la narradora cuando era niña junto a sus padres. Debería ser una imagen familiar, pero produce el efecto contrario: parece demostrar la existencia de una familia que había desaparecido casi por completo del relato de su infancia.
A partir de ese hallazgo, Laura Ferrero reconstruye una historia hecha de separaciones, silencios y versiones incompletas. ¿Qué sucede cuando descubrimos que aquello que nos contaron sobre nuestra vida era solo una interpretación? ¿Quiénes eran nuestros padres antes de convertirse en nuestros padres?
Ferrero parte de un elemento autobiográfico y lo transforma en una ficción delicada sobre la identidad, la memoria y las familias que no llegaron a serlo del todo. Es uno de esos libros que despiertan el deseo —no siempre prudente— de abrir cajas, revisar álbumes y formular preguntas antiguas.
‘Formas de volver a casa’ de Alejandro Zambra
Durante la dictadura chilena, un niño observa un mundo de conversaciones interrumpidas y adultos que bajan la voz. Mientras él juega, aprende a leer y empieza a enamorarse, sus padres pertenecen a una historia política que todavía no puede comprender.
Años más tarde, convertido en escritor, el narrador vuelve sobre aquella infancia e intenta averiguar qué hicieron los adultos mientras los niños parecían ocupar un papel secundario. Zambra escribe con precisión y melancolía, sin grandes discursos y sin una palabra innecesaria.
La novela habla de Chile, pero su alcance es universal. Todos llegamos alguna vez al momento en el que dejamos de ver a nuestros padres como figuras indiscutibles y comenzamos a reconocerlos como personas contradictorias, vulnerables y no siempre fáciles de comprender. Una forma de volver a casa sabiendo que ninguna casa permanece intacta.
‘Juegos infames’ de Mónica Pérez Sobrino
Paola es escritora. Julio, un director de cine brillante. Su relación nace con la intensidad de las historias que parecen destinadas a transformarlo todo, pero pronto queda atrapada en una sucesión de deseo, silencios, huidas y heridas que ninguno de los dos consigue explicar.
En su segunda novela, Mónica Pérez Sobrino utiliza una historia amorosa para asomarse a la cara menos visible del éxito. Detrás de los aplausos, los estrenos y las vidas aparentemente deseables aparecen la insatisfacción, la memoria bloqueada y un secreto del pasado que obliga a contemplar la relación desde otro lugar.
Con una prosa directa y un tono íntimo, ‘Juegos infames’ avanza como una investigación emocional. Habla del amor, pero también de la facilidad con la que confundimos la intensidad con la felicidad y permanecer con saber querer.
‘El año del pensamiento mágico’ de Joan Didion
Joan Didion y su marido, el escritor John Gregory Dunne, regresan a casa después de visitar a su hija gravemente enferma. Mientras cenan, él muere de forma repentina. A partir de ese instante, Didion observa los mecanismos con los que la mente intenta negar una pérdida que comprende racionalmente.
El pensamiento mágico aparece en gestos mínimos: conservar unos zapatos porque quizá su dueño regrese a buscarlos, repetir una escena intentando descubrir en qué momento podría haberse evitado lo ocurrido o creer que el conocimiento servirá para alterar lo irreversible.
Didion escribe sobre el duelo con distancia, honestidad y una claridad extraordinaria. No ofrece consejos ni promete una recuperación ordenada. Su libro, ganador del National Book Award, demuestra algo más útil: que la literatura no elimina el dolor, pero puede darle una forma que nos permita habitarlo.

